Sumario
- La reciente muerte de un liniero en Matanzas pone en evidencia los riesgos extremos que enfrentan los operarios eléctricos, en un contexto de jornadas extenuantes, escasez de recursos y salarios insuficientes.
El aumento en las cifras de accidentes laborales ha encendido las alarmas en Cuba. Ante esta trágica tendencia, la Asociación Sindical Independiente de Cuba (ASIC) viene denunciando una cadena de negligencias corporativas e institucionales que están costando la vida y la integridad de los trabajadores.
La muerte de Osmani Rosales Núñez, un liniero de 36 años, electrocutado mientras intentaba reparar una avería en Cárdenas, Matanzas, elevó a seis los fallecimientos derivados de incidentes ocurridos en los puestos de trabajo.
El desafortunado suceso pone en evidencia los graves peligros que enfrentan los operarios eléctricos debido a la crisis energética.
El deceso de Rosales Núñez ha generado indignación. A través de foros y redes sociales, los ciudadanos han denunciado la falta de equipos de protección adecuados y la enorme presión que sufren los operarios.
Los obreros de la estatal Unión Eléctrica (UNE) laboran en condiciones límite en medio de una de las crisis energéticas más agudas de los últimos años, con apagones generalizados y prolongados en la isla.
Las cuadrillas de la UNE se ven obligadas a realizar turnos ininterrumpidos de hasta 24 horas para reparar averías en el sistema. Durante las frecuentes desconexiones totales del sistema, que dejan al país sin generación, los trabajadores enfrentan reparaciones bajo condiciones climáticas adversas y a altas horas de la madrugada. Esta labor se realiza con una grave escasez de piezas de repuesto y combustible, lo que obliga a los técnicos a improvisar soluciones para reconectar la red.
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Crisis laboral en Cuba: salarios insuficientes, accidentes y cierres de negocios, según informeEl trabajo en líneas de alta tensión y a decenas de metros de altura conlleva un peligro mortal constante. Diversas fuentes independientes han documentado el fallecimiento de trabajadores durante las labores de reparación, denunciando la falta de implementos de seguridad y recursos básicos.
Al alto riesgo físico se suman los salarios del sector que promedian unos 5.000 CUP mensuales, equivalentes a menos de 10 dólares en el mercado informal, lo que resulta insuficiente para las necesidades básicas de sus familias.
La combinación de extenuantes horarios, peligros constantes y bajos ingresos ha provocado un éxodo masivo de especialistas, con miles de trabajadores renunciando a la UNE en los últimos años.
Aunque el régimen reconoce públicamente la "proeza laboral" y el esfuerzo de estos operarios para restablecer el servicio, el colapso estructural de las centrales termoeléctricas y la falta de inversiones mantienen a los trabajadores del sector bajo un apremio social y operativo sin tregua.
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Accidente en termoeléctrica Renté expone deficiencias en protocolos de seguridad laboral en CubaEsta tragedia ocurre en el momento más álgido del colapso del sistema eléctrico. La inestabilidad en la red ha provocado constantes protestas ciudadanas en Cárdenas, donde se han registrado cortes de suministro que superan las 26 horas.
La situación es aún más crítica en el resto de la provincia de Matanzas, cuyos residentes han llegado a soportar apagones ininterrumpidos por más de 67 horas consecutivas.
La ASIC señala que la mayoría de los accidentes están estrechamente vinculados a la violación flagrante de las normativas de prevención.
Agrega que las empresas y los centros de trabajo han dejado de lado la creación de políticas activas de mitigación de riesgos. Las fallas recurrentes incluyen: la omisión en la entrega de equipos de protección personal (EPP) adecuados, la falta de mantenimiento y seguimiento de los protocolos de seguridad y las violaciones directas a los estándares operativos que terminan en tragedias.
A nivel global, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) exige a los estados miembros garantizar lugares de trabajo seguros y saludables. Sin embargo, la ASIC advierte que estos convenios fundamentales son vulnerados constantemente en la isla, dejando a la clase trabajadora en un estado de vulnerabilidad extrema ante la precaria infraestructura y el deterioro de las condiciones de higiene.
La ASIC ha sido enfática en señalar a las autoridades gubernamentales como los responsables máximos de esta crisis. Al ignorar las denuncias constantes, violar los convenios internacionales sobre protección laboral y no adoptar medidas fiscalizadoras, el Estado permite que las violaciones de seguridad en las empresas continúen ocurriendo con total impunidad.