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Comisión de Defensa y Seguridad Nacional, corporación de Alejandro Castro


Alejandro Castro Espín y Abel Enrique González Santamaría (d-i).

Este reducido y omnipotente clan se sustenta en la complicidad que genera el sexo en grupo.

Cimentada sobre una extraña lealtad, cuasi enlazada por la endogamia de sus miembros, y ubicada en un recinto intramuros de la calle 36 esquina 39 del habanero Nuevo Vedado, la Comisión de Defensa y Seguridad Nacional (por favor, no confundir con el Consejo de Defensa Nacional) es el inquietante grupo con cara, pero sin identidad legal, creado con la intención de prolongar la anti institucionalidad.

Según la Constitución, que deberíamos cambiar pero aún vigente, la Asamblea Nacional del Poder Popular es el órgano de poder con mayores facultades legislativas y constituyentes. A esta se le subordinan el Tribunal Supremo, la Fiscalía General e incluso la Contraloría; en ella son designados los miembros del Consejo de Ministros y se elige el Consejo de Estado.

Pero eso es sólo en papeles porque en la práctica, el epicentro de poder se encuentra en la siempre bien servida mesa que cada domingo se monta a la hora de almuerzo en La Rinconada (complejo habitacional donde reside el Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros de la República de Cuba, Raúl Castro).

Desde allí salen las tareas (de política exterior e interior) que luego cada organismo, ministerio o entidad, cumple siguiendo un bien marcado algoritmo de pasos para tomar decisiones que, valga la redundancia, por elementales razones de compartimentación, seguridad, efectividad y competencia, antes de ser ejecutadas, el octogenario general las lee, revisa y aprueba, personalmente.

Pero, desde hace algún tiempo, impulsado por su ya acostumbrado estado de paranoia, su repetida intención de retiro, la pérdida de confianza hacia todo el que le rodea y el claro propósito de supervisar el cumplimiento de las tareas acordadas; el mandatario cubano otorgó poderes extraordinarios al comensal más habitual del hartazgo dominguero, su primogénito.

Fue así cómo el iracundo, torticero, obtuso y brutal Castro Espín, creó este grupo "paraestatal" de poderes ilimitados que, sin ordenamiento jurídico alguno, funciona como un gobierno paralelo y tiene, entre otras cosas, la facultad de:

1.- Planificar, dirigir e inspeccionar los servicios de los Ministerios y los cuerpos de Seguridad del Estado.

2.- Crear, conformar y asignar órganos de asesoría y coordinación necesarios para el cumplimiento de la misión en los diferentes Ministerios.

3.- Participar en las regulaciones, acoplamiento y control de todas las entidades adscritas y vinculadas a los organismos centrales de la administración del Estado.

4.- Ejercer y supervisar, bajo su responsabilidad, las funciones que el Presidente de la República le encomienda.

Este reducido y omnipotente clan funciona como una gran corporación que, a mi juicio, se sustenta sobre la complicidad que genera el sexo en grupo.

Lo digo porque resulta curioso saber que el primer viceasesor de tan importante comisión, el escritor y periodista Juan Francisco Arias Fernández (Paquito) fue esposo de una exnovia de Alejandro; y más sorprendente fue conocer que el segundo viceasesor, el joven escritor, investigador, licenciado en Derecho, máster en Relaciones Internacionales, doctor en Ciencias Políticas y especialista en Relaciones Interamericanas y Seguridad Nacional, Abel Enrique González Santamaría, fue novio de la actual pareja de Alejandro.

Detalle inequívoco. Parece que en la Comisión de Defensa y Seguridad Nacional, más que la Patria, importan las entrepiernas. Debería asociarse al CENESEX.

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    Juan Juan Almeida

    Licenciado en Ciencias Penales. Analista, escritor. Fue premiado en un concurso de cuentos cortos en Argentina. En el año 2009 publica “Memorias de un guerrillero desconocido cubano”, novela testimonio donde satiriza  la decadencia de la élite del poder en Cuba.

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