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Ensalada Deportiva


Yunier Dorticós (c).

El boxeador cubano Yunier Dorticós afirma que está seguro que peleará con Beibut Shumenov "en marzo, pero no puedo dar detalles".

Su declaración al periodista de El Nuevo Herald, Jorge Ebro, ocurre en momentos en que el boxeador kasajo ha declarado que él "había firmado un pacto para pelear con Dorticós el 11 de febrero en Miami, pero Dorticós y su promotora (Caribe Promotions) desaparecieron después de que firmé".

Shumenov es campeón del mundo en dos pesos. Ha mantenido el título crucero AMB (Regular) desde 2016, y previamente el título de peso semipesado de la AMB de 2010 a 2014.

Sobre la posible pelea con Dorticós, Shumenov señaló:

"Estoy cansado de ellos. No puedo esperar para noquearlo. Estoy esperando a que mi mánager me llame para que me diga de una nueva cita con TGB".

Dorticós no pelea desde el 20 de mayo de 2016.

Ebro menciona que "un comunicado de prensa, aparentemente escrito por personas cercanas a Shumenov, notificaba que la Asociación Mundial de Boxeo (AMB) le había retirado los derechos a Caribe para organizar el combate contra el kasajo".

Agrega que la promotora perdió los $35, 000 que había situado como depósito, y que un 10% será entregado a la AMB y el dinero restante, unos $31,000 distribuido entre Shumenov y Dorticós. El primero recibiría el 75% y el segundo un 25%.

La mejores peleas de Dorticós:

El cubano José Raúl Capablanca, el único campeón del mundo hispanoamericano hasta la fecha

La historia del ajedrez moderno a través de los perfiles de los 16 campeones del mundo -desde Wilhelm Steinitz hasta Magnus Carlsen- es el hilo conductor del libro recientemente publicado por el maestro internacional alemán Martin Breutigam bajo el título de "Genios en blanco y negro".

José Raúl Capablanca en una imagen de los años 40.
José Raúl Capablanca en una imagen de los años 40.

La historia comienza en 1886, cuando Steinitz se convierte oficialmente en el primer campeón mundial, aunque él se atribuyera desde antes ese título, y termina con el titular vigente; pasando por leyendas como Bobby Fischer, José Raúl Capablanca o Alexander Alejchin.

Steinitz abre el libro no sólo por el ser el primer campeón del mundo sino también porque en buena parte puede ser considerado como un personaje clave en el paso del ajedrez romántico, basado en el juego de combinación, a una concepción más moderna en la que se le daba más importancia al juego de posición.

Steinitz llegó a la conclusión de que muchas de las grandes combinaciones de la historia del ajedrez no hubieran tenido éxito ante defensas más sólidas. Se convence de que sólo se debe empezar a atacar tras haber desarrollado las propias piezas y ante debilidades en la defensa contraria.

El jugador, que moriría empobrecido en un hospital psiquiátrico de Nueva York en 1900, fue destronado en 1894 por Emanuel Lasker que desarrollaría el juego de posición de su antecesor.

Lasker, considerado además un genio matemático se mantendría como
campeón hasta 1920, cuando fue destronado por el cubano Capablanca en el calor de La Habana.

Capablanca, el único campeón del mundo hispanoamericano hasta la fecha, ha sido materia de mitos y leyendas. Se le ha llamado el Mozart del ajedrez, por su condición de niño prodigio que hay quien ha procurado subrayar diciendo que nunca tuvo en sus manos un libro sobre teoría de las aperturas.

Esto último, sin embargo, según escribe Breutigam, "tiene tanto que ver con la realidad como el gambito de dama con un par de medias para dama".

La precocidad parece haber sido cierta, aprendió a jugar a los 4 años, como la de otros muchos genios entre los que destaca Fischer, pero el comentario de Breutigam apunta a que además del talento natural en la mayoría de los grandes ajedrecistas hay una gran porción de estudio.

Bobby Fischer (c).
Bobby Fischer (c).

El mejor ejemplo de ello es el propio Fischer que empezó a aprender ruso para poder estudiar la abundante literatura ajedrecística soviética.

Si Capablanca ha sido comparado con Mozart en su sucesor, Alexander Alechjin -que lo destronó en un duelo que se prolongó durante 34 partidas- muchos ven un paralelo con Wagner y muchos ven en su juego ideas originales que parecen rozar los límites de la lógica.

El sucesor de Alechjin, el holandés Max Euwe, aseguraba que el ruso era capaz de jugar a gran nivel completamente borracho.

El alcoholismo de Alechjin y la locura de Steinitz o de Fischer son detalles que hacen pensar en la cercanía que hay entre la genialidad y la demencia, pero en la galería de los campeones del mundo también hay individuos plenamente normales como Euwe que fue toda su vida profesor de matemáticas.

Tras el breve reinado de Euwe vendría, después de la II Guerra Mundial, una larga hegemonía soviética con Mijail Bottwinik, Vasili Smislov, Mijail Tal, Tigran Petrosian -uno de los máximos genios del juego defensivo- y Boris Spasski.

Esa hegemonía se rompería con el duelo probablemente más famoso de la historia del ajedrez que Spasski perdería ante Bobby Fischer en 1972. "Un hombre sólo derrotó a todo un ejército", escribiría años más tarde Spasski en una carta a Georg W. Bush pidiendo que perdonara a Fischer por haber roto en el embargo contra Serbia para jugar la revancha del duelo del siglo.

Con Fischer y Spaskki terminan la historia y la leyenda y empieza la actualidad que tiene los nombres propios de Anatoli Karpov, Gari Kasparov, Vladimir Krmanik, Viswathan Anand y Magnus Carlsen. Además está Deep Blue, el ordenador de IBM que derrotó a Kasparov en su primer duelo en 1997.

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