No hay perestroika sin glasnost, ni apertura en Cuba sin cambios políticos

Soviet President Mikhail Gorbachev bows his head in the Congress of People's Deputies shortly after Foreign Minister Edvard Shevardnadze announced his plan to resign in Moscow, Dec. 20, 1990. (AP Photo/Boris Yurchenko)

Sumario

  • Gorbachov impulsó reformas políticas como la Glásnost y la Demokratizatsiya, que introdujeron apertura, libertad de expresión, elecciones competitivas y debilitamiento del monopolio comunista.
  • En política exterior, Gorbachov abandonó la Doctrina Brézhnev, firmó acuerdos de desarme y retiró tropas de Afganistán, facilitando la caída de regímenes comunistas en Europa del Este.
  • La apertura y democratización aceleraron el colapso de la URSS en 1991, transformando el panorama político global, mientras La Habana busca un modelo similar al de la Rusia de los “turbulentos noventa”.
En la URSS existió un férreo control político y social, hasta que Gorbachov impulsó la Glásnost y la Perestroika, que permitieron la libertad de expresión, participación ciudadana y transparencia.

Por más de siete décadas, la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) fue uno de los regímenes políticos más cerrados del mundo y uno de los más autoritarios, con Iósif V. Stalin a la cabeza.

El Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS) monopolizaba el poder, controlaba los medios de comunicación, supervisaba la vida cultural y reprimía cualquier forma de oposición o disidencia. Además, creó el sistema del Gulag para condenar a todo aquel que pensara diferente. Las decisiones —como la invasión de Afganistán— se tomaban en un cerrado círculo del Kremlin y no se permitía el cuestionamiento público.

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Mijaíl S. Gorbachov llegó al poder el 11 de marzo de 1985, cuando fue elegido Secretario General del Comité Central, el máximo líder de la URSS comprendía que el país enfrentaba no solo una crisis económica, sino también una profunda crisis política.

La burocracia (nomenklatura), se había vuelto ineficiente, la corrupción era generalizada y la población mostraba cada vez más apatía hacia el sistema socialista. Junto con las reformas económicas, se inició un programa de transformaciones políticas que buscaba modernizar la sociedad y darle el “rostro humano” que intentó la Primavera de Praga en 1968.

Personas se manifiestan frente a la Biblioteca Lenin de Moscú el 14 de junio de 1988. Algunas exhiben una bandera de Letonia; otras, pancartas con consignas a favor de la "glásnost" . VITALY ARMAND / AFP

Glásnost contra el monolito del PCUS

La reforma política más conocida de la era Gorbachov fue la Glásnost, término ruso que se traduce como “apertura” o “transparencia”. Ya en 1986, la Glásnost permitió una libertad de expresión impensable en décadas anteriores. Los medios de comunicación comenzaron a publicar investigaciones sobre corrupción gubernamental, ineficiencias económicas y abusos de poder.

Los estudiantes de Historia, en la mayoría de las universidades soviéticas, estudiaban lo acontecido en el país no a través de los libros de texto, sino mediante los artículos e investigaciones publicados en revistas y periódicos como Tiempos Nuevos, Novedades de Moscú, Ogoniok, Literaturnaya Gazeta y Sputnik. (En La Habana en agosto de 1989 optaron por prohibir Sputnik y Novedades de Moscú).

Con la apertura de Gorbachov se abrieron archivos, se rehabilitaron a las víctimas de la represión estalinista—en su mayoría de manera póstuma—, Andréi D. Sájarov fue liberado de su exilio en Gorki y numerosos disidentes abandonaron las cárceles.

A los otkazniki o refyuzniki- como se le denominaba a los judíos de la URSS a quienes les negaban el permiso de emigración, se les permitió salir del país a Israel o a Estados Unidos.

Los ciudadanos soviéticos pudieron expresar críticas hacia funcionarios públicos y debatir asuntos que durante años habían sido considerados tabú, desde el culto a la personalidad de Stalin hasta la corrupción que rodeaba a la familia de Leonid I. Brézhnev.

Por primera vez, millones de soviéticos conocieron detalles de los crímenes cometidos durante el gobierno de Stalin. Archipiélago Gulag fue publicado en la URSS, aunque su autor, Aleksandr I. Solzhenitsyn, continuaba viviendo en Vermont. También se difundieron investigaciones sobre las purgas políticas, los horrores del Gulag, las represiones masivas, la masacre de Katyn y el Holodomor de Ucrania. Lo que comenzó como un intento de fortalecer el sistema mediante la transparencia terminó alimentando un cuestionamiento generalizado de la legitimidad, la legalidad y la propaganda soviéticas.

Democratización: una nueva forma de participación política

Paralelamente a la Glásnost, Gorbachov impulsó un proceso conocido como Demokratizatsiya o democratización. Aunque los comunistas conservaron inicialmente su posición dominante gracias al artículo 6 de la Constitución, que les otorgaba el papel rector de la sociedad, se introdujeron mecanismos políticos más abiertos.

Russia Demonstrations 1989

Los ciudadanos pudieron elegir entre varios candidatos para determinados cargos públicos y se redujo el monopolio del Partido Comunista y de sus organizaciones satélites —como el Komsomol, los sindicatos y otras organizaciones gremiales— en la selección de aspirantes. Por primera vez en la historia soviética, los votantes tuvieron la posibilidad de rechazar candidatos respaldados por la estructura oficial. Estas medidas representaban una auténtica revolución dentro del sistema político soviético.

En 1988 se produjo una de las reformas constitucionales más importantes de toda la era soviética: la creación y elección del Congreso de los Diputados del Pueblo. Este nuevo órgano legislativo, cuya primera sesión tuvo lugar en marzo de 1989, fue concebido para ampliar la representación política y ofrecer una mayor participación ciudadana en la toma de decisiones nacionales.

Las elecciones para el Congreso incorporaron elementos de competencia real y permitieron la presencia de candidatos reformistas e independientes. Pero quizás el cambio más impactante fue que las sesiones comenzaron a transmitirse por televisión. Millones de ciudadanos observaron, por primera vez, debates públicos en los que se criticaba abiertamente a funcionarios gubernamentales y partidistas, tanto a nivel nacional como regional, y se cuestionaban políticas oficiales.

Las elecciones celebradas en 1989 marcaron un punto de inflexión. Aunque el sistema seguía lejos de una democracia plena, aquellos comicios fueron los más libres celebrados en la historia soviética hasta ese momento. Numerosos candidatos vinculados a las reformas obtuvieron importantes victorias, mientras varios funcionarios comunistas tradicionales sufrieron derrotas inesperadas.

Mass Rally Moscow

Uno de los grandes beneficiarios fue Boris N. Yeltsin, quien emergió como una figura política nacional capaz de desafiar tanto a la vieja guardia comunista como al propio Gorbachov. El futuro presidente de Rusia integraba el Grupo Interregional de Diputados, junto con Sajarov, Yuri N. Afansiev, el futuro alcalde de Moscú Gavriil J. Popov, Anatoli A. Sobchak — después alcalde de San Petersburgo y mentor político de Putin—, el campeón olímpico y mundial Yuri P. Vlásov y Yuri F. Kariaguin, defensor en Rusia de los derechos humanos en Cuba.

En el Congreso se escucharon llamados a abolir el monopolio del PCUS, denuncias sobre la invasión de Afganistán y críticas al derroche de recursos en los países socialistas, incluida Cuba.

La reforma más trascendental llegó en 1990 con la abolición del artículo 6 de la Constitución soviética. Este artículo establecía el “papel dirigente y orientador” del Partido Comunista en la sociedad y en el Estado. En la práctica, constituía la base legal de su monopolio político. Similar al artículo 5 de la Constitución socialista en Cuba.

Por primera vez desde 1917, la existencia de otros partidos políticos se volvió legal. Surgieron movimientos democráticos, nacionalistas y reformistas en todo el país. La desaparición del monopolio comunista transformó radicalmente el panorama político y aceleró la competencia por el poder.

Aparecieron decenas de agrupaciones políticas, como el Partido Liberal Democrático de Vladímir V. Zhirinovski, la Unión Democrática —uno de cuyos dirigentes, Lev G. Ubózhko, participó en una protesta frente a la embajada cubana en Moscú en 1992—, el Partido Socialista, el Movimiento Demócrata Cristiano de Rusia, los Frentes Populares de Estonia y Letonia, Sajūdis en Lituania, el Movimiento Popular Ucraniano (Ruj) en Ucrania, además de otras organizaciones surgidas en Asia Central y el Cáucaso.

Otro efecto inesperado de las reformas fue el renacer del independentismo en las repúblicas que integraban la URSS. La apertura política permitió que estos movimientos ganaran influencia en territorios como Lituania, Letonia, Estonia, Georgia, Armenia y Ucrania. A medida que aumentaba la autonomía política regional, comenzaron a multiplicarse las declaraciones de soberanía. Muchas repúblicas exigieron mayores competencias y algunas iniciaron procesos hacia la independencia. Lo que durante décadas había permanecido reprimido bajo el control de Moscú emergía ahora con fuerza renovada.

LITHUANIA-STRUGGLE FOR INDEPENDENCE-FLAG

Una sociedad más libre

Además de las rehabilitaciones políticas de las víctimas del NKVD y el KGB, y de la liberación de Sájarov, también se relajaron las restricciones religiosas. Iglesias cerradas durante décadas reabrieron sus puertas y aumentó la publicación de literatura religiosa. La Iglesia Ortodoxa Rusa experimentó un notable renacimiento, al tiempo que salían a la luz numerosos vínculos de colaboración con el KGB.

En el ámbito cultural, obras prohibidas de autores como Aleksandr Solzhenitsyn, Boris Pasternak, Anna Ajmátova y Mijaíl Bulgákov volvieron a circular libremente. Al mismo tiempo que aparecía Archipiélago Gulag, los lectores podían acceder a El maestro y Margarita o a los Relatos de Kolimá. Películas y documentales comenzaron a mostrar aspectos de la realidad soviética anteriormente censurados. El filme georgiano "Arrepentimiento" exponía los horrores del estalinismo, mientras "No es fácil ser joven" retrataba la rampante drogadicción entre la juventud soviética.

Los ciudadanos obtuvieron además mayores facilidades para viajar al extranjero, emigrar y establecer contactos con personas fuera de las fronteras soviéticas. La sociedad civil también floreció. Organizaciones de derechos humanos, grupos ecologistas, asociaciones culturales y entidades dedicadas a preservar la memoria histórica comenzaron a desempeñar un papel cada vez más importante. Entre ellas destacó Memorial, organización dedicada a documentar las víctimas de la represión política. Ahora prohibida por el régimen de Putin.

Las reformas políticas internas estuvieron acompañadas por una transformación de la política exterior soviética. Gorbachov impulsó una doctrina conocida como el “Nuevo Pensamiento”, que abandonaba los principios tradicionales de la Guerra Fría. En 1987 firmó con EE. UU. el Tratado INF, que eliminó una categoría completa de misiles nucleares de alcance intermedio. Entre 1988 y 1989 ordenó la retirada de las tropas soviéticas de Afganistán, poniendo fin a una guerra costosa y cada vez más impopular.

United States Russia Nuclear Arms

Más importante aún, renunció a la llamada Doctrina Brézhnev, según la cual Moscú podía intervenir militarmente para preservar gobiernos comunistas en Europa Oriental. Esta decisión permitió la transición democrática en Polonia, facilitó la caída del Muro de Berlín en noviembre de 1989 y abrió el camino para el derrumbe de los regímenes comunistas en toda Europa del Este. En Berlín, Bucarest y La Habana, Gorbachov llevó esencialmente el mismo mensaje: había que reformar el sistema. Ni Erich Honecker, ni Nicolae Ceaușescu, ni Fidel Castro siguieron el consejo.

La revolución de la glasnost y la perestroika

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Las reformas políticas impulsadas por Gorbachov pretendían modernizar el sistema soviético, hacerlo eficiente y recuperar la confianza de la población. Sin embargo, produjeron un resultado inesperado. La apertura permitió conocer verdades ocultas durante décadas. La democratización generó nuevos actores políticos. La libertad de expresión fomentó la crítica al régimen. La autonomía regional fortaleció las aspiraciones independentistas. Nada de esto esta contemplado en la hoja de ruta de los cabecillas del régimen en La Habana.

Cuando la bandera soviética fue arriada del Kremlin el 25 de diciembre de 1991, muchos observadores concluyeron que el proceso había comenzado años antes, con una decisión aparentemente simple de Mijaíl Gorbachov: permitir que los ciudadanos hablaran libremente. Las reformas políticas asociadas a la Perestroika no lograron salvar a la Unión Soviética. Sin embargo, cambiaron para siempre la historia de Rusia, de Europa y del mundo, abriendo el camino a la democratización de muchas naciones de Europa del Este y de varias de las repúblicas que integraban la URSS.

El plan de La Habana, a diferencia de la glasnost y la perestroika, busca —y coincido con el colega Omar Sixto— una fórmula similar a la aplicada en la Federación Rusa durante los "turbulentos noventa" (Лихие девяностые), como suelen llamar los rusos al período posterior al colapso de la Unión Soviética. Fue una época en la que muchos dirigentes comunistas pasaron a convertirse en "empresarios", mientras el país experimentaba un colapso económico generalizado, hiperinflación, privatizaciones masivas —donde los nexos con el poder eran garantía de éxito—, el auge de los oligarcas o "barones rojos", el crecimiento de la criminalidad organizada y el consiguiente debilitamiento del Estado. Cualquier parecido entre La Habana y aquellos momentos de Rusia no es pura coincidencia.