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Las voces de un cambio en Cuba saldrían del sector privado


Los bicitaxistas se unieron en una protesta contra las multas y arbitrariedades de los inspectores estatales.

Son los emprendedores privados y el creciente malestar de miles de trabajadores estatales atosigados por bajos salarios y la inoperancia de los sindicatos gubernamentales los que pueden forzar a mayores reformas en el gobierno de la isla.

Aquella calurosa tarde de mayo en que un bicitaxista habanero, contrariado destrozó una multa de 700 pesos por una normativa estatal que consideraba arbitraria, fue el detonante de un litigio que se coordinó impecablemente y culminó con una protesta de unos cuarenta cuentapropistas en la Plaza de la Revolución exigiendo sus derechos.

Funcionarios del régimen los atendieron a cuerpo de rey. El gobierno retiró las multas a los bicitaxistas que protestaron y prometieron investigar las irregularidades y denuncias de corrupción entre inspectores estatales.

Sin fanfarrias, a pesar de que continúan los atropellos, siguen trabajando en las diferentes zonas de La Habana donde años atrás el gobierno intentó desalojarlos.

Por haber sucedido en la capital, y la protesta ser cubierta por la prensa independiente, se pudiera pensar que la autocracia verde olivo prefirió negociar que aplicar la fuerza bruta.

Bicitaxistas protestan frente a la Plaza de la Revolución
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En un artículo publicado en Diario de Cuba, el periodista Omar López Montenegro analizaba: “La protesta de los bicitaxistas en la Plaza de la Revolución es un evento digno de estudio. Las imágenes muestran a los bicitaxistas con un nivel de organización envidiable, con sus carros marchando unos detrás de otros de forma ordenada, creando una percepción de número y poder, enfocados en un tema específico. Esta protesta derrumba muchos estereotipos. La gente en Cuba no tiene miedo cuando está motivada por algo que siente cercano a sus intereses. Simplemente los discursos altamente cargados de política de la oposición no están en sintonía con su realidad”.

Me detengo en esa última línea. He charlado con algunos de los bicitaxistas que tomaron parte en la protesta. No buscaron protagonismo. Solo pretendían que se respetaran sus derechos y que el Estado fuera más flexible con su trabajo.

En ese incidente, ningún líder de la desgastada y dividida disidencia interactúo, asesoró o se puso al frente de la protesta. ¿Las razones? Un poco de muchas cosas.

Un cubano exhibe una bandera de EEUU en su bicitaxi, en una calle de La Habana.
Un cubano exhibe una bandera de EEUU en su bicitaxi, en una calle de La Habana.

Desde que no confiaban en la oposición hasta que no deseaban politizar su querella. De abril de 2010 a la fecha, las disputas laborales y demandas de dueños de pequeños negocios pasan de un centenar, dice un funcionario de la ONAT (Oficina Nacional de Administración Tributaria), organismo que regula el trabajo privado.

“Antes, cuando un cuentapropista se consideraba atropellado por los inspectores, la solución era resolver el problema con los puños o pagarle a un marginal para que le diera una paliza. Ya no. Ahora envían cartas, bien redactadas, a las altas instancias del gobierno, y gran parte de ellos se ponen de acuerdo en cómo actuar. Las quejas van más allá de la apertura de un mercado mayorista o la rebaja de ciertos impuestos. También exigen mayor autonomía, poder importar desde el extranjero y tener un marco jurídico apropiado para invertir en su país”, subraya el funcionario.

El sector particular y el cooperativismo abarcan a más de 700.000 trabajadores, el 30 por ciento de la fuerza laboral en Cuba. Pregúntenle a Francisco Valido, ex cooperativista de una base de ómnibus ruteros y abierto crítico del régimen, y le detallará de las estrategias sinuosas de los servicios especiales e instituciones laborales del Estado, siempre propensas a negociar.

Valido ha ofrecido decenas de entrevistas a periodistas alternativos y participado en programas de Radio Martí, medio de prensa considerado villano por los hermanos Castro y su seguidores. Pero nunca, a pesar de las presiones, pudieron despedirlo de su trabajo.

Válido escribió cartas al Consejo de Estado y al Ministro de Transportes, reclamando una serie de cambios en la concepción de las cooperativas de transporte que redundarían en un servicio más eficiente a la población.

La táctica del Estado fue arrendarle un taxi en moneda dura para intentar acallarlo. “Usan todos los métodos persuasivos posibles con tal de que no continuemos denunciando los casos a la prensa alternativa o los despachos de abogados independientes”, confiesa el dueño de un paladar, que cuando se siente maltratado acude a la prensa libre.

Si alguno de los líderes disidentes, que se pasan la mitad del año viajando al extranjero para participar en cualquier evento más o menos importante, hubieran asesorado a los trabajadores de la fábrica de tabacos de Holguín, quizás su amago de huelga reclamando mejores salarios y condiciones laborales hubiese tenido éxito.

Una mujer vende bebidas como cuentapropista en un barrio de La Habana. EFE
Una mujer vende bebidas como cuentapropista en un barrio de La Habana. EFE

Según Oslay Dueñas, ex funcionario del Ministerio del Trabajo, “el sector cuentapropista es el germen de donde saldrán los grupos y líderes que exigirán reformas económicas de mayor calado. Son una fuerza legal que a la vuelta de dos años puede llegar al millón de afiliados y ofrecen servicios a millones de cubanos con más eficiencia y calidad que el Estado”.

El gobierno lo sabe. De ahí su estrategia de cercarlos con normativas absurdas e impuestos exagerados. La administración de Barack Obama también lo intuye y le presta especial atención.

Cuenta la historia que durante la Segunda Guerra Mundial, un asistente del dictador José Stalin le comentó que el Vaticano le había declarado la guerra. El carnicero de Georgia, con suspicacia preguntó: “Y esta gente, ¿cuántas divisiones de tanques pueden poner en el campo?”. Al no recibir respuesta, siguió preparando estrategias para combatir al enemigo real, la Alemania nazi.

Llevándolo al contexto cubano, la disidencia actual no es capaz de convocar ni siquiera a mil personas para una marcha de protesta y se desgasta en rebatiñas y divisiones internas.

Son los emprendedores privados y el creciente malestar de miles de trabajadores estatales atosigados por bajos salarios y la inoperancia de los sindicatos gubernamentales los que pueden forzar una mayor autonomía.

El rife rafe del régimen con los transportistas en La Habana es una muestra. Ante la decisión del gobierno de pretender topar precios de las rutas de viajes, los taxistas se han organizado para sabotear, con diferentes estrategias, dicha normativa.

La isla es hoy como la lija de una caja de fósforos. Cualquier situación puede desencadenar una protesta. Pero las voces del cambio, anónimas y silenciosas, se encuentran dentro del sector privado. Son los tanques de los que hablaba Stalin.

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    Iván García, desde La Habana

    Nació en La Habana, el 15 de agosto de 1965. En 1995 se inicia como periodista independiente en la agencia Cuba Press. Ha sido colaborador de Encuentro en la Red, la Revista Hispano Cubana y la web de la Sociedad Interamericana de Prensa. A partir del 28 de enero de 2009 empezó a escribir en Desde La Habana, su primer blog. Desde octubre de 2009 es colaborador del periódico El Mundo/América y desde febrero de 2011 también publica en Diario de Cuba.

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