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De Praga a Cuba: la memoria de un pueblo que venció al comunismo

Jóvenes manifestantes ante el cordón policial en Praga.
Jóvenes manifestantes ante el cordón policial en Praga.

Sumario

  • Durante más de cuatro décadas, Checoslovaquia vivió bajo un régimen comunista marcado por la represión, la censura y el control de la información, huellas que hoy pueden rastrearse en Praga.
  • El Memorial a las Víctimas del Comunismo resume la magnitud de esa persecución: más de 205.000 condenados, cientos de ejecutados y muertos en prisión, además de miles de exiliados entre 1948 y 1989.
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PRAGA-Durante más de cuatro décadas, Checoslovaquia vivió bajo un régimen comunista que limitó libertades, persiguió a opositores y convirtió el control de la información en una de sus principales herramientas de poder. Hoy, recorrer Praga permite reconstruir esa historia a través de lugares donde todavía permanecen las huellas de la represión, pero también de la resistencia que terminó contribuyendo a la caída del sistema en 1989.

El punto de partida se remonta a febrero de 1948, cuando el Partido Comunista de Checoslovaquia consolidó el control político del país. Comenzó entonces una etapa marcada por la persecución de opositores, procesos judiciales de carácter político, encarcelamientos y ejecuciones.

Las dimensiones de aquella represión todavía están inscritas en el Memorial a las Víctimas del Comunismo, ubicado al pie de la colina de Petřín, en Praga. El monumento registra que entre 1948 y 1989 fueron condenadas 205.486 personas, 248 fueron ejecutadas, 4.500 murieron en prisión, 327 perdieron la vida intentando cruzar las fronteras y 170.938 ciudadanos emigraron.

Las cifras son parte de una obra inaugurada en mayo de 2002 y creada por el escultor Olbram Zoubek junto a los arquitectos Zdeněk Hölzel y Jan Kerel. Las figuras humanas que integran el monumento parecen desintegrarse progresivamente mientras ascienden por una escalinata, una representación de la destrucción física y psicológica provocada por el totalitarismo.

La Primavera de Praga y el poder de la información

Uno de los capítulos decisivos llegó dos décadas después de la toma del poder comunista. En 1968, bajo el liderazgo de Alexander Dubček, Checoslovaquia inició un proceso de reformas conocido como la Primavera de Praga, que buscaba liberalizar parcialmente el sistema bajo la idea de un “socialismo con rostro humano”.

Uno de los cambios más importantes ocurrió precisamente en los medios de comunicación. La censura que durante años había obligado a periodistas a someter sus textos a supervisión fue eliminada durante el proceso reformista. La prensa, la radio y la televisión comenzaron a discutir asuntos que anteriormente habían estado limitados por el régimen.

La apertura, sin embargo, duró poco. Durante la noche del 20 al 21 de agosto de 1968, tropas encabezadas por la Unión Soviética y otros países del Pacto de Varsovia invadieron Checoslovaquia para frenar las reformas.

La invasión terminó aplastando la Primavera de Praga y dio paso al período conocido como “normalización”, durante el cual volvieron la censura y el control político sobre la sociedad y los medios.

El sacrificio de Jan Palach

Meses después de la invasión, otro episodio marcaría para siempre la Plaza de Wenceslao. El 16 de enero de 1969, el estudiante Jan Palach, de 20 años, se prendió fuego cerca del Museo Nacional como una protesta extrema frente a la resignación social y la pérdida de libertades tras la ocupación.

Murió tres días después, el 19 de enero. Palach buscaba despertar a una sociedad que consideraba cada vez más resignada y entre sus preocupaciones estaba precisamente el regreso de la censura. Décadas después, su nombre continúa asociado en la República Checa a la resistencia frente al totalitarismo.

Pero la oposición al régimen no desapareció. Intelectuales, artistas, estudiantes y ciudadanos mantuvieron durante los años siguientes diferentes formas de resistencia.

En enero de 1977 surgió Carta 77, una iniciativa que exigía al Estado checoslovaco respetar los derechos humanos y que reunió a personas de distintas corrientes políticas y sociales.

Entre sus principales figuras se encontraba el dramaturgo Václav Havel, quien pasaría de ser perseguido y encarcelado por el régimen a convertirse años después en una de las figuras fundamentales de la transición democrática.

Noviembre de 1989

El momento decisivo llegó el 17 de noviembre de 1989. Miles de estudiantes participaron ese día en una manifestación en Praga. Después del acto que fue autorizado por el propio régimen comunista, una multitud avanzó hacia el centro de la ciudad reclamando libertad y democracia.

Represión policial en el centro de Praga en Noviembre de 1989.
Represión policial en el centro de Praga en Noviembre de 1989.

En Národní třída, una de las principales calles de Praga, las fuerzas de seguridad bloquearon el paso y reprimieron violentamente a los manifestantes. La respuesta tuvo el efecto contrario al que buscaban las autoridades. En lugar de silenciar las protestas, contribuyó a multiplicarlas.

Dos días después, el 19 de noviembre, nació el Foro Cívico, que agrupó distintas iniciativas opositoras y tuvo a Václav Havel entre sus principales dirigentes. Las manifestaciones comenzaron a crecer. La Plaza de Wenceslao se convirtió nuevamente en uno de los centros de las protestas. Estudiantes, artistas y ciudadanos comenzaron a intercambiar información y organizarse en una época en la que no existían teléfonos inteligentes ni redes sociales.

Los teatros se transformaron también en espacios de discusión y movilización. Las noticias circulaban mediante emisoras extranjeras, publicaciones independientes, hojas impresas, mensajes transmitidos de persona a persona y medios estatales cuyos trabajadores comenzaron progresivamente a romper las barreras informativas.

En cuestión de días, lo que había comenzado como una protesta estudiantil se había convertido en una movilización nacional. El 27 de noviembre de 1989, Checoslovaquia realizó una huelga general de dos horas. El Instituto para el Estudio de los Regímenes Totalitarios señala que la convocatoria fue presentada por la oposición como una especie de referendo informal sobre el papel dominante del Partido Comunista. Entre las consignas estaban el fin del gobierno de un solo partido y la celebración de elecciones libres.

Aquella transformación, desarrollada mayoritariamente mediante movilizaciones pacíficas, pasó a la historia como la Revolución de Terciopelo. Pocas semanas después, Václav Havel, el dramaturgo disidente perseguido por el sistema, se convertiría en el presidente de Checoslovaquia.

Una historia que también mira hacia Cuba

Para Cuba, la experiencia de Checoslovaquia no constituye una fórmula que pueda trasladarse automáticamente. Cada país tiene circunstancias históricas, políticas y sociales diferentes.

Checoslovaquia necesitó más de cuarenta años para pasar del establecimiento del régimen comunista en 1948 a la Revolución de Terciopelo de 1989.

Hoy, mientras organizaciones checas preservan testimonios y documentos sobre aquel período, la historia de otros países que continúan bajo sistemas comunistas, incluida Cuba, encuentra también un espacio dentro de esa memoria.

Praga recuerda que los sistemas políticos pueden controlar instituciones, medios y espacios públicos durante décadas, pero no necesariamente consiguen borrar para siempre la memoria de quienes los vivieron.

Quizás por eso, más de tres décadas después de la Revolución de Terciopelo, las imágenes de miles de personas llenando las calles de esta ciudad nos muestran que cuando una sociedad logra recuperar su voz, también comienza a recuperar su historia.

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    Jany González

    Jany González es una reconocida periodista de la televisión hispana en Miami, con una sólida trayectoria construida a través de la pantalla de Telemundo y Univisión. Graduada en Ciencias de la Comunicación y con una maestría obtenida en Nova Southeastern University, ha consolidado una carrera marcada por el rigor informativo y la conexión con la audiencia. A lo largo de su carrera ha sido galardonada con tres premios Emmy, además del prestigioso Sunshine State Award y el Premio Carteles 2023, reconocimientos que avalan su excelencia y compromiso con el periodismo. Más allá de su labor en los medios, Jany González fue distinguida en el 2022 como Embajadora de la Paz, reflejo de su vocación por las causas sociales y su interés por generar un impacto positivo en la comunidad. En marzo de 2026, se incorporó al equipo de Martí Noticias, donde continúa desarrollando un periodismo firme, humano y enfocado en la verdad.

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