Sumario
- Desde el 3 de enero a la fecha, La Habana ha hecho todo lo posible por escamotear, pellizcar, retorcer y chapistear conforme a su dogma ideológico, el curso de los acontecimientos en Venezuela.
Para el régimen de La Habana, la deposición de Nicolás Maduro el pasado 3 de enero por fuerzas estadounidenses significó el fin del dominio neocolonial cubano de Venezuela por 27 años, ayudado primero por Hugo Chávez, un jefe militar cortejado por Fidel Castro, y luego por Maduro, obediente cuadro político formado en la isla.
Este control de un país mucho más grande, rico y poblado, le permitió al castrismo reanudar -con los generosos suministros chavistas de petróleo, pagos por servicios profesionales, exportaciones de alimentos y maletines de dinero de PDVSA justificados como proyectos de cooperación fantasmas- su estilo de supervivencia parasitario interrumpido en 1991 por la desintegración de la Unión Soviética.
De pronto, comenzando 2026, Donald Trump le sacó al régimen cubano esa alfombra mágica de debajo de los pies.
¿Cómo explicar a los militantes del Partido Comunista, a los cubanos que todavía dan crédito a los medios oficiales, a la izquierda continental y a los medios liberales procastristas en todo el mundo la debacle de lo que se había presentado como una hermandad solidaria socialista del silo XXI, de la cual se llegó a decir que Cuba y Venezuela eran un solo país?
Con esas miras, desde el 3 de enero a la fecha, La Habana ha hecho todo lo posible por escamotear, pellizcar, retorcer y chapistear conforme a su dogma ideológico, el curso de los acontecimientos en Venezuela.
El relato inicial: “agresión imperial” y defensa de Maduro
Los principales medios oficiales cubanos (Cubadebate, Prensa Latina y Granma) presentaron la captura de Nicolás Maduro y Cilia Flores por los Delta Force estadounidenses como una “cobarde agresión militar imperialista” y un “secuestro” ilegal que violó la soberanía bolivariana y causó decenas de muertes, entre ellas las de 32 elementos de las Fuerzas Armadas y el Ministerio del Interior cubanos a los que se rindió homenaje como “héroes de la patria”.
En contraste, medios estadounidenses como CNN y Reuters describieron la operación como un éxito preciso de la Delta Force contra un régimen acusado de narcotráfico, terrorismo y violaciones de derechos humanos, destacando el riesgo para tropas estadounidenses, pero celebrando la extracción sin bajas norteamericanas significativas.
Medios independientes cubanos (Cubanet, Cibercuba) y analistas de 14ymedio coincidieron en calificarla como “intervención necesaria” para poner fin a una dictadura. El medio digital elTOQUE destacó que la muerte de 32 cubanos en el dispositivo de seguridad desmintió múltiples declaraciones oficiales que negaban la presencia de militares cubanos en Venezuela.
La aparición de Delcy Rodríguez y la narrativa de continuidad
La figura emergente de Delcy Rodríguez juramentada como presidenta encargada el 5 de enero, fue proyectada en los medios cubanos no como una imposición, sino como la de una líder continuadora legítima que asumía el timón con firmeza: “Ningún agente externo gobierna a Venezuela”, tituló Cubadebate.
La narrativa oficial cubana transformó la crisis en prueba de resiliencia revolucionaria, invocando a Bolívar y Chávez para afirmar la continuidad del proceso bolivariano pese a la “mancha” en las relaciones con EEUU.
En contraste, el diario británico The Guardian citó a cuatro fuentes involucradas en conversaciones sostenidas en el otoño boreal en las cuales Delcy Rodríguez y su poderoso hermano Jorge Rodríguez se habían comprometido a cooperar con la administración Trump una vez que Maduro saliera del poder.
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Un eje central en la cobertura cubana ha sido la evolución de las relaciones entre Estados Unidos y el gobierno de Delcy Rodríguez.
Las autoridades castristas han destacado positivamente el pragmatismo de Rodríguez al abrir canales de diálogo. Cubadebate reprodujo sus declaraciones: “Venezuela tiene derecho a relaciones con China, con Rusia, con Cuba, con Irán, con todos los pueblos del mundo, y con los EEUU también”, y “si me tocara ir a Washington, iré de pie, no arrastrándome”.
La Habana explicó este acercamiento como “diplomacia bolivariana de paz” soberana: una victoria que permite dirimir la “mancha” del 3 de enero “cara a cara” sin renunciar a principios antiimperialistas.
Se celebran reuniones con funcionarios estadounidenses (secretarios de Energía, Chris Wright, Interior, Doug Burgum, enviada Laura Dogu) y la firma de acuerdos energéticos (Shell-PDVSA) como “asociación productiva a largo plazo” win-win que beneficia al pueblo venezolano. Díaz-Canel, en llamada telefónica con Delcy, reitera su condena a la agresión pero afirma que Cuba fortalecerá “las históricas relaciones de hermandad y cooperación”.
Trump llegó a calificar a Delcy como “una persona maravillosa”; Cuba lo reproduce como “reconocimiento forzado de la nueva realidad soberana”.
La visión del régimen de La Habana contrasta radicalmente con la estadounidense e independiente: Reuters y The New York Times interpretan estos pasos como un giro pragmático de Rodríguez hacia la agenda Trump (apertura petrolera, liberación de presos políticos, distanciamiento de aliados tradicionales). Deutsche Welle y Bloomberg destacan que la presidenta interina venezolana “ha tenido suficiente” de órdenes de Washington pero acepta inversiones para estabilizar el país, presentándolo como concesión bajo presión más que como victoria soberana.
La gran omisión: la visita del jefe de la CIA
Los medios castristas omitieron olímpicamente la visita a Caracas del jefe de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), John Ratcliffe, a Venezuela, el 16 de enero de 2026, en la que el funcionario estadounidense se reunió con la presidenta interina Delcy Rodríguez.
El objetivo, según fuentes de EEUU, fue construir confianza, discutir colaboración económica y advertir que Venezuela no debe ser refugio para adversarios de Estados Unidos. Esto se dio en el contexto postcaptura de Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses.
En fuentes oficiales cubanas como Granma o Cubadebate, y otros medios estatales de prensa, no apareció ninguna declaración, nota o reacción oficial de La Habana sobre el viaje de Ratcliffe y su reunión con Rodríguez.
Las “decisiones positivas” de Delcy Rodríguez, según La Habana
La cobertura oficial cubana ha destacado varias medidas de Delcy Rodríguez que presentan como acciones constructivas o positivas. Entre ellas:
- Liberación de presos políticos en enero de 2026, interpretada como un gesto de apertura política tras la crisis.
- Reactivación de relaciones regionales, incluyendo negociaciones energéticas y de seguridad con Colombia.
- Mantenimiento de la estabilidad interna tras la captura de Maduro.
Según la prensa oficial cubana, estas decisiones muestran que el nuevo gobierno venezolano busca estabilidad y diálogo sin abandonar el proyecto bolivariano.
Medios independientes y analistas internacionales han interpretado esas mismas decisiones de forma diferente. En su cobertura, se sostiene que muchas de esas medidas responden a la presión de Washington y a la necesidad de atraer inversiones o aliviar sanciones, más que a una continuidad ideológica del chavismo.
Delcy y la economía
Lee también Jefa de misión diplomática de EEUU inicia gestión en Caracas con mensaje a los venezolanosLas decisiones de Delcy en materia económica han sido ampliamente destacadas y explicadas por los medios oficiales cubanos como conquistas populares y soberanas.
El 13 de enero, Cubadebate reprodujo su anuncio de destinar “cada dólar” de ingresos petroleros y gasíferos a la reestructuración del sistema sanitario: equipamiento de 75 centros de salud y priorización de atención básica. La Habana lo presentó como un acto de justicia social que contrarrestaba años de sanciones y crisis heredada, demostrando que Rodríguez prioriza la salud del pueblo sobre presiones externas.
En marzo, Prensa Latina celebró la asignación de 70 millones de dólares en créditos a mujeres emprendedoras a través del Banco de Venezuela. Cuba lo enmarcó como empoderamiento de género y construcción de una “Venezuela próspera” con “manos de mujer”.
Otras medidas —creación de Estado Mayor Agroalimentario para activar 200.000 hectáreas comunales, aprobación de Ley Orgánica de Minas y designación de nuevos ministros— son explicadas como pasos hacia la soberanía alimentaria, productiva y minera. La Habana las justificó invocando el legado chavista: decisiones del Poder Popular que transforman recursos nacionales en bienestar colectivo, pese a la agresión imperialista.
En contraste, medios estadounidenses como CNN y Bloomberg y la agencia británica de noticias Reuters interpretaron estas decisiones como cumplimiento de demandas de Trump: apertura petrolera para exportar a EEUU, reformas mineras para atraer inversión occidental y gestos de reconciliación (amnistías, diálogo económico).
The New York Times señaló que Delcy mezclaba retórica antiimperialista con acciones pragmáticas que “se ajustan a la agenda de Trump”. Independientes cubanos como Cubanet han visto en los créditos y leyes productivas un intento de Delcy por legitimarse ante Washington, más que ante el pueblo.
La retirada de médicos y personal militar cubano
Uno de los aspectos más delicados de la relación bilateral ha sido la presencia de personal cubano en Venezuela, que durante décadas incluyó miles de médicos, asesores militares, de seguridad, inteligencia y contrainteligencia.
Los medios oficiales cubanos en general han descrito la salida de personal médico como reorganizaciones normales de las misiones de cooperación, evitando vincularlas directamente a presiones políticas o a la operación militar estadounidense.
La prensa estatal cubana insiste en que la cooperación médica continúa y que los cambios responden a necesidades logísticas o acuerdos bilaterales. Cubadebate informó el 8 de enero que, tras la interrupción logística por el cierre del espacio aéreo y los eventos del 3 de enero, se normalizaron los vuelos de retorno para colaboradores de la salud: proceso “organizado y progresivo”, “cumplimiento de plazos contractuales y derecho al descanso”.
El Ministerio de Salud Pública lo presenta como rutina administrativa del ciclo de misiones internacionalistas, sin atribuirlo a presiones políticas; los profesionales regresan “con la satisfacción del deber cumplido”.
Esta perspectiva oficialista contrasta con fuentes externas: Reuters (21 febrero 2026) reveló que asesores de seguridad y médicos cubanos abandonan Venezuela “bajo intensa presión estadounidense” para desarticular la alianza; Delcy Rodríguez habría ordenado limitar su seguridad a militares venezolanos y retirado a los cubanos de la Dirección General de Contrainteligencia Militar, DGCIM, un conocido centro de torturas asesorado por los cubanos.
Por otro lado, los portales independientes Cibercuba y Cubanet confirman que la salida responde a órdenes de Rodríguez para marcar distancia del “régimen castrista” y complacer a Trump. Medios independientes cubanos lo presentan como fin de la “ocupación cubana”.
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Medios oficiales del castrismo presentaron el restablecimiento de relaciones diplomáticas y consulares el 5 de marzo entre EEUU y Venezuela como una “nueva etapa de diálogo constructivo” impulsada por Caracas para “fortalecer la comprensión y crear oportunidades mutuamente beneficiosas” en beneficio del pueblo venezolano.
Trump calificó a Delcy como una “persona maravillosa” y alabó su“trabajo fantástico”; Cubadebate lo reprodujo sin crítica directa, enmarcándolo como una victoria diplomática de la soberanía venezolana pese al “secuestro” inicial de Maduro.
En contraste, medios estadounidenses e independientes interpretan estas mismas decisiones como concesiones bajo presión estadounidense. The New York Times y DW describieron a Delcy como líder que liberaliza rápidamente la economía —incluida la apertura del petróleo y la minería a inversores privados para cumplir demandas de Trump— mientras mantiene control político interno sin transición democrática plena.
Reuters y The Guardian estimaron que las reuniones con funcionarios estadounidenses (Burgum, Wright, Donovan) y el restablecimiento diplomático respondían a amenazas implícitas de más sanciones o intervención, configurando a Venezuela como un “protectorado” temporal.
Medios cubanos independientes como Cibercuba vieron en el restablecimiento de relaciones diplomáticas (marzo 2026) un “debilitamiento del eje chavista-cubano” y una capitulación disfrazada. La Habana rechazó esta lectura y la explicó como un triunfo de la dignidad bolivariana: diálogo sin arrodillarse, que permite recuperar la soberanía económica.
Epílogo
En resumen, a lo largo de estos meses posteriores a la caída de Nicolás Maduro, los medios oficiales cubanos han construido una narrativa coherente con sus intereses ideológicos: presentan los eventos de enero como agresión imperialista superada por la resiliencia bolivariana.
Por otro lado, Delcy Rodríguez encarna soberanía al rechazar injerencia externa, impulsar soberanía alimentaria y sanitaria, y abrir diálogo “equilibrado” con Washington sin rendición. Sus decisiones positivas se explican como defensa del pueblo y continuidad chavista.
Los medios estadounidenses e independientes de asuntos cubanos contrastan la visión del régimen de La Habana con una narrativa de pragmatismo forzado: apertura económica y ruptura de la alianza castrista-chavista como precio por la supervivencia de los líderes chavistas, bajo presión de Trump, con la salida de personal cubano como símbolo del debilitamiento del eje histórico.
Hasta mediados de marzo de 2026, La Habana ha mantenido este apoyo retórico sin romper con Delcy Rodríguez, priorizando “la unidad antiimperialista” por encima de las evidentes tensiones.