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Béisbol en Cuba: del terreno fértil ayer al desierto estéril de hoy

El poderoso toletero Yordán Alvarez encabeza el reducido contingente cubano que hace mucho ruido en MLB.
El poderoso toletero Yordán Alvarez encabeza el reducido contingente cubano que hace mucho ruido en MLB.

Sumario

  • Varios peloteros cubanos destacan actualmente en Grandes Ligas, liderando estadísticas clave como carreras impulsadas, jonrones y promedio de bateo, pese a ser pocos en número.
  • Cuba fue históricamente el principal exportador de talento latinoamericano hacia MLB, pero el flujo se interrumpió tras la eliminación del profesionalismo en 1962.
  • La fuga de talento adolescente y la cancelación de torneos juveniles han agravado la crisis del béisbol cubano, dejando las Series Nacionales sin relevo generacional.
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Los cubanos, aunque pocos, hacen mucho ruido en las Grandes Ligas.

El pinareño Andy Pagés, de los Dodgers de Los Angeles, es el líder absoluto de carreras impulsadas en todo el béisbol.

El tunero Yordán Alvarez, de los Astros de Houston, encabeza a todos los jonroneros en la Liga Americana, circuito en el que el villaclareño Yandy Díaz, de los Rays de Tampa Bay, lidera a los bateadores en average.

El habanero Miguel Antonio Vargas, de los Medias Blancas de Chicago, es el tercera base con más cuadrangulares y carreras impulsadas en ambas ligas.

El holguinero Aroldis Chapman, de los Medias Rojas de Boston, y el pinero Raisel Iglesias, de los Bravos de Atlanta, son dos de los mejores cerradores de la industria desde hace más de una década, mientras que el habanero Adrián Morejón, de los Padres de San diego, y el avileño Yennier Cano, están entre los relevistas más confiables en los últimos años.

Esto es sólo un botón de muestra de lo que han hecho los nacidos en la Mayor de Las Antillas en el mejor béisbol del mundo, a pesar de que el número de cubanos en cada temporada a duras penas ronda la treintena, cifra que contrasta con los dominicanos y venezolanos, que año tras año se acercan –y a veces superan- el centenar.

Un poco de historia

Desde los orígenes del béisbol en la segunda mitad del siglo XIX, Cuba fue siempre el principal emisor de peloteros extranjeros hacia las Grandes Ligas en Estados Unidos.

Desde una fecha tan temprana como 1871, el habanero Esteban Bellán compartía en el terreno con los pioneros estadounidenses del juego, y hasta 1933, todos los latinoamericanos que pasaron por las Mayores, con la única excepción del colombiano Luis de Castro, fueron cubanos.

El habanero Esteban Bellán fue en 1871 el primer cubano en las nacientes Grandes Ligas.
El habanero Esteban Bellán fue en 1871 el primer cubano en las nacientes Grandes Ligas.

En 1933 llegó el mexicano Mel Almada, en 1939 el venezolano Alejandro Carrasquel, en 1942 el puertorriqueño Hiram Bithorn y el 1956 el dominicano Ozzie Virgil.

Almada, Bithorn y Virgil ya vivían en Estados Unidos, donde fueron descubiertos por los cazatalentos, y Carrasquel fue visto en la Liga Profesional de Cuba, a donde había ido a jugar con el club Almendares.

En aquel entonces, los scouts sólo iban a La Habana en busca de extranjeros. México, República Dominicana, Puerto Rico y Venezuela no interesaban para nada a las organizaciones de las Mayores, y no fue hasta después del triunfo de Fidel Castro en 1959, que los equipos de Grandes Ligas comenzaron a mirar hacia otros horizontes, para reemplazar al talento cubano.

Hasta la llegada de Castro al poder, Cuba, aparte de ser el principal y casi único emisor de talento extranjero hacia MLB, dominaba las Series del Caribe y era campeón mundial amateur.

Tras la eliminación del profesionalismo en la isla en 1962, se cortó de golpe el flujo de peloteros cubanos a las Grandes Ligas y por 30 años, todo el talento se concentró en los torneos domésticos, que llegaron a tener un nivel cercano a la Triple A, con decenas de figuras con potencial suficiente para haber brillado en las Mayores.

En 1991, el lanzador René Arocha abandonó el equipo nacional durante una escala en Miami y al llegar a jugar con los Cardenales de San Luis dos años después, le abrió los ojos a muchos otros, que siguieron sus pasos.

Esa acción de Arocha marcó un antes y un después en la historia del béisbol cubano, al romper un muro político establecido por el régimen, tal como hiciera en 1947 Jackie Robinson con la barrera racial.

El béisbol cubano en estado de coma

Mucha agua ha corrido bajo el puente desde el salto de Arocha en 1991.

Inmediatamente después, decenas de peloteros cubanos, ya establecidos en las Series Nacionales, escaparon para labrarse su propio futuro.

Pero desde hace ya varios años se ha producido un fenómeno diferente, que, junto a otros factores extradeportivos, ha llevado al béisbol cubano a vivir hoy las horas más bajas de su historia: la fuga de talento adolescente.

Tras la desaparición de la Unión Soviética en diciembre de 1991 y el fin del inagotable soporte económico de Moscú, la economía de la isla entró en un retroceso indetenible, que obligó a recortar los recursos que se destinaban al desarrollo deportivo desde edades tempranas.

Más recientemente, en medio de las actuales circunstancias de supervivencia, las autoridades deportivas cancelaron todos los torneos provinciales y nacionales de categorías infantiles y juveniles.

No hay relevo y en las depreciadas Series Nacionales siguen veteranos de más de 40 años, que hace mucho vieron pasar sus mejores tiempos, pues no aparecen las figuras que los reemplacen.

Muchos padres, a sabiendas del talento natural de sus hijos, han optado por sacarlos del país, principalmente hacia República Dominicana, donde se integran a las academias existentes allí y que sirven como trampolines para la firma de contratos como agentes libres internacionales.

Ya ni esperan a debutar, aún en edades juveniles, en las Series Nacionales. ¿Por qué demorar un paso, cuando no hay futuro en el país?

Pero siguen siendo pocos y aunque la pelota está en el ADN de los cubanos, los muchachos llegan a las academias con muchas carencias, desde alimenticias, hasta de falta de tiempo de juego y entrenamiento, así como marcadas deficiencias, que a duras penas consiguen pulir antes de plasmar sus firmas con las organizaciones de Grandes Ligas.

Desde que abrió el período de firmas internacionales del 2026 en enero pasado, sólo 20 cubanos asentados en República Dominicana han conseguido pactar con diferentes franquicias de Estados Unidos, mientras que los quisqueyanos y venezolanos ya se acercan a 300.

El joven Rubén Gallegos consiguió un bono de 1.8 millones al pactar con los Diamondbacks en el actual período de firmas internacionales.
El joven Rubén Gallegos consiguió un bono de 1.8 millones al pactar con los Diamondbacks en el actual período de firmas internacionales.

¿Por qué esa diferencia de números? Principalmente, porque el camino que tienen que seguir los chicos cubanos es totalmente anormal y diferente al proceso que llevan a cabo los jóvenes peloteros de otros países.

Por ahora, el deporte nacional está en estado de coma y con respiración asistida. El terreno en extremo fértil que en términos beisboleros fue históricamente la Mayor de Las Antillas, es hoy un desierto estéril, que exige cambios drásticos e inmediatos, como un reflejo de toda la sociedad cubana, que permitan a sus peloteros reclamar el trono que le pertenece ancestralmente.

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    Jorge Morejón

    El béisbol es mucho más que un deporte para Jorge Morejón. Es su religión. Por más de 35 años se ha dedicado a esta pasión, primero en Cuba y desde 1998 en Estados Unidos. Ha sido columnista de El Nuevo Herald, Univision.com, FOX Sports y ESPN. En 2022 ganó un premio Emmy como realizador del documental “René Arocha, el Jackie Robinson cubano”. 

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