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Hostales, comercios y cruceros: GAESA va por más en La Habana Vieja


Una mujer vende gorras verde olivo de estilo militar a los turistas en la Plaza de Armas de La Habana Vieja.

Cuando de dinero se trata, la junta militar no se anda con chiquitas. En nombre del socialismo ocupan cualquier rincón de la isla que les pueda reportar moneda dura.

El enemigo a conquistar es el dólar. El campo de operaciones es amplio. Un espacio de poco más de seis kilómetros cuadrados de superficie y un trazado urbanístico semejante a un gran lente biconvexo.

La parte antigua de La Habana es como un viejo truco: todas las calles terminan en el mar. Entre callejuelas estrechas, la música a toda mecha, tipos que parecen estatuas en las esquinas a la caza de forasteros, bicitaxistas que maniobran sus vehículos como en una carrera de obstáculos, niños con biotipo de beisbolistas jugando fútbol con balones desinflados y camisetas piratas de Messi, CR7 o Neymar. Y, desde luego, el bullicio a toda hora.

Pregones, mulatas pasadas de peso vestidas como gitanas, libreros privados, pícaros de ocasión y jineteras perfumadas. La Habana Vieja es una caja de caudales donde todos quieren coger un trozo del pastel. Por las calles adoquinadas de postal turística caminaron desde Barack Obama hasta Beyoncé.

En ese teatro vernáculo ya montó su puesto de mando el empresariado militar. Oficiales estirados que en túneles soterrados preservaron obuses, Migs-23 y torpederas Konsomol de la era soviética, sustituyeron las toscas cantimploras por vajilla fina y el rancho de cuartel por comida gourmet. Y para citas puntuales guardaron los calurosos uniformes verde olivo por inmaculadas guayaberas importadas de Colombia o Miami.

Cuando de dinero se trata, la junta militar que gobierna Cuba no se anda con chiquitas. En nombre del socialismo próspero y sostenible, del partido comunista o del difunto Fidel Castro, ocupan cualquier rincón de la Isla que les pueda reportar moneda dura.

Un ex gerente de Habaguanex recuerda: "Cuando en el verano de 2016 llegaron los directivos de GAESA, se hicieron con todo. Esa gente no dice ni buenos días. Llegan precedidos con la confianza que otorga el poder conferido por las más altas instancias del gobierno. No ofrecen consejos, dan órdenes".

Un funcionario que se movió con soltura por la Oficina del Historiador Eusebio Leal, conoce los "secretos, chismes e intrigas del palacio. Eusebio no entregó las llaves con una sonrisa de satisfacción. Socio, este negocio no es un chiringuito, mueve más de 170 millones de dinero convertible líquido trimestralmente. La buena noticia es el potencial que posee. Con creatividad e inversiones puede generar dos o tres mil millones anuales. Es una mina de oro. Y los guardias lo saben. Eusebio era -y es- un caballero. Sí, es cierto que está enfermo, pero a nadie le gustan que le quiten la caja fuerte. Sobre todo después de haber erigido un emporio y rescatado edificaciones históricas sin olvidarse del tema social. Eusebio, que no sé si es comunista, probablemente es el último funcionario del gobierno que parecía humano".

La mayoría de los residentes de esta zona de la Habana colonial reconocen el trabajo de la Oficina del Historiador de la Ciudad. De Eusebio Leal Spengler hablan bien barberos como Papito Valladares, dueños de negocios gastronómicos o hospedajes y prostitutas que cobran cien dólares la noche.

Edelmira, ama de casa, está agradecida a Eusebio. "Reparó un montón de viviendas. Es verdad que aún hay casas que se están cayendo, pero él solo no era la solución. Cuando no había agua, la Oficina del Historiador enviaba una pipa al edificio donde vivo. Arreglaron escuelas, casas de los abuelos, parques infantiles, policlínicos y abrieron un hogar para mujeres embarazadas. No creo que los actuales mandamases hagan todo eso".

Una persona que laboró como contable en Habaguanex aporta otros detalles.

"La empresa administraba alrededor de 20 hoteles, más de 25 restaurantes y unas 30 tiendas y mercados. Existía un grupo de transporte denominado Fénix y una constructora, Puerto Carena. Se crearon escuelas de oficios donde se formaba a los futuros restauradores, masilleros y plomeros. Gracias a esas escuelas, miles de jóvenes desocupados que andaban jineteando o en malos pasos fueron rescatados. Sin esa función social hoy el número de reclusos y la violencia en la zona fuera cuatro veces mayor. Me temo que a los militares que van dirigir el negocio solo les importa el tema del dinero, no establecer políticas sociales. Son más de reprimir que de brindar opciones de futuro. Te aseguro que a la vuelta de diez años o antes, todo el andamiaje histórico, económico y social levantado por Eusebio se viene abajo".

Un trabajador con veinte años de experiencia en la restauración patrimonial reconoce que en Habaguanex existía corrupción.

"¿Pero dónde no hay corrupción en Cuba?, se pregunta y él mismo responde: "Cuba no es Suiza. Claro que se robaba, existían almacenes que se manejaban sin inventario y no fueron pocos los que se embolsaron miles de dólares. Puede que los militares le pongan freno al desfalco. El problema es cómo se administra o cuál es el destino final de los beneficios que generan los negocios en la Habana Vieja. Con la Oficina del Historiador, a pesar de todos de sus fallos, se dedicaba un porciento a mejorar la infraestructura social y mejorar un poco las durísimas condiciones de vida de los vecinos residentes en esos barrios. Veremos qué hacen los militares".

Para un antiguo proyectista, el detonante fue el 17 de diciembre de 2014.

"Con el restablecimiento de relaciones diplomáticas con Estados Unidos, GAESA se percató que en algún momento podía comenzar la danza de los millones. Calcularon que en un lustro, sin 'bloqueo' y con siete millones de turistas, de ellos tres millones estadounidenses, el 80% recorrerá la Habana Vieja, comprará artesanías y libros viejos, cenará en paladares o restaurantes, visitará museos y se hospedará en la zona. A eso súmale que los pasajeros de los cruceros pudieran llegar al millón. Los planes de ampliación pasan por convertir toda el área adyacente al antiguo puerto habanero en un boulevard y construir nuevas terminales destinadas a ferries y cruceros. Bien administrado, el 'bisne' puede dejar de tres mil o cuatro mil millones de dólares anuales, y a lo mejor me quedo corto. Ahí está la clave principal de la ocupación por parte de GAESA de la empresa Habaguanex".

Otra fuente no comparte la misma opinión. Considera que la participación de los militares en Habaguanex se venía pensando antes del anuncio del restablecimiento de relaciones. "Ellos no vienen solos. Detrás hay un capital enorme de empresas extranjeras como la constructora francesa BBI (Bouygues Bâtiment International), que en la Habana Vieja está construyendo cuatro hoteles para Gaviota y se espera sea la que restaure edificios patrimoniales y abra nuevos hostales. Como en Cuba no hay transparencia, nadie sabe cómo y porqué licitaron a esa empresa".

Próximamente, BBI en asociación con Gaviota y bajo la administración de la cadena hotelera suiza Kempinski, inaugurará el primer cinco estrellas plus de Cuba. Se llamará Gran Hotel Manzana Kempinski y en la planta baja se abrirán boutiques de firmas internacionales. Del futuro pastel económico, en la Habana Vieja solo quedarán migajas para la gente.

La fauna marginal, arriesgándose a una sanción penal, continuará vendiendo sexo, tabacos y muñecas negras de trapo. Los emprendedores privados seguirán intentando burlar con doble contabilidad a la rigurosa cuchilla fiscal y al ejército de inspectores corruptos. Bueno, algo es algo.

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    Iván García, desde La Habana

    Nació en La Habana, el 15 de agosto de 1965. En 1995 se inicia como periodista independiente en la agencia Cuba Press. Ha sido colaborador de Encuentro en la Red, la Revista Hispano Cubana y la web de la Sociedad Interamericana de Prensa. A partir del 28 de enero de 2009 empezó a escribir en Desde La Habana, su primer blog. Desde octubre de 2009 es colaborador del periódico El Mundo/América y desde febrero de 2011 también publica en Diario de Cuba.

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