Se agrava crisis de la vivienda en Cuba; madres ponen rostro al drama humano de las personas sin techo

Mario Luis Poll conversa con un vecino dentro de una mansión en ruinas, en la que residen seis familias, en la calle Villegas de La Habana, Cuba, el 5 de octubre de 2023. Foto AP/Ramon Espinosa.

La protesta de un grupo de madres sin hogar en Santa Clara volvió a poner en primer plano la profunda crisis habitacional que atraviesa Cuba, marcada por desalojos, viviendas improvisadas, escasez de materiales y la ausencia de soluciones reales para miles de familias.

Una reciente protesta de madres en Santa Clara ilustra la larga y grave crisis habitacional cubana: familias que ocupan locales abandonados o construyen ranchos improvisados en zonas despobladas enfrentan presiones, amenazas de desalojo y, con frecuencia, demoliciones por parte de las autoridades, sin que se ofrezcan alternativas habitacionales reales.

“Estamos desesperadas, hemos hablado con el gobierno, con asistencia social, con todo, y nunca nos han dado respuesta. Y hay casos aquí de hasta de 15, 14 años en esta lucha de ver qué pueden hacer con nosotros”, declaró Katia Nodarse, una de las cerca de dos decenas de madres sin hogar que se atrincheraron en octubre de 2026 en la antigua academia de boxeo de Caracatey, en Santa Clara (Villa Clara), a la colega Ivette Pacheco de Martí Noticias.

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“Estamos desesperadas”: madres reclaman una solución habitacional en Santa Clara

Entre 17 y 18 madres con alrededor de 73-80 niños llevaban dos semanas en la academia de boxeo, hoy en desuso por falta de alimentos para los deportistas. Las mujeres denunciaron hambre, escasez de agua y alimentos, niños enfermos, amenazas de acusación por desobediencia, presencia de funcionarios del Ministerio del Interior vestidos de civil que preguntaron y grabaron, y el temor a ser encarceladas y separadas de sus hijos.

Las mujeres temían que las sacaran violentamente del local abandonado que han ocupado como último recurso. “Estamos con miedo, no dormimos, tenemos miedo porque nos han amenazado que vienen a quitarnos nuestros hijos y a meternos presas. Nos estamos preparando desde ayer porque tenemos noticia que venían hoy con las avispas (Boinas Negras, tropas antidisturbios) mujeres de La Habana a darnos golpes, a sacarnos de aquí a la fuerza", dijo Carmenli Jiménez Rojas, madre de dos hijos y enferma de lupus, diabetes e hipertensión.

Solo un botón de muestra

Estas palabras condensan el drama humano de miles de personas sin un techo seguro en Cuba: madres solteras, niños pequeños, adolescentes y familias que, tras años de gestiones infructuosas, ocupan locales abandonados o construyen ranchos improvisados en terrenos despoblados ante la ausencia de alternativas reales, y con la espada de Damocles del desalojo sobre sus cabezas. Otras en edificaciones antiguas se dice que duermen con un ojo cerrado y el otro mirando al techo, esperando un derrumbe, a menudo con saldo fatal.

La penuria de la falta de vivienda encuentra eco mensualmente en los informes del Observatorio Cubano de Conflictos (OCC) y otras fuentes independientes:

-En agosto de 2026, un reel mostró cómo tres madres y sus hijos (incluida una niña con síndrome de Down) eran desalojados violentamente de una vivienda en la calle Máximo Gómez, Ciego de Ávila; la Policía se llevó a las familias.

-En Centro Habana, en julio de 2026 vecinos desalojados del edificio en riesgo de derrumbe de Campanario y Neptuno estuvieron durante semanas durmiendo a la intemperie en la acera con sus muebles, sin alternativa.

-En junio de 2026, varias mujeres y familias (incluidos niños huérfanos) que se habían refugiado en un inmueble en desuso en la Esquina de Toyo (Diez de Octubre, La Habana) fueron desalojadas sin contemplaciones; el operativo fue captado en video y denunciado por el activista Orlando Ramírez Cutiño, quien documentó cómo las sacaron a la calle.

-En abril de 2026 la policía exigió la demolición del rancho levantado en una zona despoblada de La Habana por una madre inmigrante de Guantánamo con seis hijos menores.

-En septiembre de 2025 vecinos del albergue estatal (supuestamente temporal) “La Aldea” en Habana del Este —damnificados de derrumbes de hace más de 20 años— denunciaron promesas incumplidas de reubicación mientras se priorizan hoteles.

-En julio de 2024, 30 madres protestaron contra su desalojo forzoso de un edificio abandonado en Santiago de Cuba. Ellas habían ocupado el lugar desde hacía dos años.

- En junio de 2021 más de 40 familias que levantaron casas improvisadas de madera en los Jardines de la Polar (Puentes Grandes, Playa, La Habana), fueron amenazadas con multas y pérdida de la custodia de sus hijos.

-Un año después del huracán Melissa (octubre 2025), más de 70.000 familias en Santiago de Cuba seguían sin recuperar sus viviendas, con más de 106.000 dañadas y recuperación limitada por falta de combustible y materiales.

Personas recuperan pertenencias de su vivienda, destruida por el huracán Rafael, en Alquízar, Cuba, el 7 de noviembre de 2024. (Foto AP/Ramón Espinosa)

La crisis en números

Cifras oficiales y estimaciones independientes dimensionan la crisis:

-Déficit de 805.583 viviendas según el Ministerio de la Construcción ante la Asamblea Nacional en julio de 2025 (407.219 por construir desde cero y 398.364 que requieren rehabilitación).

-Multiplicado por un tamaño medio conservador de un núcleo familiar de tres, existen alrededor de 2,42 millones de personas afectadas directamente.

-El 35 % del fondo habitacional (alrededor de 1,4 millones de unidades sobre un total aproximado de 4,1 millones) está en estado regular o malo.

-Alrededor de 1.000 edificios colapsan o sufren derrumbes parciales al año solo en La Habana; persisten decenas de miles de afectaciones pendientes por ciclones y sismos (más de 94.000 en reportes de 2025).

El gobierno ha ido reduciendo la construcción de viviendas a favor de la de hoteles y de que los cubanos asuman de manera privada las soluciones habitacionales.

-En 2024 se terminaron apenas 7.427 unidades (55 % del plan); en 2025 cayó a 5.493 (26 % menos, 83 % por debajo del pico de 2021), con el sector estatal aportando solo unas 1.791 (alrededor del 32 %).

¿Construir una casa? En la cima del mundo

La carestía y escasez de materiales de construcción hacen inaccesible para la mayoría cualquier solución autónoma.

-En el mercado informal y mipymes, un saco de cemento P250 de 25 kg se ha reportado entre 5.500 y 14.000 CUP (según zona y disponibilidad); tejas de zinc de 1 × 3,80 m alrededor de 11.000 CUP; cajas de losas (≈1–1,6 m²) de 10.000–10.500 CUP; y pintura importada de 15 litros cerca de 18.000 CUP.

-En tiendas estatales de Santa Clara se ofertaron tableros a 3.000 CUP y vigas de madera aserrada a 2.900 CUP.

-La mano de obra también es cara (hasta 120.000 CUP por una instalación hidráulica completa en La Habana). El salario mínimo nacional (3.210 CUP mensuales a partir de julio de 2026) convierte un solo tablero o varios sacos de cemento en el ingreso de un mes. La producción oficial de cemento, acero y arena ha caído drásticamente.

En conjunto, el abandono estatal, el déficit creciente de viviendas, la construcción estatal mínima, los precios inalcanzables y la preferencia por desalojos y demoliciones de ranchos u ocupaciones generan un ciclo de precariedad.

Las madres con decenas de niños atrincheradas en Santa Clara representan apenas un punto en un universo de miles de familias en situaciones similares en toda la isla, que permanecen en el límite entre la desesperación y la resistencia, reclamando un techo que el sistema ya ni siquiera promete.

Luzanne de la Castro y su hija están en la puerta de su casa dañada tras el paso del huracán Ian en Pinar del Río, Cuba, el 27 de septiembre de 2022. REUTERS/Alexandre Meneghini

Lo que dice la ONU

Las Naciones Unidas proclaman el derecho a una vivienda adecuada como parte del derecho a un nivel de vida adecuado en el texto de la Declaración Universal de Derechos Humanos y Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales.

Según el Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales esto no se limita a “cuatro paredes y un techo”, sino a vivir en seguridad, paz y dignidad. Las características mínimas incluyen:

-Seguridad jurídica de la tenencia (protección legal contra desalojo forzoso, hostigamiento y amenazas)

-Asequibilidad (costos que no comprometan otras necesidades básicas)

-Habitabilidad (espacio suficiente y protección contra frío, humedad, calor, lluvia, riesgos estructurales y enfermedades)

-Disponibilidad de servicios, materiales, instalaciones e infraestructura (agua potable, saneamiento, energía, etc.)

-Accesibilidad: la vivienda no es adecuada si no se toman en consideración las necesidades específicas de los grupos desfavorecidos y marginados.

-Ubicación: la vivienda no es adecuada si no ofrece acceso a oportunidades de empleo, servicios de salud, escuelas, guarderías y otros servicios e instalaciones sociales, o si está ubicada en zonas contaminadas o peligrosas.

-Adecuación cultural: la vivienda no es adecuada si no toma en cuenta y respeta la expresión de la identidad cultural.

“¿Hay para unos y para otros no?”

Buscando disimular su intolerancia a invertir en viviendas tradicionales, el Gobierno impulsa la reconversión en módulos habitacionales de contenedores marítimos, procedentes en gran medida de importaciones de parques solares desde China. Se anunciaron más de 3.500 unidades en una primera etapa, pero hasta fechas recientes se habían terminado solo unas pocas decenas. Los beneficiarios deben asumir créditos bancarios del orden de 900.000 CUP.

Expertos advierten sobre el calor extremo en el clima cubano sin aislamiento adecuado ni climatización viable por los apagones, la corta vida útil y la escala insignificante: 3.500 unidades representan apenas alrededor del 0,4 % del déficit de nuevas viviendas. El programa se presenta como alternativa de emergencia, pero no resuelve la escasez estructural de materiales ni la producción estatal.

Ante la entrega por Miguel Díaz-Canel de las dos primeras unidades basadas en contenedores a mujeres que llevaban años esperando solución, la cubana Esther Roble comentó al pie de la información en el sitio de la Presidencia de Cuba:

“Bueno, para que las personas sin hogar tengan donde vivir. Pero ¿por qué no darles un mejor confort en cuanto a materiales? Porque en Playa sí hay recursos para construirles a militares viviendas, y hasta con calentadores solares y todo. Donde haya un placer (terreno baldío) ahí mismo les construyen edificios y en un abrir y cerrar de ojos les hacen sus apartamentos. No sé, me pregunto yo, ¿hay para unos y para otros no?”