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New York Times descubre la miseria y la desigualdad en la Cuba de hoy


Un anciano realiza un saludo militar en una calle de La Habana (Cuba).

El diario estadounidense habla a sus lectores de la pobreza y la barrera existente entre los cubanos ricos, en su mayoría familiares de emigrantes, y los que no tienen nada.

El lento acercamiento hacia la economía de mercado y los recientes cambios adoptados por la Administración Obama son objeto de un artículo en el diario New York Times, que sostiene que sólo han traído más desigualdad y pobreza para Cuba.

Reporta Cuba. Anciano en Contramaestre. Foto: Yoandris Verane.
Reporta Cuba. Anciano en Contramaestre. Foto: Yoandris Verane.

La riqueza, en forma de lujosos restaurantes en los que se sirve filet mignon o pato a la naranja, y los apartamentos de alto standing, conviven con la realidad de Cuba: Casas derruidas y un menú que no suele salirse de los escasos huevos que se pueden comprar y algunos plátanos. La otra vida, como apunta el Times, está reservada ahora para los cubanoamericanos que regresan para visitar a su familia y que se pueden permitir esos caprichos.

Reporta Cuba. Anciano en Guanabacoa. Foto: Juan C. Díaz.
Reporta Cuba. Anciano en Guanabacoa. Foto: Juan C. Díaz.

En los lugares donde no existen familiares que envíen remesas, las circunstancias son muy duras para los cubanos. Simplemente no hay dinero, según relata el artículo, y las condiciones de las casas son notablemente peores. "Nadie va a los paladares y mucho menos tiene el dinero para abrir uno", asegura el Times describiendo la vida en estos rincones de la isla.

Por ese motivo, apunta, si Cuba abre la puerta definitivamente a las empresas privadas, la brecha entre los que tienen y los que no tienen –y entre los blancos y los negros– que la Revolución trató de disminuir será más evidente. Más si cabe ahora que Estados Unidos ha incrementado la cantidad de dinero que los cubanoamericanos pueden enviar de $2.000 a $8.000.

Una pareja de jóvenes cubanos hacen su pedido a través del wifi en un negocio privado, en La Habana.
Una pareja de jóvenes cubanos hacen su pedido a través del wifi en un negocio privado, en La Habana.

Ese dinero, de acuerdo al diario norteamericano, hará a un grupo de cubanos más ricos, pero convertirá a una gran parte de la población en más pobre también: Se agudizarán las diferencias sociales entre quien tiene nexos con Estados Unidos y quien no. Porque las remesas son, a día de hoy, una de las principales fuentes de ingresos nacionales, estimadas entre 1 y 3 billones de dólares anuales. Junto al turismo, los productos farmacéuticos y las exportaciones de azúcar son uno de los pilares de la economía cubana.

El factor racial también va a ser determinante en la nueva era para el New York Times. Según el diario, los economistas cubanos dicen que los blancos tienen 2.5 más posibilidades de recibir remesas que los negros, por lo que existen barrios en Cuba –de mayoría negra– que tienen serias dificultades para prosperar por ese motivo. Sin inyección de dinero del extranjero existen pocas opciones de que cualquier negocio salga adelante.

Para Alejandro de la Fuente, director del Instituto de Investigación Afro-Latinoamericano de la Universidad de Harvard, "las remesas han producido nuevas formas de desigualdad, especialmente la desigualdad racial". Y apunta un dato: "Ahora las remesas se utilizan para financiar o crear empresas privadas, es decir, no sólo para financiar el consumo, como en el pasado". Una opinión que contrasta con la del Gobierno cubano, que defiende que la apertura hacia negocios privados le permitirá incrementar sus programas sociales para los más necesitados.

Otra voz discordante es la de Ted Henken, profesor de Sociología y Estudios Latinoamericanos en el Baruch College, que sostiene que la pobreza es un denominador común en muchos países, pero en el caso de Cuba "a medida que aumenta el capitalismo, existen personas que están mejor posicionados para tomar ventaja que otros". Para Henken, citado por el Times, "según Cuba se ha ido convirtiendo en más capitalista, también se ha convertido en más desigual".

Es evidente que muchos barrios están viendo emerger negocios, en su mayoría de cubanos de raza blanca, lo que da lugar a que algunos no reconozcan el lugar en el que han nacido o vivido durante años. Es el caso de una empleada de un hotel turístico en El Vedado, que asegura que "me miro en esos nuevos lugares y no veo a nadie como yo", porque todo ha cambiado en los últimos años con la llegada de dinero. Pero se muestra más claro todavía cuando le preguntan si tiene familiares en el extranjero: "¿Crees que estaría viviendo aquí?", responde.

El diario describe los barrios más pobres de La Habana y explica que la miseria, que el Gobierno cubano no ha podido eliminar ni en sus mejores años, está cada día más lejos de poder erradicarse.

Con la publicación de este artículo, el New York Times continúa tratando el tema de Cuba y sigue posicionándose como uno de los medios norteamericanos más volcados en promover una nueva etapa de relaciones entre ambos países. Este medio editó una serie de editoriales apostando por una vía de diálogo entre Estados Unidos y Cuba en octubre y noviembre de 2014, semanas antes de que Obama y Castro anunciaran el deshielo diplomático después de 55 años.

En esa serie de editoriales se trataron temas como el levantamiento del embargo económico,el intercambio de Alan Gross por los tres espías que aún permanecían encarcelados en suelo norteamericano, los esfuerzos de la USAID para desestabilizar el Gobierno de Castro o el envío de médicos para luchar contra el ébola. En esta ocasión, el diario ha abordado otro aspecto antes no tratado: El de la pobreza y la barrera existente entre los cubanos ricos, en su mayoría emigrantes, y los que viven dentro de la isla.

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