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"Washington Post" destaca el doble rasero de Cuba en temas de propiedad


Una pareja cubana observa en su televisor la serie estadounidense "Los Soprano", trasmitida por la televisión nacional.

El Gobierno cubano ha tenido poco reparo en piratear series, filmes y documentales para sus canales de televisión y cines, al tiempo que reclama a EEUU el respeto a marcas como Cohiba y Habana Club.

Tras amenazas del régimen cubano de demandas por más de 50 años de sanciones económicas estadounidenses, sería prudente voltear las cosas y ver la guía de televisión en Granma, el diario del Partido Comunista, y observar una cartelera en horario estelar con las reposiciones de "Cold Case", "MythBusters" e incluso "Seinfeld" pasándose en cines propiedad del Gobierno, además de la muy apropiada película Piratas del Caribe.

Nada de esto está debidamente pagado por Cuba, cuyo Gobierno comunista ha tenido poco reparo en piratear una buena programación de su enemigo de toda la vida con un vasto aparato legislativo diseñado para ahogar su propia economía, publica The Washington Post.

Washington y La Habana restablecieron las relaciones diplomáticas en julio, pero la reconstrucción de respeto mutuo de los derechos de autor y marcas registradas es una de las muchas cuestiones pendientes, pues en Cuba no hay respeto alguno por la propiedad.

"Cuba es signataria de los principales tratados internacionales que protegen los derechos de propiedad intelectual, y expertos en comercio dicen que el Gobierno de Castro ha hecho en general, un buen trabajo hacer cumplir las protecciones para los productos estadounidenses y marcas como Coca-Cola y Nike", apunta el diario.

Sin embargo, destaca el periodista Nick Mirroff, "el contenido de los medios de comunicación ha sido tratado de manera diferente, talvez debido a una ética socialista que considera la producción cultural –y los avances farmacéuticos– como una especie de bien público".

Aunque el Gobierno cubano ha registrado miles de marcas con la Oficina de Patentes y Marcas, algunos de los conflictos más amargos y litigiosos implican a las firmas de habanos y ron más famosas de la isla, como Cohiba y Havana Club.

Mientras tanto, el Gobierno de Castro ha estado luchando en los tribunales de Estados Unidos durante casi 20 años en contra de productores de cohiba con sede en Dominicana, así como su rival del ron Bacardí, que vende la marca Havana Club, pero sin dejar de piratear productos norteamericanos.

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