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Revista Social. Autor: Conrado Massaguer

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Sumario

  • Ninguna otra revista pudo mostrar tan sostenida calidad y homogeneidad en cuanto a diseño y contenido, como lo hizo Social durante sus veinte años de vida.
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La revista Social, fundada en La Habana el 25 de enero de 1916 por el ilustrador y caricaturista Conrado W. Massaguer, fue una de las publicaciones más influyentes del periodismo cultural cubano de la primera mitad del siglo XX.

Desde su origen, se diseñó como una revista ilustrada de sociedad, centrada en la vida elegante del “gran mundo” habanero: moda, eventos sociales, arte y estilo de vida de las élites. Sin embargo, su evolución fue mucho más compleja, convirtiéndose con el tiempo en un espacio clave para la renovación cultural e intelectual del país.

Conrado Massaguer y el proyecto editorial.

Massaguer, figura central del diseño gráfico y la caricatura en Cuba, concibió Social como una publicación moderna tanto en contenido como en forma. Introdujo innovaciones técnicas —como la impresión fotolitográfica— y apostó por una estética sofisticada que combinaba ilustración, fotografía y tipografía avanzada.


Revista Social. Autor: Conrado Massaguer
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Aunque inicialmente dirigida a un público acomodado, la revista fue ampliando sus horizontes culturales. Desde principios de los años veinte, especialmente con la dirección literaria de Emilio Roig de Leuchsenring, Social se transformó en una plataforma para nuevas ideas políticas, artísticas y literarias.

De esta manera, logró reunir a figuras clave del pensamiento cubano y latinoamericano, convirtiéndose en un auténtico foro de la vanguardia.

Una tribuna de la nueva intelectualidad.

A pesar de su origen mundano, Social acogió a una generación de escritores que marcaron la cultura hispanoamericana. Entre sus colaboradores se encuentran nombres como Alejo Carpentier, Nicolás Guillén, Rubén Martínez Villena, Jorge Mañach y muchos otros.

La revista llegó incluso a vincularse indirectamente con el Grupo Minorista, un movimiento intelectual críticamente comprometido con la realidad social cubana.

Esta dualidad —entre revista de sociedad y órgano cultural comprometido— es clave para entender su importancia histórica, y su posterior evolución al convertirse en Carteles.

Alejo Carpentier: colaborador y crítico

La figura de Alejo Carpentier ejemplifica perfectamente las tensiones internas de Social. Por un lado, trabajó activamente en la revista, publicando crónicas y textos entre aproximadamente 1925 y 1933, lo que evidencia su integración en el circuito intelectual que la revista impulsaba.

Por otro lado, Carpentier fue también uno de sus críticos más agudos. Llegó a describirla como: “Una revista social mundana, ‘frívola’, creada al calor del auge económico para explotar a las clases adineradas.

Esta crítica no es casual: Carpentier, vinculado al movimiento vanguardista y a posiciones ideológicas más comprometidas, veía en Social una manifestación de la superficialidad burguesa de la época, asociada al fenómeno conocido como la “Danza de los Millones”, periodo de prosperidad económica en Cuba.

Una contradicción reveladora.

Lejos de ser una simple contradicción personal, la postura de Carpentier refleja una tensión estructural dentro de la propia revista: Por un lado, Social respondía a una estética elitista y cosmopolita. Por otro, servía como espacio de expresión para una generación crítica, nacionalista y en muchos casos antiimperialista.

De hecho, muchos de sus colaboradores —incluido el propio Carpentier— participaron en movimientos culturales y políticos que cuestionaban el orden social que la revista aparentemente representaba.

Importancia histórica

En perspectiva, Social fue mucho más que una revista de sociedad: Constituyó un laboratorio de modernidad cultural en Cuba. Introdujo nuevas corrientes artísticas y literarias. Sirvió como puente entre Europa, América Latina y la cultura cubana. Dio visibilidad a autores que marcarían la literatura hispanoamericana del siglo XX.

Su desaparición en 1938 cerró una etapa crucial, pero su legado perdura como un ejemplo de cómo una publicación puede albergar, simultáneamente, estética elitista y fermento crítico.

La revista Social encarna una paradoja central de la cultura hispanoamericana de comienzos del siglo XX: fue a la vez un producto de la élite y un espacio de ruptura intelectual.

Alejo Carpentier, como colaborador y crítico, simboliza esa ambivalencia: participó activamente en el proyecto mientras denunciaba sus límites ideológicos. Esta tensión, lejos de debilitar la revista, es precisamente lo que explica su riqueza y su relevancia histórica.

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