El sacerdote cubano Alberto Reyes, párroco de Esmeralda, en Camagüey, publicó una nueva entrega de su columna semanal en redes sociales donde cuestiona abiertamente la narrativa oficial que atribuye la crisis nacional únicamente a factores económicos.
En su texto, el religioso sostiene que las recientes reformas anunciadas por el gobierno, incluidas nuevas aperturas al sector privado y a la inversión extranjera, no abordan el problema de fondo.
Con un tono crítico, el padre Alberto Reyes describe a la sociedad cubana atrapada en un ciclo de medidas y discursos que, lejos de resolver la crisis, han profundizado el desgaste social y la precariedad cotidiana.
"Llevamos años como esos roedores mascota a los que se les pone una rueda para que se entretengangirando, sin llegar nunca a ninguna parte. Llevamos años subsistiendo en círculos concéntricos hechos de discursos, marchas, plenos del Partido, resoluciones, reformas, contrarreformas… que no nos han llevado a ninguna parte, o tal vez sí, nos han llevado al agotamiento, a la miseria crónica, a la normalización de la supervivencia", escribió en Facebook.
El sacerdote católico plantea que la raíz de la situación no es económica, sino política., y afirmó que, sin cambios estructurales que devuelvan derechos y capacidad de decisión a los ciudadanos, cualquier reforma será insuficiente.
"La solución que Cuba necesita no depende de leyes, ni de aperturas económicas, ni de reafirmaciones revolucionarias, ni del fin del embargo… la solución de Cuba se mueve entre el binomio poder y libertad", subrayó.
Las declaraciones del religioso se suman a otras voces críticas dentro de la isla que advierten que las medidas recientes podrían aliviar de forma limitada la crisis, pero no transformarla.
El sacerdote señaló que el desarrollo del país pasa necesariamente por mayores libertades civiles, pluralismo político y un rediseño del sistema que permita la participación real de la ciudadanía.
"Las economías florecen cuando el ciudadano es libre para crear riqueza. La cultura florece cuando el ciudadano es libre para expresar lo que siente. La democracia florece cuando el ciudadano es libre para asociarse y hacer propuestas al resto de la sociedad. Por eso, nuestro problema es un problema de libertad. No nos faltan ideas, ni energía, ni capacidad… nos falta la libertad que permite que todo eso dé fruto", concluyó.
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