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WSJ: Castro manda en Venezuela, y EEUU debe sancionarlo a él


El jefe de la FANB venezolana, Vladimir Padrino (d), con oficiales militares cubanos

El Wall Street Journal sugiere que cualquier estrategia encabezada por Estados Unidos para liberar a Venezuela debe comenzar admitiendo que Castro manda en Caracas, y que su control de esa nación petrolera es parte de una más amplia estrategia de expansión regional. Es a él a quien hay que sancionar.

Evocando el apoyo espontáneo de los venezolanos a la reciente sublevación de militares en Venezuela contra el régimen de Nicolás Maduro, la columnista del Wall Street Journal Mary Anastasia O'Grady recomienda al Secretario de Estado norteamericano, Rex Tillerson, tomar nota de que los venezolanos quieren deshacerse del yugo de la represión cubana, y necesitan para ello la ayuda de Washington.

O’Grady asegura que cuando los militares anunciaron su levantamiento en Valencia, Carabobo, el régimen militar controlado por Cuba desplegó tanques en las calles y desató la cacería de los soldados en retirada. Afirmó que había sofocado la rebelión e instruyó a la televisión transmitir sólo mensajes de tranquilidad. Pero los venezolanos se emocionaron con el mensaje de los rebeldes y se informó de civiles reunidos en las calles para cantar el himno nacional en apoyo de la sublevación.

La autora lamenta que Tillerson, “desafortunadamente, hasta ahora, parece estar tomando el mal consejo de sus ‘expertos’ del Departamento de Estado, los mismos burócratas que dirigieron la política de Barack Obama en América Latina”.

Ella cree que darle una palmadita en la mano a Maduro con sanciones personales, como hizo la administración Trump la semana pasada, “no cambiará el comportamiento de Castro, a quien solo le preocupan su petróleo venezolano y sus ganancias del narcotráfico. Para influir en Venezuela, Estados Unidos tiene que presionar a Cuba”, dice.

Recuerda que quemar banderas cubanas es ahora casi un pasatiempo nacional en Venezuela, porque los venezolanos comprenden el nexo entre su sufrimiento y La Habana. La infiltración de Castro, que comenzó hace más de una década con agentes encubiertos como cooperantes médicos y maestros, se extendió luego al control de las oficinas de cédulas y pasaportes de Venezuela, creando expedientes sobre cada "enemigo" del Estado.

Ahora el Ejército y la Guardia Nacional de Venezuela responden a generales cubanos, y las fuerzas armadas forman parte de una gigantesca operación de narcotráfico que trabaja con las FARC, el cartel más grande del hemisferio y antiguo agente de Cuba.

O’Grady considera que cualquier estrategia internacional dirigida por Estados Unidos para liberar a Venezuela debe comenzar con el reconocimiento explícito de que Cuba es quien manda en Caracas, y de que el control de La Habana sobre la nación petrolera es parte de una estrategia regional más amplia.

Cita en ese sentido una reciente entrevista a Elizabeth Burgos, la ex-esposa venezolana del marxista francés Regis Debray. En su juventud, Burgos sirvió al castrismo, y trabajó por sus ideales en Suramérica, pero luego rompió con él.

Cuba, dijo la intelectual venezolana al periodista Hugo Prieto, no es "simplemente una dictadura". Para el régimen, es un "proyecto político histórico" que busca "el establecimiento de un régimen de tipo cubano en toda América Latina". Recordó que junto a Venezuela los cubanos han conquistado Nicaragua, Bolivia, Ecuador, y ahora van tras Colombia. "Las FARC, convertidas en un partido político y con todo el dinero del negocio de las drogas, pueden comprar en una elección todos los votos que quieran", advirtió Burgos.

“El señor Tillerson está advertido”, termina diciendo Mary Anastasia O’Grady. “Castro no se detendrá hasta que alguien lo detenga. Para obtener resultados, cualquier sanción dirigida por Estados Unidos tiene que golpear los recursos en que La Habana se apoya para mantener la represión”.

[The Wall Street Journal. Traducción de Rolando Cartaya]

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