Los prolongados apagones que afectan a Cuba están sometiendo a la población a niveles severos de ansiedad, depresión y estrés, con posibles consecuencias para la salud física y mental que podrían manifestarse durante los próximos años, advirtió el psicólogo e investigador Yunier Broche-Pérez en entrevista con Martí Noticias.
Broche-Pérez lideró, junto a la investigadora Zoylen Fernández-Fleites el estudio “Impotentes y bajo presión: vulnerabilidades en salud mental en el contexto de apagones prolongados en Cuba”, cuyos resultados fueron publicados recientemente en la revista científica Social Science & Medicine y reseñados previamente por DIARIO DE CUBA.
La investigación recopiló información de 415 participantes entre julio y noviembre de 2025, un periodo en el que los cortes eléctricos podían extenderse hasta 36 horas en determinadas zonas del país.
“Este es un estudio que, en comparación con la realidad que vive la población cubana hoy, vamos a decir que tiene un poquito de atraso”, explicó el investigador y recordó que, cuando fueron recopilados los datos, los apagones más prolongados rondaban las 36 horas, principalmente en zonas del interior del país.
“Después de noviembre, diciembre, los apagones están alcanzando 56 horas. En algunos lugares hay apagones por cuatro días”, señaló.
Los especialistas evaluaron tres variables fundamentales: ansiedad, depresión y estrés, mediante un cuestionario utilizado internacionalmente para medir este tipo de respuestas emocionales.
Los resultados sorprendieron incluso a los especialistas. “En los 415 participantes que estuvieron en el estudio no hubo ninguno que mostrara niveles leves de depresión, ni siquiera niveles moderados”, afirmó Broche-Pérez.
Según explicó, toda la muestra presentó niveles severos o extremadamente severos en las tres variables analizadas. “Esto es algo muy raro de encontrar en una población general, excepto que esa población esté bajo la presión de algún tipo de situación muy peculiar, como pueden ser situaciones de guerra, pandemia o conflictos civiles”, advirtió.
Para el investigador, encontrar estos resultados en Cuba es “extremadamente llamativo” y “muy preocupante”, debido a que el país no atraviesa oficialmente una guerra, un conflicto armado ni una pandemia.
Broche-Pérez explicó que uno de los principales factores que afectan actualmente la salud mental de los cubanos es la pérdida de control sobre su vida cotidiana.
“No es solamente enfrentar lo que ocurre en la vida cotidiana, es no tener la certeza de cuándo esa situación va a mejorar, de cuándo los recursos van a aparecer, por ejemplo, de cuándo la corriente va a volver”, señaló.
El estudio no se concentró únicamente en medir la cantidad de horas que una persona permanece sin electricidad, sino en determinar cómo la interrupción de las actividades cotidianas afecta su bienestar psicológico.
“La electricidad no es solamente un recurso energético, es también un recurso de salud pública”, afirmó el especialista.
La falta de electricidad afecta la posibilidad de cocinar y conservar alimentos, dormir, estudiar, trabajar, entretenerse y atender a niños, adultos mayores, enfermos y personas encamadas. “Hasta que no tengamos niveles de certidumbre que nos permitan planificar nuestra vida cotidiana, organizar el día a día, saber qué vamos a hacer en cada momento, nuestra salud mental se va a seguir viendo afectada”, alertó.
Las consecuencias podrían aparecer entre 5 y 15 años después
Una de las principales preocupaciones de los investigadores es las consecuencias a de mantener a una población sometida durante largos periodos a elevados niveles de estrés, ansiedad y depresión.
Broche-Pérez explicó que, cuando los factores estresantes permanecen durante mucho tiempo, pueden producirse cambios en el funcionamiento e incluso en las estructuras del cerebro.
“El cerebro puede llegar incluso a cambiar de forma, y no lo digo metafóricamente, lo digo literalmente”, afirmó.
El investigador mencionó como ejemplo los efectos de la depresión prolongada sobre el hipocampo, una estructura cerebral fundamental para la memoria. También alertó sobre la relación entre la depresión, la ansiedad, las alteraciones del sueño y un mayor riesgo de desarrollar problemas de salud y enfermedades neurodegenerativas.
“Lo que está ocurriendo hoy, no tengas ninguna duda, nos va a explicar muchas cosas que vamos a empezar a observar dentro de cinco, diez y 15 años”, advirtió.
La investigación encontró que los adultos jóvenes constituyen el grupo con mayores niveles de afectación psicológica. Según Broche-Pérez, sobre este sector de la población recae buena parte de la responsabilidad del cuidado familiar.
El investigador también alertó sobre las consecuencias del aislamiento social entre los adultos mayores. La pérdida de rutinas cotidianas, de espacios de socialización y hasta de actividades como escuchar la radio o ver televisión puede incrementar los riesgos para la salud mental y el desarrollo de enfermedades neurodegenerativas, explicó.
Los investigadores distribuyeron la encuesta en grupos de Facebook, WhatsApp y otras plataformas digitales dedicadas incluso a la compraventa de casas, automóviles, motocicletas y materiales de construcción. La reacción de las personas mostró desde el inicio la magnitud del problema.
“En los comentarios comenzaba a aparecer: ‘me estoy muriendo’, ‘estoy muy triste’, ‘yo no sé cuándo esto va a terminar’, ‘estamos muy mal’”, recordó.
Las dificultades no terminaron con la recopilación de los datos. Broche-Pérez reveló que, cuando el artículo fue enviado a revisión para su publicación científica, los evaluadores inicialmente dudaron de los resultados.
“Los revisores no creían que esos datos fueran reales”, afirmó.
Según explicó, tuvieron que describir las condiciones de vida de la población cubana para explicar cómo era posible encontrar niveles tan elevados de ansiedad, depresión y estrés en una población general. “El primer paso fue explicarles a los revisores de una revista científica cómo vive el pueblo cubano, qué significa no tener electricidad por 36 horas, qué significa no tener acceso a internet por 36 horas”, recordó.
“Los recursos psicológicos también se agotan”
Ante la prolongación de la crisis, Broche-Pérez recomendó prestar especial atención a los patrones de sueño y mantener, en la medida de lo posible, espacios de socialización y contacto comunitario. Sin embargo, advirtió que la capacidad de resistencia de las personas tiene límites.
“Las personas van a ser resilientes y van a ser optimistas y van a tratar de sobrellevar lo que les está ocurriendo, pero no lo pueden hacer todo el tiempo”, afirmó. “De la misma manera que se agotan los recursos materiales, se agotan los recursos psicológicos”, agregó.
Para el investigador, la importancia del estudio radica no solo en describir la situación actual, sino también en dejar un registro científico de uno de los periodos más difíciles que atraviesa la población cubana.
“La ciencia no tiene solamente la función de describir la realidad. La ciencia también tiene la función de dejar un rastro histórico de lo que ocurrió en un momento”, afirmó.
Broche-Pérez considera preocupante la escasez de investigaciones científicas sobre el deterioro de la salud mental en Cuba y sus posibles consecuencias futuras.
“Tenemos una población que hoy está sufriendo, como nunca antes, un ataque a su salud mental, que también equivale a un ataque sin precedentes a su salud física”, alertó.
“Lo que está ocurriendo hoy con la corriente eléctrica no es solamente un problema de la UNE, no es solamente un problema de acceso a la electricidad, es un problema de salud pública y así debería ser tratado”, concluyó.
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