"Soy uno de los presos políticos de Cuba. ¿Cuándo seré libre?", se pregunta el artista cubano Luis Manuel Otero Alcántara, cofundador del Movimiento San Isidro en una columna escrita desde la prisión de Guanajay y publicada este viernes en el prestigioso diario estadounidense The New York Times.
"A principios de abril, en medio de una creciente presión por parte de Estados Unidos, el gobierno cubano anunció que pondría en libertad a más de 2.000 prisioneros, en lo que la Embajada de Cuba en Washington calificó como un «gesto humanitario y soberano». La embajada declaró que la amnistía no se extendería a aquellos que hubieran cometido «delitos contra la autoridad», un término que generalmente se aplica a los disidentes políticos. En otras palabras, no se me aplicaba a mí", explica el multipremiado artista, incluido en la lista de las 100 personas más influyentes del mundo por Time magazine en 2021.
"Llevo casi cinco años encarcelado en Cuba. Fui detenido en julio de 2021, junto con cientos de otras personas cuyas manifestaciones —en su mayoría pacíficas—, expresiones de disenso, críticas a funcionarios públicos y marchas callejeras han sido tratadas como delitos en Cuba. El gobierno cubano ha negado tener prisioneros políticos. Sin embargo, muchos de nosotros seguimos tras las rejas", recuerda el activista que permanece tras las rejas desde hace casi 5 años.
El fundador en 2018 del Movimiento San Isidro se refiere a que cuando el régimen cubano dice que su “sistema político no está en negociación” con EE.UU., eso significa que la disidencia seguirá criminalizada y gente como él seguirá yendo a la cárcel.
Otero Alcántara hace una descripción de sus días en la prisión de Guanajay y asegura que "los guardias no tienen la culpa de que yo esté aquí. Nuestro destructivo y disfuncional sistema político no es responsabilidad suya".
"Pero el sistema persiste. Tras las protestas de 2021, el gobierno cubano promulgó un nuevo Código Penal y la llamada Ley de Comunicación Social, que restringieron aún más la libertad de expresión. Ahora, una sola publicación antigubernamental en las redes sociales puede enviar a una persona tras las rejas durante meses o años. Decenas de artistas, activistas y periodistas independientes han huido del país, mientras que muchos de los que se quedan —y expresan su descontento y su anhelo de un futuro mejor— han sido acosados, detenidos o encarcelados. Aun cuando las condiciones aquí han empeorado bajo la presión de Estados Unidos, el gobierno ha dejado claro que su permanencia en el poder es innegociable", recuerda.
A su juicio, esto es una demostración de que La Habana "sigue temiendo a personas como yo, que no han tenido miedo de desafiar la autoridad del Estado".
"Las concesiones que he visto otorgarse a muchos otros prisioneros —la posibilidad de libertad condicional, la reducción de penas, las visitas domiciliarias— me han sido negadas a mí. No sé cuántas huelgas de hambre he realizado para expresar mi ira, para demostrarle al Estado que no he sucumbido a los intentos de doblegar mi voluntad, para tratar de hacer que el mundo escuche", escribe Otero Alcántara.
Precisamente, la Sala Penal del Tribunal Supremo de Cuba rechazó el 7 de abril la apelación presentada a su favor y ratificó que su sanción se extiende hasta el 9 de julio de 2026 pese a que mantuvo siempre una conducta adecuada.
En la columna de NYT el artista explica que en sus momentos más sombríos o inciertos, trata de recordar que su supervivencia y su obra "son símbolos de esperanza y sacrificio para otros cubanos".
"Lo concibo como un intercambio de mi tiempo; como si cada día que paso en prisión no fuera un día desperdiciado, sino un día más dedicado a intentar hacer de mi país un lugar más libre y justo. Como otra de mis *performances* artísticas, pero una que debería haber terminado hace mucho tiempo", concluye el ganador en 2025 del Premio Václav Havel a la Disidencia Creativa.