Sumario
- La comunidad de Viviendas Campesinas, en el municipio de Río Cauto, en la provincia Granma, lleva más de seis meses sin acceso a agua potable, lo que agrava la difícil situación generada por los constantes apagones y la crisis alimentaria.
Más de seis meses sin acceso a agua corriente tienen a la comunidad de Viviendas Campesinas, en el municipio granmense Río Cauto, al borde del colapso. La escasez del recurso imprescindible se suma a los prolongados cortes eléctricos y a la severa crisis alimentaria que azota a la isla.
“Estamos pasando una dificultad intensa con la falta de este líquido tan preciado. Aparte de los apagones que vivimos día a día, las necesidades de la alimentación, imagínese el agua también”, denunció la residente Eliannis Villavicencio, esposa del preso político Alexander Verdecia.
Ante la inacción de las autoridades, el suministro ha caído en manos de vendedores particulares que transportan el recurso desde zonas alejadas y lo revenden a precios prohibitivos para la mayoría.
Un solo pomo de agua puede costar entre 100 y 150 pesos, o más. Para llenar un tanque mediano de diez pomos, una familia necesita desembolsar más de 1,500 pesos, una cifra inalcanzable para muchos de los habitantes locales.
“Mucha gente no puede acceder a ese pomo de agua que venden en ese precio. Muchos están yendo a cargar directamente al río”, señaló la mujer.
El agua del Río Cauto, a la altura del municipio del mismo nombre, no es potable debido a que está contaminado y todavía arrastra los desechos del Huracán Melissa que penetró por el oriente cubano el 29 de octubre de 2025.
Para quienes no pueden costear los precios del mercado privado, las alternativas conllevan graves riesgos sanitarios:
Vecinos consumen agua de pozos artesanales sin certificación sanitaria. Aunque en ocasiones sale salada o turbia, es utilizada obligatoriamente para cocinar, bañarse e incluso beber.
“Lamentablemente esa agua es la que está tomando muchas personas y también de pozos que han hecho particulares que tampoco está calificada para beber, pero la gente la está usando para bañarse, cocinar y hasta para tomar también. A veces sale salada, pero no hay más nada y obligatoriamente hay que consumir y usar esas aguas”, apuntó Villavicencio.
La población denuncia la ausencia de camiones cisterna (pipas) para la comunidad general. Según Villavicencio, las pocas que hacen recorrido se destinan prioritariamente a funcionarios del gobierno y personas vinculadas al aparato oficialista.
“Las pipas que aparecen son para las personas que trabajan en el gobierno o para los chivatos condecorados que se asocian a estas personas”, recalcó Villavicencio.
La crisis no se limita a la periferia. En la cabecera del municipio Río Cauto, las reservas destinadas al consumo humano se agotaron por completo. Según testimonios recogidos bajo condición de anonimato, familias enteras llevan semanas recolectando agua estancada en los depósitos del antiguo central azucarero, un entorno con proliferación de moho y donde habitualmente abrevan caballos y otros animales.
Sin soluciones institucionales a la vista, los habitantes de Río Cauto continúan expuestos a enfermedades epidemiológicas mientras intentan resolver, día a día, la búsqueda del elemento más básico para la supervivencia.