En Cuba, hay una voz que se cuela entre las grietas de la Isla esclava, como un río de luz para irrigar las tinieblas: la voz de José Martí.
¿Por qué vuelve Martí hoy cuando tanta juventud lo identifica con el castrismo, y cuando el desconocimiento sobre su vida entre los cubanos parece alejarlo definitivamente? Martí vuelve a Cuba desde el amor, desde la claridad del propósito de salvar a Cuba, y desde la necesidad de anteponer al ruido de la propaganda, la verdad limpia como una campanada definitiva.
“Yo abrazo a todos los que saben amar. Yo traigo la estrella, y traigo la paloma en mi corazón”.
En palabras del propio José Martí: sólo el amor construye. Martí nos presenta la necesidad, vivida y sufrida por él mismo en su propia carne, de acercarnos a Cuba desde el amor. Él, que había pasado gran parte de su vida fuera de Cuba, poseía un conocimiento concreto e intuitivo de la Isla. Es desde al amor que entiende que la independencia es el único camino posible; y es desde el amor que anima, motiva, levanta a los guerreros del 68 para que otra vez se echen al campo de batalla. Habla a los jóvenes emigrados para que ayuden a sus iguales en la Isla. La gran victoria de Martí fue esa, ver en la tormenta un camino preciso, y aunar las fuerzas positivas de la nación.
Ese amor es un símbolo hoy: en las celdas tapiadas de Boniato, en los cuartos de interrogatorio de Villa Marista, en el bohío sombrío y sin pan, en las calles abultadas de basura y escombros, en las aulas universitarias donde se enfrentan el sentido común y el adoctrinamiento, Martí nos acompaña y nos guía.
“Yo quiero que la ley primera de nuestra república sea el culto de los cubanos a la dignidad plena del hombre.”
La claridad de propósitos viene de ese amor ordenado y constante que le profesó Martí a su tierra. La revolución traicionera instaurada en 1959 no puede estar más lejos de Martí, porque si hay algo que han demostrado estos 67 años de férrea dictadura es el culto a la destrucción integral del ser humano, del cubano, y de la nación, desde el odio, la mentira, la muerte.
Martí hoy nos llama, desde su eternidad, a retomar el camino de la lucha por restituir la dignidad plena a todos los cubanos, que solamente puede lograrse desde la libertad.
“O la república tiene por base el carácter entero de cada uno de sus hijos, el hábito de trabajar con sus manos y pensar por sí propio, el ejercicio íntegro de sí y el respeto, como de honor de familia, al ejercicio íntegro de los demás; la pasión, en fin, por el decoro del hombre, o la república no vale una lágrima de nuestras mujeres ni una sola gota de sangre de nuestros bravos.”
Se habla de desunión en la actualidad, el discurso de desesperanza del régimen se infiltra entre los que buscan el cambio en la Isla y en la diáspora, pero la realidad es que estamos unidos en el propósito fundamental: salvar a Cuba. Las voces multicolores de la Isla y el destierro son parte de ese caleidoscopio que será la Cuba nueva. Salvar a Cuba es un imponderable de la razón y del decoro. Salvar a Cuba es una promesa que le debemos a quienes nos antecedieron y a los que están por nacer. Salvar a Cuba es la posibilidad de recobrar el espacio nuestro, el hábitat natural de donde nunca debimos ser arrancados, o donde nunca debimos ser reprimidos.
“¡Es el sueño mío, es el sueño de todos; las palmas son novias que esperan: y hemos de poner la justicia tan alta como las palmas!”
La verdad que libera debe ser dicha sin tapujos, la verdad que rompe la propaganda y habla de quienes somos en realidad y de qué ha ocurrido en nuestro devenir.
Es hora de que redoblen las campanas de las iglesias en las plazas de Cuba. Ya las primeras campanadas han sonado. Nuestra verdad pasa por la forja de una identidad propia, delineada por el Padre Félix Varela: no hay patria sin virtud, ni virtud con impiedad. La lucha por la independencia. La fundación de una república imperfecta, pero que en 1952 era próspera y libre. La lucha contra la dictadura de Batista donde jóvenes como el bautista Frank País y el católico José Antonio Echeverría ofrendaron sus vidas. La lucha contra el totalitarismo comunista de los Castro. De esos jóvenes como Virgilio Campanería y Alberto Tapia Ruano, que murieron frente al paredón de fusilamiento gritando Viva Cristo Rey, Viva Cuba Libre. De los miles de presos políticos. Los miles de balseros muertos en el estrecho de la Florida. De los intelectuales que crearon el Comité Cubano Pro-Derechos Humanos, y los mártires de la no violencia activa: Orlando Zapata, Laura Pollán, Oswaldo Payá, Harold Cepero, entre otros. De los cubanos que salieron a las calles el 11 de julio de 2021 a gritar Libertad. De los jóvenes cubanoamericanos asesinados en las avionetas de Hermanos al Rescate: Mario, Carlos, Armando, Pablo. De esa semilla heroica y profunda, está regado el suelo fecundo desde donde construiremos la patria nueva, con el favor de Dios.
“La patria es dicha, dolor y cielo de todos y no feudo ni capellanía de nadie.”
Ya los rayos de luz comienzan a romper la larga noche. Es hora de echar a andar, es hora de la libertad. Y en esa república nueva que hemos de fundar, renacerá Martí en su verdadera dimensión: ni Dios inalcanzable, ni autor intelectual del Moncada. Martí el hombre, humilde y visionario, amante de su pueblo, fiel a la promesa de la libertad y a la capacidad de los cubanos, todos, de establecer un espacio común de respeto mutuo, dignidad y decoro.
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