Ante el colapso continuado del Sistema Eléctrico Nacional (SEN), la Asociación Sindical Independiente de Cuba (ASIC) advirtió, en un estudio publicado recientemente, que los apagones prolongados en la isla ya no pueden imaginarse como una simple falla técnica o una contingencia temporal, sino que se trata de una crisis energética estructural y acumulada que golpea la dignidad, la salud, la alimentación y los derechos laborales de millones de familias.
El Observatorio de Derechos Laborales y Sindicales identificó un alarmante deterioro institucional y de infraestructura, evidenciando que la generación bruta total del país cayó drásticamente durante los últimos años.
De acuerdo con los datos analizados por la ASIC, que coinciden con los registros oficiales de la Oficina Nacional de Estadística e Información (ONEI), el sistema padece de cuatro elementos fundamentales: Insuficiencia severa de generación disponible y una dependencia extrema de combustibles fósiles.
Al respecto, el especialista Yoel Brito, asesor y representante de la ASIC en el extranjero, señaló que "es un petróleo altísimo en azufre que lo que ha hecho es terminar con la vida útil de estas termoeléctricas en tiempo récord".
Agregó que otro de los padecimientos del sistema energético nacional es el envejecimiento obsolescente de los activos térmicos, la falta crónica de mantenimiento y el deterioro profundo de las redes de transmisión y distribución.
La ASIC subrayó que el problema trasciende la ingeniería eléctrica: Cada apagón profundiza la desigualdad, paraliza pequeños negocios, daña alimentos esenciales e interrumpe la atención
La falta de control ciudadano, la opacidad estatal y una baja calificación en el Índice de Percepción de la Corrupción de Transparencia Internacional han sepultado, según la ASIC, la viabilidad del modelo actual.
Brito considera que la reconstrucción del sistema es factible a corto y mediano plazo, siempre que se cuente con un programa integral, una planificación adecuada y estabilidad institucional.
Del mismo modo enfatiza que es indispensable una reforma institucional y regulatoria que garantice transparencia, autonomía técnica y sostenibilidad financiera, además de financiamiento internacional preciso e inversión privada.
Igualmente destaca como determinante la participación activa tanto del sector privado como de las comunidades, así como la capacidad de ejecución de los inversionistas en un entorno político y económico estable.
“La recuperación inicial, según especialistas que hemos consultado, podría lograrse en un plazo de 2 a 5 años, mientras que la modernización completa del sistema llevaría entre 6 y 8 años, pero, por supuesto, ya existiría electricidad en toda la isla y ya los pueblos no tendrían que padecer esta crisis inhumana”, recalcó.
La ASIC concluye con un emplazamiento directo al Gobierno cubano para que cese la persecución contra quienes denuncian la crisis, y exhorta a los organismos internacionales, bancos de desarrollo y fondos climáticos a condicionar cualquier apoyo financiero a Cuba, a estándares estrictos de transparencia, derechos laborales y rendición de cuentas.
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