De cumplir su promesa, se inicia el conteo regresivo para Raúl Castro

Raúl Castro (i), el primer vicepresidente cubano, Miguel Díaz-Canel (c-detrás) y los también vicepresidentes Ramón Machado Ventura (c-frente), Ramiro Valdés (2-d) y Salvador Valdés Mesa (d), asisten hoy, sábado 20 de diciembre de 2014.

Sorpresivamente el 24 de febrero de 2013, al ser nombrado por segunda vez, Castro informó que no aceptaría una reelección.

Tras más de medio siglo gobernada por los hermanos Castro, Cuba prepara un relevo institucionalizado y suave para tal día como hoy de 2018, cuando Raúl Castro deje la Presidencia, una herencia plagada de incertidumbres que previsiblemente recaerá en el vicepresidente Miguel Díaz-Canel.

Regularmente, los 24 de febrero, cada 5 años, instala su sesión constitutiva para elegir al presidente, vicepresidente y secretario de la Asamblea Nacional. También los delegados eligen la propuesta de la Comisión de Candidaturas Nacional, a los miembros del Consejo de Estado y de Ministros.

El 24 de febrero del 2013, Raúl Castro prometió que no se postularía para un nuevo período de mando. Por tanto, para la sesión constitutiva del 24 de febrero del 2018 se eligirá a la jefatura del Consejo de Estado y Ministros a otro persona.

Miguel Díaz-Canel

No obstante, Raúl Castro se mantendrá hasta el 2021 como primer secretario del Partido Comunista de Cuba (PCC), la formación única que controla las instancias del poder, lo que augura una "transición ordenada, sin cambios bruscos para que los cubanos se acomoden al recambio generacional", indicó a Efe el exdiplomático cubano Carlos Alzugaray.

Según Alzugaray, el relevo no supondrá grandes cambios en el país en esos años de "convivencia" entre la generación histórica de la Revolución y otras más jóvenes, aunque la presencia de caras nuevas en la toma de decisiones sí puede acelerar el ritmo de las reformas "raulistas".

Con un perfil más pragmático y reformista que su hermano Fidel, fallecido el pasado 25 de noviembre a los 90 años, Raúl Castro ha abierto el país al capital extranjero y concedido pequeños espacios a la iniciativa privada para modernizar la anquilosada economía cubana, además de encaminar el rejuvenecimiento de la cúpula del poder.

En el último congreso del PCC, en abril del año pasado, se introdujeron cinco caras nuevas, menores de cincuenta años, en el poderoso Buró Político, donde conviven con figuras octogenarias de la "vieja guardia", como el propio Raúl, el segundo secretario del partido Ramón Machado-Ventura o Ramiro Valdés.

También integra el buró político del partido el actual "número dos" del Gobierno, Miguel Díaz-Canel, de 56 años, elevado a primer vicepresidente por Raúl Castro en 2013, cuando se perfiló como su delfín y sucesor.

Tras saludar a Raúl Castro en el Palacio de la Revolución de La Habana, el presidente Barack Obama saluda a su hijo mayor, Alejandro Castro Espín.

"Creo que pudiera encarar los desafíos que le dejara Raúl si realmente ocupa el poder", señaló a la AP el economista cubano Omar Everleny Pérez, esto sería, descentralizar la economía y la toma de decisiones en las empresas estatales, terminar con la dualidad monetaria -si no lo hizo antes Castro-, legalizar la pequeña y mediana empresa y otorgar licencias de exportación.

"Díaz-Canel asumirá el mando del país administrativamente, no ideológicamente. En este sentido Raúl Castro ha sido hábil porque ha
encaminado una transición gradual de un gobierno con un mandato carismático e histórico, a un mandato institucional", explicó a Efe el disidente Manuel Cuesta Morúa.

Desde su designación como primer vicepresidente, Díaz-Canel se ha mantenido en un discreto segundo plano, lo que hace que algunos en la isla, como Cuesta Morúa, no lo vean con el brío necesario para asumir el mando del país y señalen como un "poder en la sombra" al hijo de Raúl Castro, el coronel Alejandro Castro Espín, de 52 años.

Castro Espín encabeza la Comisión de Defensa y Seguridad Nacional, un ente supraministerial que coordina Interior y las Fuerzas Armadas; fue el enviado de su padre a los contactos secretos con EE.UU. para restablecer relaciones, además de acompañarle a la Cumbre de las Américas de abril de 2015 y a la reunión con el presidente Barack Obama durante la visita de éste a la isla en marzo de 2016.

Para preparar el terreno de la era postcastrista, en 2017 están previstos cambios como una reforma constitucional, que introduzca las transformaciones de la "actualización" socialista; una nueva ley electoral; y una reducción del número de diputados en la Asamblea Nacional (parlamento unicameral) con el objetivo de "profesionalizar" su labor.

Cuesta Morúa lidera la iniciativa ciudadana #Otro18, que busca encauzar una transición democrática en la isla que permita a largo plazo a los cubanos el sufragio directo del presidente del país, un cambio que esperan lograr aprovechando los resquicios que se abren en la actual coyuntura del relevo.

Tienen una agenda mínima, con metas a corto plazo, que son la eliminación de la comisión de candidaturas -que funciona a nivel nacional y provincial como filtro para eliminar a quien se postula fuera del Partido Comunista-, y el establecimiento de una comisión electoral permanente e independiente.

"En los últimos años se ha dado un cambio de mentalidad en la sociedad cubana, que no se percibe mucho porque no hay grandes espacios públicos en los medios para que la gente exprese sus opiniones, pero uno lo nota en la calle", indicó el portavoz de #Otro18, que ve el relevo como una "oportunidad para el cambio". Para las elecciones municipales que deberán celebrarse a finales de año, #Otro18 postulará a 86 candidatos en todo el país, que
"cuentan con suficiente respaldo popular para ganar", lo que permitiría introducir a voces de la sociedad civil independiente en las Asambleas municipales (equivalentes a los ayuntamientos) y atenuar el poder del omnipresente Partido Comunista.

[Con información de la agencia EFE y AP]