La Casa Blanca afirmó este jueves, tras las conversaciones entre el presidente Donald Trump y su homólogo chino Xi Jinping en Pekín que “ambos países acordaron que Irán nunca podrá tener un arma nuclear”.
Los mandatarios coincidieron en la necesidad de mantener abierto el Estrecho de Ormuz para el libre flujo de energía y reafirmaron que Irán no debe poseer armas nucleares.
Estos puntos ocuparon un lugar central en las discusiones estratégicas durante la visita de Estado.
En ese contexto, el secretario del Tesoro de EEUU, Scott Bessent reforzó la postura estadounidense sobre el régimen iraní: “Hasta ahora este año han ejecutado a treinta o cuarenta mil personas, muchas de ellas manifestantes pacíficos. ¿Cómo se trata con un régimen así? Se le aprieta económicamente, y creemos que estamos en el punto en que los soldados no están cobrando. No pueden reponer sus reservas de armas desde el exterior. Creo que están en las últimas”.
En el Gran Salón del Pueblo, el banquete de Estado ofreció un marco de hospitalidad y simbolismo. El presidente Xi Jinping levantó su copa y brindó: “Por el brillante futuro de las relaciones China-EEUU, por la amistad entre los dos pueblos y por la salud del presidente Trump y de todos los amigos presentes”.
El presidente Trump agradeció “esta magnífica bienvenida” y calificó la visita como “histórica”. “Fue un día fantástico”, afirmó ante los presentes. Durante el banquete, Trump extendió una invitación formal al presidente Xi para que visite la Casa Blanca en septiembre de este año.
Sin embargo, la reunión no evitó las diferencias.
China lanzó una clara advertencia a Trump sobre Taiwán, describiéndolo como “el tema número uno” en las relaciones bilaterales. Xi Jinping subrayó que un manejo inadecuado del asunto taiwanés podría derivar en “choques o incluso conflictos”, reafirmando que la independencia de Taiwán es incompatible con la paz en el Estrecho y que Pekín considera este tema como un interés central innegociable.
La imagen más emblemática del día muestra a Trump y Xi caminando juntos por un amplio pasillo del Gran Salón del Pueblo, acompañados de niños chinos que agitaban banderas de Estados Unidos y China. La Casa Blanca tituló la fotografía en blanco y negro como “Historia en movimiento”, simbolizando el dinamismo de la relación bilateral.
La agenda incluyó temas comerciales, energéticos, el acceso de empresas estadounidenses al mercado chino y cooperación estratégica. El ambiente protocolar y cordial contrastó con las advertencias firmes en las “líneas rojas” de cada país.
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