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- Un spa de la zona residencial de Vista Hermosa, en Camagüey, se convirtió en las últimas semanas en el síntoma más visible de una contradicción que el sistema sanitario cubano lleva tiempo esquivando: mientras las autoridades reiteran que la medicina privada está prohibida, la población busca alternativas en dólares ante el deterioro de los servicios públicos.
La reciente polémica en torno al Dalia Spa, ubicado en la zona residencial de Vista Hermosa en Camagüey, ha puesto sobre la mesa un dilema que trasciende los límites de la estética comercial: la presunta oferta de servicios médicos en un entorno privado, una práctica que choca frontalmente con los marcos regulatorios vigentes en el país, pero que convive con un escenario de crecientes alternativas informales ante la crisis de la sanidad pública en la isla.
Mientras las autoridades sanitarias y los propios empleados del lugar desmienten categóricamente la realización de estas prácticas, las redes sociales, los testimonios de profesionales y la circulación de catálogos con equipos de alta gama alimentan un debate polarizado sobre el control institucional, el acceso a divisas y el estado real de la salud pública.
Por un lado, el centro ha intentado desvincularse de las acusaciones relacionadas con la medicina clínica. Una empleada del establecimiento, que se negó a identificarse, aseguró a Martí Noticias que no ofrecen servicios de salud.
"Realizamos servicios faciales, masajes relajantes, se arreglan cejas, pestañas, pero de salud no ofrecemos ningún servicio... Eso fue un video que se hizo para tener más intervenciones en las redes, pero esos servicios nunca se llegaron a realizar, porque no está permitido en Cuba", comentó.
Sin embargo, la divulgación de catálogos en plataformas digitales generó una gran polémica entre cubanos. El periodista cubano exiliado José Luis Tan Estrada señaló que la promoción abarcaba un abanico clínico amplio.
"Desde equipos de hacer ultrasonidos, una clínica dental privada que hace tiempo estaban promocionando, hasta análisis a 105 dólares, prueba citológica, equipos ginecológicos y cardiología para hacer hasta electros".
Tras las publicaciones en redes, la Dirección Provincial de Salud Pública de Camagüey emitió un comunicado en el que advirtió de acciones legales contra el Dalia Spa.
Lo que “entra en contradicción con esto porque si una persona hace público ese negocio y se promociona así de esta manera es porque tiene la autorización de alguien. Además, ¿por dónde pasaron los equipos? ¿por dónde pasó todo ese instrumental médico?”, cuestionó Tan Estrada.
El impacto del Spa en el tejido social camagüeyano se mueve entre el rumor, los altos precios y la necesidad ciudadana.
Mario Ramírez, director de la plataforma Memoria Cívica con sede en la capital camagüeyana, apuntó que si bien tiene constancia del local y de su enfoque en cuidados estéticos, no ha verificado la existencia de consultas médicas directas en su círculo cercano.
Por su parte, la periodista independiente Iris Mariño destacó que, aunque nunca había escuchado sobre la oferta de exámenes médicos de alta complejidad en el lugar, reconoce la presencia de tecnología sofisticada y precios elevados en cuestiones estéticas, lo que ha propiciado especulaciones sobre su financiamiento.
"La tecnología que ellos tienen aquí en Camagüey no la tiene nadie. Son equipos de 10.000 USD, de 15.000 USD, de 20.000 USD. Aquí se rumoró mucho que ellos estaban patrocinados por gente del gobierno, gente de mucho dinero".
La presión sobre el sistema de salud pública también encuentra eco en el personal médico. Una doctora del Hospital Provincial Clínico Quirúrgico Manuel Ascunce Domenech, quien prefirió reservar su identidad, admitió que la falta de recursos en las instituciones estatales empuja a los pacientes a buscar alternativas.
"Lo de la clínica sí es verdad. En el hospital se han visto pacientes que se han hecho electrocardiogramas allí, porque el hospital no tiene equipos. Hay una pila de equipos rotos y los enfermos se estaban haciendo allí los exámenes. Se les ha preguntado a los pacientes dónde se han hecho el electro y han dicho que allí. El electro más o menos lo están cobrando sobre los $30 dólares”, detalló.
El caso de Dalia Spa no es un hecho aislado, sino que se inscribe en un fenómeno más amplio de expansión de la oferta privada de salud en la isla, con un protagonismo especial de la odontología.
A pesar de las restricciones legales formales, el ecosistema digital refleja una creciente proliferación de clínicas dentales privadas y consultorios particulares. En ese sentido, Mariño destacó: "Hay otros lugares aquí en Camagüey que, en su Instagram, promocionan servicios dentales. Tú sabes que en este país se hacen muchas cosas y que a veces la gente no las publica".
Esta perspectiva es respaldada por Tan Estrada, quien señala que la existencia de estos espacios responde a un vacío que el sistema estatal no logra cubrir.
"Salud pública niega una realidad que está vigente: los grupos ‘revolicos’ están llenos de ofertas, de promociones, de clínicas dentales, de asistencia médica, incluso de consultorios privados y de médicos que van a las casas a consultar".
El estado de opinión reflejado en las plataformas digitales muestra una profunda brecha en la sociedad cubana. Los defensores de estas iniciativas argumentan que el sistema público de salud atraviesa un colapso severo caracterizado por la escasez de insumos básicos, por lo que ven en las opciones privadas una alternativa ante una crisis prolongada.
Los sectores críticos, en cambio, manifiestan indignación ante la exclusión económica que imponen estas tarifas en dólares, señalando que la mayoría de los ciudadanos carece de acceso a divisas o salarios suficientes para costearlos, relegando la atención especializada a una minoría privilegiada.
Mientras el régimen intenta contener el alcance de estas ofertas, el caso de Dalia Spa continúa siendo el síntoma visible de una compleja transición socioeconómica donde los vacíos legales, la necesidad asistencial y el comercio privado caminan por una delgada línea.