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La tercera edad del "Boss"


El cantante estadounidense Bruce Springsteen, en el Movistar Arena en Santiago de Chile (2013).

Ha vendido 120 millones de discos, ha ganado 20 premios Grammy, dos Globos de Oro y un Óscar, y el título de su últimos disco, "High Hopes" (Grandes esperanzas) no deja lugar a las dudas de su estado de ánimo.

Nadie lo diría, pero Bruce Springsteen, "The Boss", cumple mañana 65 años, una espléndida entrada en la tercera edad sin ánimo de bajar su actividad musical, sin dejar de sacarle los colores, los buenos y los malos, a su
bandera y, eso sí, empezando a contar cuentos.

Ha vendido 120 millones de discos, ha ganado 20 premios Grammy, dos Globos de Oro y un Óscar, y el título de su últimos disco, "High Hopes" (Grandes esperanzas) no deja lugar a las dudas de su estado de ánimo. En su caso no es que el viejo rockero nunca muere, sino que, directamente, no envejece.

Solo la publicación de "Outlaw Pete", el cuento no tan infantil que saldrá a la venta el 4 de noviembre, puede indicar que Springsteen está cerca de la figura de un abuelo, pero en cada concierto que da en directo, con estadios abarrotados y sin mirar la hora, se aleja más y más de una posible jubilación.

"La vida adulta consiste en lidiar con un gran número de preguntas que no tienen respuesta. Ese es el misterio que dejo que se instale en mi música. No niego nada. No defiendo nada. Solo vivo con ello", es la gran lección que la edad ha dado a Springsteen. Una lección liberadora y rejuvenecedora.

Nació "in the USA", por supuesto, pero en concreto en New Jersey, en un hogar de clase ya no obrera, sino en busca de trabajo. Su madre era la que traía el dinero a casa, y su padre, sin empleo, se debatía entre la autocompasión y la crisis de masculinidad.

Foto de archivo del músico estadounidense Bruce Springsteen.
Foto de archivo del músico estadounidense Bruce Springsteen.

Ese modelo de familia, aunque no veía con buenos ojos su pasión por la música, le llevó a una profunda admiración por el tesón de la mujer y un entendimiento del trabajo como dignificación del hombre, lo que le permite definir su método para el éxito en directo a la simple fórmula de "salir (al escenario) y sudar", como suele decir.

"Creo que la política viene de la psicología, y la psicología viene de tus años de formación, por supuesto", aseguraba hace dos años en París, y es por eso que ha luchado siempre desde las letras de sus canciones, siempre combativas desde el costumbrismo.

Y es que fue su música la que le puso en contacto con el mundo.

"Hasta que me di cuenta de que la música rock era mi manera de conectarme con el resto de la raza humana sentía que me moría, por alguna razón que desconocía", es como define su pasión.

"Nebraska", "Atlantic City", "Streets of Philadelphia", "Land of Hope and Dreams", "American Skin (41 Shots)" o "Independence Day", además de ese "Born in the USA", que fue utilizado a su pesar por Ronald Reagan para su reelección, dan a entender lo pegada que está su inspiración a su país, y su película favorita cuando era niño era el "western" de John Ford "The Searchers" (Centauros del desierto).

Siempre orgullosísimo de sus orígenes, Springsteen se ha convertido así en el heredero natural de su admirado cantautor folk Pete Seeger, a quien dedicó el disco "We shall overcome", y como él lucha por desviar el orgullo patriótico de quienes tienen el relumbrón estelar a los que baten el cobre, "marcar la distancia entre la realidad americana y el sueño americano", como él dice.

Con o sin su legendaria The E Street Band, con sus aproximaciones a la balada, al "country" o incluso al pop, Bruce Springsteen no ha buscado desesperadamente renovar su público y no ha entrado en las estrategias de promoción de las compañías discográficas (cada vez es más alérgico a las entrevistas) sino por caminar del lado de los acontecimientos, que ha seguido siempre de cerca.

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