El humorista y creador de contenido cubano Eduardo “Eddy” Ceballos, conocido por retratar con sátira el deterioro urbano, económico y social de Cuba a través de su programa Despingovery Channel, permanece en prisión preventiva en el Combinado del Este, después de más de tres meses detenido, mientras su familia asegura vivir entre la incertidumbre, el desgaste emocional y el recelo frente a posibles represalias.
Arrestado el 1º. de junio, en la capital cubana, tras publicar un video grabado en una instalación militar abandonada, en la que aparecían antiguos misiles soviéticos, sistemas de radar, búnkeres deteriorados y otros restos de equipamiento militar, fue enviado bajo "prisión preventiva" a la cárcel de máxima seguridad de La Habana, tras concluir un acelerado proceso de investigación penal.
Su madre, Marieta Pérez, detalló que el proceso penal continúa abierto. Ceballos está acusado de espionaje y de revelación de secretos concernientes a la seguridad del Estado, y la investigación se tramita bajo jurisdicción militar.
La defensa ha intentado sin éxito conseguir su excarcelación. Primero fue rechazado un cambio de medida cautelar y posteriormente fue denegado un recurso de queja presentado ante una instancia superior de la Fiscalía. La familia prepara ahora una nueva acción legal.
“Ahora vamos a presentar un control judicial ante el Tribunal Militar”, indicó Pérez.
En el sistema jurídico cubano, el control judicial es el mecanismo mediante el cual los tribunales revisan, supervisan y determinan la legalidad de los actos, decisiones y medidas cautelares adoptadas por la Fiscalía o las autoridades de investigación durante el proceso penal.
Pero más allá del proceso judicial, Pérez destacó las consecuencias que la detención está teniendo sobre el entorno más cercano de Ceballos. El núcleo familiar, describió, vive prácticamente en función de las necesidades del detenido y de las gestiones relacionadas con su caso.
“Todos lo estamos pasando mal”, lamentó.
La situación también ha transformado la economía doméstica. Ceballos era el principal proveedor de su esposa y de su hija, por lo que su encarcelamiento dejó a ambas sin esa fuente de sustento.
A ello se suma la carga cotidiana que antes asumía el humorista. Desde tareas tan básicas como cargar agua durante los períodos de desabastecimiento hasta las responsabilidades domésticas, su ausencia se hace sentir diariamente.
Mientras tanto, el resto de la familia dedica buena parte de su tiempo a conseguir productos para llevarle a prisión, conversar con abogados, realizar trámites y atender las gestiones relacionadas con el proceso.
“Toda la rutina de la familia está en función de eso desde que comenzamos el proceso en el mes de junio”, resumió Pérez.
Uno de los aspectos más difíciles de la detención es el impacto sobre la hija de Ceballos, de apenas cinco años.
La familia ha tratado de protegerla de una realidad que todavía resulta difícil de comprender a su edad. A la menor le han dicho que su padre se encuentra trabajando en una escuela, enseñando a otras personas lo que sabe hacer.
No obstante, la niña comienza a percibir la ausencia: “Mi papá, ¿por qué está trabajando tanto? Que no trabaje tanto ya, que regrese, que yo lo extraño”, relató su abuela.
La pequeña ha acompañado a la familia durante las tres visitas más recientes a Ceballos. Cuando las autoridades permiten introducir papel y crayolas, pasa parte del encuentro dibujando corazones y flores para su padre y otras personas.
Pérez explicó que en ocasiones ni siquiera permiten introducir esos materiales debido a las restricciones impuestas dentro de la prisión.
Las comunicaciones constituyen otro obstáculo. Según Pérez, Ceballos dispone de poco tiempo para realizar llamadas y generalmente prioriza conversar con su esposa y su hija.
A esas limitaciones se añade el mal estado de los teléfonos del penal.
“Los teléfonos del lugar están rotos. Son teléfonos fijos y todas las comunicaciones, en general, están funcionando mal. Allí casi no hay teléfonos disponibles”, recalcó.
Desde prisión, Ceballos envió anteriormente una carta, en la que rechazó las acusaciones en su contra y se definió como “un artista, no un espía”. Además denunció la mala provisión de alimentos y agua a los reclusos.
Pérez reconoce que la repercusión pública del encarcelamiento del artista ha sido importante para que la familia no se sienta sola, si bien considera que esa visibilidad tiene una doble dimensión.
Por un lado, las muestras de solidaridad, especialmente desde la diáspora cubana, han representado un respaldo importante.
“Uno siente que está apoyado, y efectivamente lo estamos. Las personas se preocupan, mucho más quienes viven fuera, porque pueden expresarse con mayor libertad”, enfatizó.
Sin embargo, esa misma exposición incrementa, de acuerdo a Pérez, la tensión que experimenta la familia dentro de Cuba.
“Eleva la tensión en el ámbito interno, porque es algo que está fiscalizado, controlado y atendido muy especialmente por las personas que ejercen el poder”, afirmó.
La madre de Ceballos manifestó que la familia teme posibles castigos. Aunque hasta ahora no se ha producido un enfrentamiento directo contra ellos, han sentido “algunos pequeños indicios” que mantienen viva esa preocupación.
Pérez agregó que el miedo se refleja, del mismo modo, en algunas personas cercanas al entorno familiar. Mientras vecinos y conocidos se interesan por Ceballos y algunos colaboran con alimentos, leche, cigarros u otros productos dentro de sus limitadas posibilidades, otros prefieren mantenerse al margen.
“Veo personas que, incluso siendo amigas, no quieren comprometerse. Tienen una opinión, pero no la hacen pública en las redes porque no quieren involucrarse, precisamente por temor”.
A más de tres meses del arresto, la familia continúa reclamando la libertad de Ceballos y cuestionando las pruebas que sustentan el proceso. Mientras esperan el próximo paso, su vida cotidiana continúa condicionada por una detención cuyo desenlace sigue siendo incierto.
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