Las familias cubanas enfrentan el inicio de las vacaciones escolares de verano en un escenario condicionado por la escasez de alimentos, la falta de transporte y el alto costo de las opciones recreativas. Testimonios obtenidos por Martí Noticias en La Habana y Ciego de Ávila califican la situación actual como compleja.
En el municipio habanero de La Lisa, la activista Rosa Rodríguez explicó que la mayoría de los padres deben priorizar la compra de alimentos por encima del entretenimiento de sus hijos.
Rodríguez detalló que en el reparto San Agustín se encuentra el centro recreativo Macumba Habana, que cuenta con piscina pero a un altísimo precio. "Para los mayores 4.000 pesos y los menores de cinco años, 500".
"Hay que escogerlo, le das comida o lo llevas a algún lugar para que se distraiga”, afirmó Rodríguez.
La activista señaló que la opción de trasladarse al Acuario Nacional, el centro recreativo más cercano a su área, también resulta inaccesible porque “tienes que buscar un carro y el precio del alquiler es elevado”.
Asimismo, los menores demandan juguetes cuyos precios oscilan entre los 6.000 y 7.000 pesos. "Es mejor no llevarlo porque es torturarlo porque no le puedes decir no tengo dinero, ellos no entienden y quieren el juguetes”.
Por otra parte, la infraestructura de los parques vecinales desapareció. “Todo está desbaratado, todo está deshecho. Aquí no hay un parque que sirva”, lamentó.
Ante la falta de espacios públicos, la alternativa de mantener a los niños entretenidos dentro de la vivienda se ve limitada por el costo del acceso a internet donde pueden ver películas infantiles y demás. Según la entrevistada, mantenerlos con un teléfono móvil es complejo porque “hay muchos niños que no le pueden dar el celular, porque no tienen ni megas ni nada, porque las megas aquí duran 6 días. Y si quieres después tienes que pagar mil y pico de pesos para adquirir más”.
A esto se suma el incremento de la inseguridad en la vía pública. Rodríguez advirtió que “no lo puedes dejar en la calle jugar porque hay tanta violencia, que hay una pila de muchachos jóvenes que andan con el papelillo, refiriéndose a la droga identificada con ese nombre. Entonces tienes que bajar junto con él y vigilarlo”.
La crisis energética también afecta la alimentación diaria de forma directa. Ante la falta de electricidad durante la noche, las panaderías estatales no pueden producir, lo que obliga a las familias a recurrir a establecimientos privados.
“Vas a la panadería, como no hay luz entonces en la noche, no hay pan y el niño tiene hambre. Un paquete de pan cuesta 350 pesos”, relató Rodríguez, quien resumió el estado de las madres como “desesperante”.
A mediados de mayo, el régimen anunció el adelanto del cierre del curso escolar debido a los prolongados apagones y la crisis en el país. Las autoridades informaron que el plan vacacional se limitaría a ferias comunitarias, talleres culturales y el uso de planteles abiertos en coordinación con las administraciones locales.
No obstante, Rodríguez afirmó que los centros educativos no ofrecen alternativas reales para las familias. “Hay muchas madres que están todavía trabajando. Entonces no tienen donde dejar los niños. Porque las escuelas no te garantizan nada”, argumentó.
A diferencia de periodos anteriores, las escuelas actuales no garantizan transporte para los planes vacacionales. “No hay transporte. Ellos no pueden llevar a ningún niño a plan vacacional, entretenerlo en nada, porque no hay gasolina”, aseguró Rodríguez.
Amelia, residente en la provincia de Ciego de Ávila, describió el receso escolar como “una odisea".
"No existe un lugar donde llevarlos... Aquí, en las provincias más pequeñas, en los municipios, no hay nada”.
La entrevistada explicó que la falta de electricidad agrava el encierro de los menores en sus hogares. “Es agobiante porque un niño no va a poder ver televisión, no va a poder ver sus muñequitos, no hay corriente, pasan calor”, comentó.
La mayor dificultad identificada por Amelia radica en asegurar el sustento diario dentro de un contexto de alta inflación. La residente ilustró el costo de la vida citando los precios actuales de los productos básicos y las meriendas de los niños: “Una latica de leche condensada cuesta 700 pesos. Y una latica de refresco de 350 o 400 pesos. El padre que gane un salario de 4.000 pesos al mes no puede. Y si tiene 2 hijos ó 3, imagínese”.
Asimismo, contó que un paquete con cuatro galletas pequeñas de crema cuesta entre 150 y 160 pesos, por lo que “diario no le puedes comprar una merienda porque se te va el salario en eso”.
Amelia informó además que el precio de una botella de aceite de cocina ascendió a 1.700 pesos y el kilogramo de azúcar se cotiza en 1.000 pesos. Esta subida de precios elimina opciones tradicionales de alimentación casera: “No se puede hacer un dulce en una casa, no hay leche. Es que no hay nada, no hay nada al alcance de la mano de las personas”.
La residente concluyó que, bajo estas condiciones, el periodo vacacional se convierte en una complicación extrema para los hogares. “Pasan hambre porque realmente la comida cada día está más cara... la mayoría no tiene desayuno y la mayoría no puede darle a sus hijos más de una comida al día”, finalizó.
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