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Internet en Cuba: con más penas que glorias


Varias personas se conectan a internet desde una sala de navegación hoy, 4 de junio de 2013, en La Habana (Cuba). Los cubanos estrenaron este martes nuevos servicios para conectarse a internet con la apertura de 118 nuevas salas de navegación en todo el p

El alto costo de la vida en Cuba ha crispado los bolsillos de probables consumidores. No es que internet no interese a la gente, pero es añadir una nueva carga al presupuesto familiar.

Según un estudio de mercado realizado en 2010 por la empresa de telecomunicaciones de Cuba (ETECSA), se preveía que entre un millón 500 mil y dos millones de personas optarían por el servicio de internet aunque fuera en divisas.
Tomando como muestra la telefonía móvil, donde la línea llegó a costar 120 cuc, el salario de seis meses de un profesional, la novedad tecnológica empujó a muchos cubanos a pagar ese precio.

Después los costos se 'abarataron'. Hoy una línea cuesta 30 cuc: casi el salario de dos meses de un obrero. Pero las estadísticas estaban a favor de ETECSA.
El número de líneas móviles supera al de la telefonía fija. Los usuarios de celulares rondan los dos millones. Mientras los abonados a la telefonía clásica no llegan al millón y medio.

Se pensaba que la comercialización de internet, a partir de las 118 salas abiertas el 4 de junio, sería una golosina. El estudio de factibilidad calculaba que herramientas como Twitter y Facebook llevaría a los más jóvenes a pagar en moneda dura los altos precios.

No ha sido así. Al menos hasta la fecha. Un sector amplio de la población desearía poder acceder a internet. “Pero no voy a cambiar mi presupuesto familiar. Cada mes gasto 100 pesos convertibles en conseguir carnes, pescados y mariscos en el mercado negro. Claro que me interesa internet, pero si mi esposa, mis dos hijos y yo nos conectáramos a internet una vez a la semana, gastaríamos 72 cuc al mes. Y comeríamos menos. Por ahora tendremos que esperar”, comenta Raúl, 56 años, ingeniero civil.

Según reportes oficiales, solo 11 mil usuarios habían contratado los nuevos servicios en los primeros quince días. Una cuenta rápida nos dice que el promedio de usuarios en cada una de las 118 salas ha sido de 94.

Poco más de 6 usuarios por día. Las expectativas eran mayores. “La sala donde trabajo, en el reparto Casino Deportivo, casi siempre está vacía. La mayoría ha optado por pagar 1.50 cuc para abrirse una cuenta de correo internacional. Intranet, una red local, a pesar de ser la más barata, 0.60 centavos, ha tenido poca aceptación. E internet, que cuesta 4.50 está lejos de tener la repercusión que se
esperaba”, señala la empleada.

Un ingeniero de ETECSA enrolado en los trabajos técnicos para mejorar y ampliar la conectividad también se muestra decepcionado. “Ha tenido más eco mediático, tanto internacional como nacional. La realidad es dura y simple: el alto costo de la vida en Cuba ha crispado los bolsillos de probables consumidores. No es que internet no interese a la gente, pero es añadir una nueva carga al presupuesto familiar. Habrá que hacer ajustes, rebajar los precios y permitir que se pueda pagar en moneda nacional”.

El nuevo servicio, además, esconde tras sí una historia salpicada por un trabajo técnico chapucero, corrupción y robo de dinero. La iniciativa de diseñar un cable submarino que pudieran administrar Cuba y Venezuela se canalizó en 2008.
El proyecto contaba con un presupuesto de 70 millones de dólares y también enrolaba a Jamaica. Su trazado se inició en la región venezolana de La Guaira y culminó en el poblado Siboney, Santiago de Cuba.

En febrero de 2011 el cable llegó a costas cubanas. El trabajo no fue bueno. Según una fuente que laboró en el proyecto, se compraron materiales de baja calidad. “Algunos tramos del trazado fueron dañados por depredadores marinos. Un ingeniero clave del proyecto desertó en Panamá. Medio centenar de funcionarios de ETECSA se vieron envueltos en escándalos de corrupción relacionados con el cable. Los separaron de sus puestos de trabajo y están a la espera de ser enjuiciados. Deduzco que al menos 15 millones se desfalcaron”.

Después de la llegada del cable a Cuba comenzó un culebrón de intrigas. En junio de 2010 el ALBA 1, como se le conoce, se hizo operativo. Pero el tráfico de datos no comenzó a gestionarse hasta tres años después. Aunque fuentes de todo crédito sostienen que antes de hacerse efectiva la conexión en las 118 salas cubanas, el cable submarino trasmitió paquetes de datos concernientes a las elecciones de Venezuela en octubre de 2012, las regionales de diciembre de ese año y las presidenciales de abril 2013, donde en un dudoso plebiscito Nicolás Maduro superó reñidamente a Henrique Capriles.

Empresas internacionales que rastrean el tráfico en internet detectaron altos volúmenes de transmisión desde finales de 2012 en el ALBA 1. La capacidad operativa del cable permite mejorar la conectividad en Cuba. Su velocidad, teóricamente, es 3 mil veces más rápida a la conexión actual.

La isla podría desechar el ancho de banda satelital actual, inferior a cualquier centro universitario en Estados Unidos. De una conexión entre 50 Kilobyte y 100 a 2 Megabyte y en un fututo inmediato a más de un Gigabyte.

Un especialista aclara que de antemano había una infraestructura creada. “Existe un cable de fibra óptica que abarca todo el territorio nacional. También el 98% de las centrales telefónicas son digitales. Pero después que los socios italianos abandonaron sus negocios en ETECSA, la obsolescencia tecnológica ha frenado el proyecto. Se deben hacer inversiones de varios cientos de millones de dólares. A pesar de que se amortizarían en un plazo breve, las obras marchan a paso de tortuga”.

El régimen cubano observó por su retrovisor los incidentes de la Primavera Árabe y el papel movilizador de las nuevas tecnologías. Un funcionario de ETECSA piensa que ésa pudiera haber sido una de las causas para ralentizar los trabajos de conexión a internet.

Luego de tres años de silencio se hizo la luz. El acceso en las nuevas salas de navegación es de 2 Megabyte. Veinte veces superior a la de hoteles 5 estrellas como el Saratoga, donde en abril de este año se hospedó la cantante estadounidense Beyoncé y su esposo Jay Z.

Ningún empleado del hotel Saratoga me pudo explicar las causas de por qué, a pesar que la hora de internet cuesta 10 pesos convertibles, se mantiene la conexión a 100 kilobyte.

“Se negocia el monto de dinero que la empresa de turismo debe pagar. Pero también los hoteles se beneficiarán de una mejor conectividad del cable ALBA 1 que ya es operativo en las nuevas salas”, expresa el funcionario. En declaraciones recientes, un directivo de ETECSA dijo que en 2013 se pondrá en marcha el wi-fi de pago en áreas cerradas como instalaciones turísticas y centros de negocios. Y a largo plazo no se descarta ofrecer acceso a la red desde móviles.

Otro problema a resolver por la empresa cubana de telecomunicaciones en el futuro es el bajo número de usuarios a la telefonía fija: en Cuba solo el 19% de la población tiene teléfono en su casa. Y esto es imprescindible para la conexión a internet desde los hogares, inicialmente previsto para fines de 2014. Aunque según el directivo de ETECSA, piensan hacerlo con tecnología ADSL y no a través de la red telefónica, por su mala calidad y no estar diseñada para acceder a internet.

A pesar de que la isla parece insertarse de lleno en siglo 21, con la llegada de internet y la televisión digital en una mayor escala, los altos precios constituyen un freno para el cubano de a pie. Para muchos, la web sigue siendo un mundo mágico o de ciencia ficción. Y pocos se atreven a cambiar dos libras de carne de res que en el mercado negro cuesta 4.40 cuc, por una hora de internet a 4.50 cuc.
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    Iván García, desde La Habana

    Nació en La Habana, el 15 de agosto de 1965. En 1995 se inicia como periodista independiente en la agencia Cuba Press. Ha sido colaborador de Encuentro en la Red, la Revista Hispano Cubana y la web de la Sociedad Interamericana de Prensa. A partir del 28 de enero de 2009 empezó a escribir en Desde La Habana, su primer blog. Desde octubre de 2009 es colaborador del periódico El Mundo/América y desde febrero de 2011 también publica en Diario de Cuba.

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