Sumario
- La nueva estrategia de política exterior de Donald Trump prioriza la seguridad hemisférica, dejando en evidencia el aislamiento de Nicaragua como único gobierno antiestadounidense en Centroamérica.
- Nicaragua fue excluida de la Conferencia de jefes de Defensa del hemisferio occidental y del lanzamiento del “Escudo de las Américas”, mientras EEUU advierte sobre la influencia china en sus puertos.
- La postura del régimen de Ortega y Murillo dificulta la cooperación regional.
Tras su regreso a la Casa Blanca, el presidente Donald Trump ha desplegado una política exterior centrada en el hemisferio occidental, priorizando la seguridad nacional mediante la seguridad hemisférica.
En las últimas semanas han tenido lugar dos hechos que han marcado con claridad la nueva estrategia de Washington y en la que Nicaragua, gobernada por el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo, ha quedado en evidencia como el único gobierno antiestadounidense de Centroamérica.
El primer hecho tuvo lugar el pasado 11 de febrero, cuando el Ejército de Nicaragua fue el gran ausente, a nivel centroamericano, en la primera Conferencia de jefes de Defensa del hemisferio occidental, convocada por el Departamento de Guerra de EEUU y en la que participaron 34 altos mandos militares de todo el continente.
“Durante la conferencia, los líderes de defensa participantes exploraron la importancia de alianzas sólidas, cooperación continua y esfuerzos conjuntos para contrarrestar a las organizaciones criminales y terroristas transnacionales, así como a los actores externos que socavan la seguridad y la estabilidad regionales” informó la jefatura del Estado Mayor Conjunto de EEUU.
Tras el evento, la Embajada de Estados Unidos en Managua señaló que “es vital que los países mantengan el control de sus puertos”, incluido Nicaragua. “Esta infraestructura crítica debe seguir siendo, ante todo, un recurso para los países de la región”, dijo la sede diplomática estadounidense.
El comentario se enmarca dentro de la advertencia de Washington sobre la influencia china en el principal puerto de Perú, y en la actual influencia china en los puertos nicaragüenses.
El segundo momento fue el lanzamiento del “Escudo de las Américas” en la que 13 jefes de Estados y de Gobierno del continente fueron invitados por el presidente Trump para suscribir en Miami una iniciativa multinacional de cooperación militar frente a la criminalidad y el narcotráfico.
Entre los países centroamericanos, sólo Nicaragua y Guatemala estuvieron excluidas de esta cita, pero a diferencia del caso nicaragüense, el Gobierno guatemalteco, en palabras de su presidente Bernardo Arévalo, “mantiene una relación de cooperación estrecha en materia de seguridad en temas como el combate al narcotráfico y proyectos sobre infraestructura crítica” con Estados Unidos.
Ambos acontecimientos marcan claramente el aislamiento de la dictadura sandinista en este nuevo ecosistema de seguridad hemisférica. Esto, sumado a la falta de relaciones diplomáticas a más alto nivel entre Managua y Washington, convertirá a la Nicaragua de Ortega y Murillo en un vecino incómodo para el resto de los países de Centroamérica.
Durante la cumbre hemisférica, el presidente Trump firmó una proclamación presidencial titulada “Compromiso de combatir la actividad criminal de los cárteles” en la que se contempla que “Estados Unidos entrenará y movilizará a los ejércitos de los países socios para lograr la fuerza de combate más efectiva necesaria para desmantelar los cárteles y su capacidad de exportar violencia y buscar influencia mediante la intimidación organizada”.
En este aspecto, al quedar fuera de este esfuerzo el Ejército de Nicaragua, será muy difícil la interoperatividad con las otras fuerzas militares de la región y la posibilidad del intercambio de información de inteligencia.
La proclamación presidencial también señala que “Estados Unidos y sus aliados deben mantener a raya las amenazas externas, incluidas las influencias extranjeras malignas procedentes de fuera del hemisferio occidental”. Sin mencionarlos por sus nombres, el documento apunta a Rusia y China.
El régimen de Ortega y Murillo es actualmente el principal aliado del régimen de Pekín en Centroamérica y ha servido de punta de lanza en el intento de expulsar a China-Taiwán del sistema de integración centroamericana, apoyando, en cambio, la penetración del régimen comunista chino en la región.
Por otro lado, de acuerdo con una fuente vinculada al Ejército de Nicaragua consultada por el medio nicaragüense Confidencial “antenas y equipos de espionaje de Rusia se instalaron en varias bases militares nicaragüenses, a mediados de 2017”.
La posición del régimen sandinista tarde o temprano chocará con los objetivos manifiestos de la Administración Trump. Como bien lo señaló Kristi Noem durante el encuentro con los mandatarios que ahora conforman el Escudo de las Américas: “Queremos asegurarnos de mantener fuera de nuestro hemisferio a aquellos adversarios que desean cambiar nuestra forma de vida y nuestros valores”.
El secretario de Guerra de EEUU, Pete Hegseth, también lo dejó claro ante los mandos militares de Latinoamérica durante el encuentro del 11 de febrero: "Es de sentido común restaurar el poder y la fortaleza estadounidenses en nuestro hemisferio a través de prioridades compartidas, intereses comunes y vínculos con nuestros socios contra nuestros adversarios".
El régimen de Ortega y Murillo no parece ceder ante este nuevo escenario geopolítico y persiste en mantener sus vínculos con Rusia y China, los “adversarios” extracontinentales a los que se han referido tanto Noem como Hegseth.
Un obstáculo para el resto de los aliados de EEUU en la región, parece ser el hecho de que Centroamérica es geográficamente un istmo en el que Nicaragua está ubicado en el centro, por lo que el espacio aéreo y marítimo nicaragüense será necesario para combatir a los cárteles del narcotráfico que Washington se ha propuesto “demoler”.