Sumario
- En medio de una crisis eléctrica cada vez más grave, las calles de varias ciudades cubanas se han convertido en escenario de protestas que van más allá de la exigencia de servicios básicos, transformándose en clamores masivos por libertad y cambios políticos.
Las manifestaciones de descontento de la población cubana han escalado en los últimos días de meros reclamos de corriente eléctrica, agua y alimentos, a demandas masivas de libertad.
Desde inicios de mayo, los cacerolazos se repiten en ciclos diarios en distintos puntos de la capital y otros lugares de la isla, evidenciando un descontento social sin precedentes recientes.
Los moradores de San Antonio de los Baños, la localidad artemiseña bautizada, después del 11 de julio de 2021, como la Cuna de la Dignidad, se apropiaron el sábado de las principales calles del pueblo para exigir cambios rotundos en el país.
“San Antonio se acordó de que era San Antonio, está tirado para la calle sonando calderos, muchas personas sonando cacerolazos”, informó a nuestra redacción una persona que pidió el anonimato.
Los residentes en Santos Suárez, municipio habanero Diez de Octubre, una vez más, salieron, este sábado, a los espacios públicos a reclamar la electricidad.
“Más de 24 horas sin electricidad. La pusieron varias veces, pero al minuto se caía. Santo Suárez ‘fajao’ con sus calderos. Protesta en Rabí, entre Santos Suárez y Santa Emilia, luego se extendieron a más calles”, dijo un vecino en un material audiovisual enviado a Martí Noticias.
Este escenario de hartazgo se repitió el viernes en el municipio capitalino San Miguel del Padrón, donde cientos de personas se concentraron en la Calzada de Güines, tocando calderos y pidiendo el restablecimiento de la electricidad junto con gritos a favor de un cambio político.
Según un testigo, que relató lo ocurrido bajo la condición de que protegiéramos su identidad, “venían bajando de Regla y de aquí de Juanelo y se juntaron muchas personas, y sobre todo muchachos jóvenes con el pullover amarrado a la cabeza, sin camisa y tirando piedras”.
“Empezaron a quemar gomas y vino la gente del Partido y les entraron a piedras. Los niños pidiendo comida, ¡un fenómeno! Los carros no podían pasar. La policía tuvo que irse porque empezaron a tirarles piedras. Dos camiones de boinas negras cogieron miedo y ni siquiera se bajaron”, enfatizó.
La crisis eléctrica que empuja a los ciudadanos a las calles se agravó tras la nueva salida de servicio de la central termoeléctrica Antonio Guiteras, considerada una de las principales fuentes de generación del sistema eléctrico cubano.
La combinación de averías, falta de combustible y limitaciones operativas ha obligado a aplicar extensos programas de apagones que, en algunos territorios y barriadas, ocupan días completos.
La indignación popular va mucho más allá de las penumbras. Los cubanos denuncian el impacto directo de los cortes sobre el acceso al agua potable, la conservación de alimentos básicos, el funcionamiento de pequeños negocios y la vida cotidiana de millones de personas.
Las demostraciones de las últimas semanas constituyen una de las expresiones más visibles del creciente malestar social asociado a una crisis estructural, que se desarrolla en paralelo a la aguda escasez de medicamentos y combustibles.
Las autoridades del régimen buscan frenar esta ola de protestas mediante operativos de vigilancia, detenciones ipso facto y arrestos de posibles participantes en los días siguientes a las acciones cívicas, todo ello en medio de denuncias de activistas e instituciones sobre la falta de garantías procesales para los detenidos.