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Enfrentar la vejez con 200 pesos al mes


Ancianos en Cuba. Foto Miguel Arencibia.

Con pensiones que no alcanzan, muchos ancianos deben seguir trabajando para sobrevivir en Cuba.

Cuba es hoy uno de los países del continente americano con más alto índice de envejecimiento poblacional. A las bajas tasas de fecundidad, la mortalidad y el aumento de la esperanza de vida, también hay que incluirle el saldo migratorio negativo que define los índices demográficos del país.

El reto socioeconómico que impone una población envejecida, en la isla es hiperbolizado por las pensiones que devengan nuestros jubilados, quienes tienen que reincorporarse al mercado laboral para enfrentar los retos de sus economías familiares.

Juan es un anciano de 90 años con una pensión de 200 pesos (8cuc) y tiene a su cargo su anciana esposa que se encuentra en cama. Para lograr subsistir está contratado como custodio de noche y empleado de limpieza. Con estos dos salarios logra por lo menos, pagar los medicamentos y la alimentación.

Un anciano barrendero camina por una calle en La Habana.
Un anciano barrendero camina por una calle en La Habana.

“Toda la vida he trabajado para mantener a mi familia, y aún con 90 años tengo que hacerlo, a pesar de que mi cuerpo ya no es el mismo, incluso no escucho bien del oído derecho y veo bastante mal, pero con 200 pesos no puedo vivir”, cuenta Juan con resignación.

Alrededor de un 20% de la población cubana excede los 60 años. Son estos los que llevan en muchos casos el peso económico en sus familias, ocupando puestos o desarrollando oficios que son rechazados por los más jóvenes. Vigilantes o custodios, empleados de limpieza, mantenimiento, entre otros. Puestos en su mayoría con salarios que oscilan entre 250 y 350 pesos cubanos.

“Hay que seguir luchando, las cosas están muy caras y los salarios muy bajitos, por eso yo de noche hago guardia y por el día me dedico a rellenar fosforeras, para el diario, ¿tú sabes?”, contó Mario Estévez, un anciano de 68 años con una pensión que no es suficiente para él y su esposa.

Por su parte Alcides Pérez llega muy temprano a La Habana Vieja desde Alamar con sus periódicos, ya nadie se acuerda de sus dos misiones en Angola y Etiopía, y sus 11 zafras; y con 81 años cada día sale a buscarse la vida.

“Tengo que seguir trabajando porque con 200 pesos al mes no me alcanza, yo soy asmático y solo en aparato de asma gasto 100 pesos. Por eso vendo periódicos, y aunque muchas veces la policía me dice que no puede ser, yo sigo luchando”, dijo Pérez.

Pepe, un reparador de sombrillas, mantiene aún las ganas de luchar. Desde su juventud el ha suplementado su ingresos con múltiples trabajos.

“Yo cobro 275 pesos de pensión, y claro que no me alcanza, no alcanza para nada, tengo que jugar con algo, por eso trabajo a mis 86 años. En la vida mía desde joven yo siempre he trabajado y he hecho algo más”, contó Pepe.

María, quien fue secretaria casi toda su vida, vende caramelos en la calle a los 84 años.

“El dinero no me alcanza, yo vivo sola con mi perrito, y cualquiera pensaría que con mi jubilación me daría para vivir desahogada económicamente, pero el dinero al cubano hoy no le alcanza, por eso hay que salir a la calle a esta edad a seguir buscándose la vida”, dijo María.

Esta generación de abuelos, fue la que luchó por el futuro de sus hijos, intentó construir un país mejor, sacrificaron horas de juventud trabajando y luchando en sitios extraños. Hoy sus hijos se han ido del país, y eso que construyeron se les ha desmoronado encima. Sus años de descanso nunca han llegado, y ya la mayoría sabe que no llegarán. Tienen que seguir en la lucha, esa que les permite sobrevivir o aguantar mientras les quede vida.

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