El tiempo se le agota a César Prieto en su intento por establecerse como un jugador de Grandes Ligas.
El cienfueguero fue enviado nuevamente por los Cardenales de San Luis a su sucursal de Triple A, tras dejar números decepcionantes en una nueva llamada a las Mayores.
Es cierto que la suerte no lo acompañó y varios batazos que pudieron haber sido hits, fueron degollados por la defensa rival con fildeos espectaculares.
Existe una métrica de las estadísticas avanzadas llamada xOBA, que estima el average que un jugador debería haber tenido, según la fuerza de sus contactos, pero la realidad es que un hit en 31 turnos significa un anémico promedio de .032, por muy sólido que uno le pegue a la pelota.
Prieto ya tiene 27 años y el reloj corre en su contra. volver a las Menores es un nuevo retroceso en su carrera profesional, iniciada en 2022 con los Orioles de Baltimore, tras escapar de la selección cubana del torneo preolímpico de 2021 en West Palm Beach.
Lo peor es que el cienfueguero empieza a ganarse fama de ser un pelotero de AAAA, un término que se maneja a nivel gerencial que identifica a un jugador a quien la Triple A le queda pequeña, pero las Grandes Ligas le resultan enormes.
En los Memphis Redbirds, la sucursal de AAA de los Cardenales, Prieto ha descosido la pelota con facilidad, al batear tanto para promedio y contacto, como con poder, razón por la cual recibe una y otra oportunidad de ascenso, que nunca ha logrado aprovechar.
Para complicarle más el panorama de cara al futuro al cubano, al jugador que suben en su lugar, tras la nueva democión, se aparece con una actuación absolutamente histórica en el béisbol.
El joven de origen dominicano Joshua Báez, nacido en Boston y cuatro años más joven que Prieto, se convirtió el sábado en el primer pelotero en toda la historia de Grandes Ligas en disparar jonrón no sólo en su primer turno, sino en volarse la barda tres veces seguidas en su debut.
En las Menores, Prieto no tiene nada más que demostrar: batea para average de .307, suma 12 bambinazos y su OPS de .891 en el 2026 es el más alto desde que se hizo profesional.
A eso súmenle su versatilidad defensiva, que le permite jugar tanto en segunda base, su posición natural, como en el campocorto y la antesala.
Pero en cuatro estadías en Grandes Ligas, su ofensiva se ha multiplicado casi por cero, con apenas dos sencillos en 37 turnos (.054) y nueve ponches.
Sus llamados a las Mayores han sido en función de reemplazante o jugador de banco, con oportunidades esporádicas, lo cual dificulta aún más la adaptación al máximo nivel.
Y es que San Luis tiene un infield redondo, con figuras de con presente y proyección a futuro, como el segunda base J.J. Wetherholt, el campocorto Masyn Winn y los antesalistas Nolan Gorman y Blaze Jordan.
Con este panorama, lo mejor que le pudiera pasar al cienfueguero es que los Cardenales lo cambien a otra franquicia, preferiblemente alguna de esas que viven en eterna reconstrucción, donde podría recibir al menos una oportunidad de jugar día a día, hasta que demuestre en 300 turnos al bate si en realidad pertenece o no a las Grandes Ligas, o si es, como ya algunos afirman, un pelotero de AAAA.
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