En una reunión virtual de emergencia este jueves 30 de julio de 2026, las 55 asociaciones miembro de la UEFA (Unión de Asociaciones Europeas de Fútbol) votaron por unanimidad no participar en ninguna competición de la FIFA.
El boicot se mantendrá mientras continúe en pie la propuesta de crear una filial comercial abierta a inversores privados.
Esta medida responde a la reciente presentación del proyecto FIFA Forward Enterprises (FFE) por parte de la FIFA. El plan busca centralizar la gestión comercial y operativa —incluyendo derechos de transmisión, patrocinios, venta de entradas y licencias— de torneos clave como la Copa del Mundo y el Mundial de Clubes.
Con una valoración inicial estimada en 20.000 millones de dólares, la FIFA proyecta captar hasta 4.200 millones mediante la venta de una participación minoritaria de entre el 20% y el 21% a inversores externos. Esta inyección de capital financiará un agresivo aumento en los pagos destinados a sus 211 federaciones asociadas. El plan contempla un desembolso inmediato y opcional de 20 millones por entidad bajo el nuevo programa Fast-Forward, sumado a un incremento en los fondos ordinarios Forward, que pasarán de 8 a 20 millones de dólares para el ciclo 2027-2030, con proyecciones de subidas posteriores.
A pesar de la apertura al capital privado, la FIFA asegura que mantendrá el control mayoritario y la autoridad exclusiva sobre la gobernanza, el calendario y las decisiones puramente deportivas. Según informes recogidos por medios como The New York Times, las 211 asociaciones miembro tienen como plazo límite el 19 de septiembre para emitir su aprobación definitiva.
A través de un comunicado oficial, la UEFA rechazó de manera "unánime e inequívoca" cualquier intento de transferir la propiedad o los derechos comerciales de la Copa del Mundo y otros torneos a manos de inversores privados.
El organismo europeo enfatizó que "la Copa del Mundo no puede tratarse como un producto de inversión" y sentenció que el torneo "no está en venta".
Asimismo, la UEFA denunció que el proyecto se gestó sin una consulta previa significativa, calificando la maniobra de la FIFA como una forma de "gobernanza por intimidación".
a confederación europea advirtió que la exclusión de sus selecciones se mantendrá en firme a menos que la FIFA retire definitivamente el proyecto y ofrezca garantías vinculantes de no abrir su gobernanza ni sus torneos al capital privado.
De prolongarse, el boicot asestará un golpe inmediato a competiciones inminentes como los Mundiales Femeninos Sub-20 de Polonia (septiembre de 2026) y Sub-17 de Marruecos, así como al Sub-17 masculino de Catar.
A largo plazo, la medida pondría en jaque citas máximas como la Copa Mundial Femenina de Brasil 2027 y el Mundial masculino de 2030, coorganizado por España, Portugal y Marruecos.
Contexto de las tensiones entre UEFA y FIFA
Este choque institucional representa el capítulo más crítico de una relación históricamente tensa. Bajo las gestiones de Gianni Infantino al frente de la FIFA y de Aleksander Čeferin en la UEFA, ambos organismos han sumado recurrentes desencuentros debido a la saturación del calendario internacional, la polémica expansión del Mundial de Clubes y la crisis de la Superliga europea en 2021. Asimismo, los intentos de privatización cuentan con antecedentes directos, como el controvertido acuerdo comercial de inversión que la FIFA exploró con el fondo SoftBank en 2018.
El eje conformado por Europa y Sudamérica ha ostentado históricamente la hegemonía del fútbol de selecciones. En el tablero político, la UEFA y la CONMEBOL han cerrado filas estratégicamente en múltiples ocasiones, uniendo fuerzas para blindar su influencia institucional y económica frente a las pretensiones expansivas de la FIFA.
Posible impacto económico
La ausencia de las selecciones europeas —que concentran la mayor parte de la audiencia, el valor comercial y el liderato del ranking global— mermaría drásticamente el atractivo de los torneos de la FIFA para patrocinadores y cadenas de televisión.
Analistas de la industria advierten que la exclusión de potencias como España, Francia, Alemania, Inglaterra o Italia podría pulverizar el interés de los fondos privados en el proyecto FIFA Forward Enterprises (FFE) al erosionar el valor de la marca.
Aunque todavía no existen auditorías de pérdidas detalladas, el perjuicio económico golpearía tanto a las propias federaciones de la UEFA (en conceptos de merchandising, patrocinios y premios de participación) como a la cotización general de los eventos globales.
En su defensa, la FIFA sostiene que este plan es indispensable para expandir los fondos de desarrollo del fútbol a más de 10.000 millones de dólares en los próximos ciclos, insistiendo en que la propuesta se someterá a una votación democrática de sus miembros.
De este modo, el desenlace queda supeditado al proceso de consulta institucional y a la postura que adopten el resto de las confederaciones.
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