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Tomasa Guerra: "revolucionaria" marginada de la historia


Tomasas Guerra, la mensajera de Hubert Matos.

Recientemente murió en Palma Soriano Tomasa Guerra, que había nacido en 1924 en Ramón de Guaninao, una región remota de Santiago de Cuba. Tomasa se fue de este mundo sin que jamás le fueran reconocidos sus méritos revolucionarios y humanistas.

Sus historia rebelde comenzó desde muy joven, primero contra el latifundio que sometía a campesinado cubano, luego incorporada directamente a la lucha insurrecta contra la dictadura de Batista. Fue mensajera de la Columna 9 “Antonio Guiteras” comandada por Huber Matos, donde transitó heroicamente con toda su leyenda hasta el último día del triunfo.

Pero aquella columna rebelde fue borrada de la historia de Cuba y convertida en fantasma, como si jamás hubiera existido, cuando su comandante Huber Matos presentó en el mismo 1959 su renuncia a Jefe Fidel Castro, por el rumbo comunista que tomaba el proceso revolucionario.

“Mamá tuvo que quitarse el uniforme verde olivo para convertirse en dependiente de una cafetería, para sobrevivir”, cuenta Pedro Figueredo, su hijo. “Luego de décadas de oprobio, mamá se retiró con una miseria de pensión que no le alcanzaba ni para medicinas. Jamás la tuvieron en cuenta, nunca reconocieron sus proezas combativas”.

Entre sus recuerdos Tomasa dejó algunos escritos, sobre su participación en la guerra y su desempeño en la columna de Huber Matos.

“Llegué a la columna de mano de Carlitos Más un domingo por la mañana. Carlitos confiaba en mi porque yo pertenecía a una familia revolucionaria autentica y conocía bien la zona. Recuerdo que a mi llegada al campamento encontré al comandante Huber muy furioso. Habían detenido en el camino a un campesino que andaba en no se qué negocio ‘raro’ y tuvo que dejarlo ir porque estaba autorizado por Fidel. Carlitos me mandó a la cocina, para que no escuchara la bronca, entonces ayudé en los trajines del almuerzo y después en la comida. Le caí bien al comandante por el punto de azúcar que le daba al café. Desde ese día, seguí con la tropa hasta que entramos en Santiago”.

Los documentos de la columna 9 fueron robados antes de terminar la guerra, según cuenta Huber Matos en su libro ‘Como llegó la noche’. Si hubiesen sobrevividos al allanamiento, hubieran contado entre otros méritos de Tomasa Guerra ser la guía de Huber Matos hasta el alto de Montpie, a la histórica entrevista con Fidel,o el largo itinerario recorrido con su pelotón hasta ‘Arroyones’, salvando múltiples combates contra las compañías batistianas, o atender con esmero por órdenes estrictas del comandante Matos la recuperación del combatiente Eddy Suñol, junto a su esposa Lola, o apoyar el montaje del taller de armería en la zona de Santo Domingo,su activa participación en el combate de La Maya,el mensaje decisivo del comandante Matos,que trasladó bajo fuego cerrado al jefe del cuartel de la Microonda,crucial para la rendición de la tropa batistiana, y despuésla larga marcha desde el caserío La Prueba, en el Segundo Frente Oriental “Frank País”,iniciado el 8 de octubre, que concluyó con la toma final de Santiago.

“Los tenientes de la policía política, Castillo y otro al que apodan ‘Cara linda’, hicieron un cierre en la funeraria el día de su muerte”, cuenta Pedro Figueredo, su hijo. “Mamá nos inculcó desde pequeño la aversión al castrismo, que decía era un mal fatal para la nación. Yo fui firmante del Proyecto Varela, por lo que sufrí cuatro años de prisión. Mi hijo no quiere saber del comunismo. Mis dos hijas son opositoras. Somos una familia disidente. Somos los frutos de su rebeldía.

En los escritos de Tomasa también aparece un poema, sobre Palma Soriano que dice: “El municipio de Palma es el más grande de Oriente, pero también el más pobre. No encuentra alcalde que obre con largueza soberana. Esta región cubana muere de tantos rigores. Y de llevar senadores al congreso de La Habana”.

Luego sigue una frase: “Ahora sucede lo mismo”.

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