La capital cubana vivió otra noche de tensión este sábado cuando los barrios se convirtieron en el epicentro de nuevos "cacerolazos", una forma de protesta que se ha vuelto el sonido recurrente de una ciudad agotada por la falta de servicios básicos.
La indignación popular estalló tras acumularse cuatro días consecutivos donde, en varias zonas, el fluido eléctrico solo ha estado presente un par de horas.
Lo que comenzó como focos aislados se transformó rápidamente en un fenómeno multiterritorial. Las redes sociales confirmaron ruidos de calderos y concentraciones en puntos diversos de la geografía habanera: en Guanabacoa, en El Roble y el Reparto Naranjo; en Plaza de la Revolución, gritos y cacerolas en La Timba y en Diez de Octubre, Santos Suárez no deja de protestar:
“Como no hay luz nunca y están asaltando, la gente se tira para la calle a exigir que le pongan corriente”, señaló Isabel Lescay, vecina de Santos Suárez.
“En todos los barrios de La Habana, ayer [el sábado], hubo protestas, porque son demasiadas las horas si electricidad”.
Mientras en Guanabacoa, los repartos Naranjo y El Roble también salieron a tocar calderos según confirmó Luis Ángel Peralta quien vive en Pomo de oro a dos cuadras del sitio donde se inició la protesta.
“Fue en el Naranjo, a dos cuadras de acá y en Pomo de Oro, por los apagones. Aquí llevamos cuatro días con el transformador explotado y no han resuelto la luz. Esto es terrible”.
En los videos, grabados cautelosamente para evitar represalias, se percibe la movilización ciudadana en calles oscuras, apenas iluminadas por los faros de algún vehículo. En una de las grabaciones, incluso se alcanza a escuchar la voz de lo que parece ser un agente policial reconociendo el agotamiento tras "5 o 6 días" de tensión ininterrumpida.
“Toda esta barriada, de por aquí por Cayo Hueso y zonas aledañas, toca todas las noches. No se deja de tocar calderos porque es demasiado. Ya no estamos subsistiendo sino mal respirando”, dijo Laura Labrada vecina del Consejo Popular Cayo Hueso.
El descontento ha escalado de la protesta sonora a la acción directa. El pasado viernes, residentes de la calle Maceo, en Regla, bloquearon el tránsito exigiendo soluciones definitivas. La llegada de un camión cisterna no calmó los ánimos; al contrario, los vecinos rechazaron el suministro de agua: "Que pongan el agua y la corriente", fue la frase generalizada, subrayando que no aceptarán paliativos mientras las bombas de los acueductos sigan paralizadas por la falta de energía.
“Son cada 48 horas, una hora y 45 minutos o una hora lo que te ponen de corriente”, explicó Maidelyn Padrón, residente apenas a una cuadra del lugar donde se concentró la población.
“Ahora hay, pero te la pueden quitar en media hora, o en cualquier momento. No hay un calendario para que la gente sepa cuando va a estar sin fluido eléctrico. Ah y eso sin contar, 120 días sin agua. A buchitos, cuando traen una pipa o bombean un poquito pero el agua que debe tener un ser humano, eso aquí no lo hay”, lamentó.
Las reacciones de los internautas escalan desde la frustración por apagones prolongados que en zonas como Placetas o el Vedado superan los cuatro días hasta denuncias extremas de circuitos en Mayabeque que reciben apenas dos horas de servicio eléctrico, desde hace un año.
Mientras algunos usuarios describen la situación como una "vida de perro", otros adoptan un tono más confrontativo, utilizando consignas de "libertad" y llamados a la "rebelión", lo que evidencia que el malestar social ha trascendido la simple queja por el servicio para convertirse en un reclamo político directo.
Esta ola de descontento no es nueva. La semana ha estado marcada por incidentes similares en Centro Habana, Playa y San Miguel del Padrón, coincidiendo incluso con el aniversario 95 de Raúl Castro el pasado martes, día en que la presión popular logró, en algunos puntos, que las fuerzas policiales se replegaran.
El trasfondo de esta agitación es un sistema energético nacional en ruinas: La Unión Eléctrica admitió que este sábado el déficit de generación provocó que aproximadamente el 65% del país permaneció a oscuras durante las horas de mayor demanda.
A la falta de luz se suma la sed. La crisis hídrica afecta a casi 2.7 millones de cubanos. En La Habana, el impacto es crítico: se estima que el 80% de la población sufre irregularidades en el suministro de agua potable.
Mientras el malestar social crece, la respuesta estatal mantiene su modo represivo. El centro de asesoramiento legal Cubalex ha verificado 14 detenciones en la capital vinculadas directamente a estas manifestaciones desde marzo pasado. Pese al riesgo de arresto, el sonido de las cacerolas sigue siendo la única vía de escape para una población que ve cómo su cotidianidad se desvanece entre apagones y escasez.
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