Sumario
- Aumentan los robos violentos contra transportistas privados en Cuba, impulsados por la crisis económica y la escasez de combustible, con especial foco en triciclos eléctricos.
El incremento de los robos con violencia contra trabajadores privados del transporte de pasajeros ha generado preocupación dentro del gremio en Cuba. La escasez de combustible y la crisis económica aparecen como los principales factores detrás de esta tendencia, según testimonios recogidos por Martí Noticias.
El riesgo de esta labor quedó expuesto en mayo con la muerte de Dayron Urbay Solán, un transportista de 40 años, Maestro Masón (MM), residente en Caibarién, Villa Clara. Urbay Solán, quien operaba un triciclo eléctrico, aceptó un traslado hacia la localidad de Zulueta, en el municipio de Remedios.
Your browser doesn’t support HTML5
Aumentan los asaltos violentos contra transportistas privados en Cuba
Según fuentes cercanas a la víctima, el conductor fue agredido y estrangulado en pleno día para robarle el vehículo. Una persona allegada al transportista describió el hecho.
“Muy triste. Un niño muy noble, parece ser que fueron las personas que lo alquilaron desde aquí, desde Caibarién. A pleno día, a las 2 de la tarde. Lo asfixiaron, parece ser que lo cogieron por detrás, lo estrangularon”.
Las autoridades arrestaron a uno de los presuntos autores, mientras la investigación continúa abierta para determinar la participación de otros implicados, afirmó la entrevistada.
Trabajadores del sector en Villa Clara señalan que la falta de combustible ha desviado la atención de los delincuentes hacia los vehículos eléctricos.
“Con el tema combustible que hay, lo que se está moviendo ahora son los triciclos eléctricos, y entonces están puestos para eso. En ese mismo caso, a ese muchacho le llevaron el triciclo y parece que los desarman o los mueven para otros municipios. Son gente sin lástima, sin sentimiento”, explicó un chofer de automóvil de la zona.
Días después del homicidio de Urbay Solán, se reportó otro incidente similar en la misma región, donde los asaltantes interceptaron un vehículo cargado con mercancía.
“Eso está de moda ahora. Este municipio está en candela en estos días. No sé lo que pasó, pero el triciclo andaba cargado de mercancía. En la carretera no se le puede parar a nadie”, lamentó.
Antonio Font, bicitaxista en La Habana, confirmó que se han producido asaltos dirigidos específicamente a operarios de triciclos y bicitaxis para despojarlos de sus medios de trabajo.
“No ha habido muerto, pero ha habido sus problemas. Inclusive han asaltado a otras personas que trabajan en triciclos y bicitaxis y se lo han quitado”, apuntó.
La socióloga cubana exiliada Teresa Díaz vinculó el aumento de la criminalidad con el severo deterioro de las condiciones socioeconómicas en la isla.
“Con el terror desatado en Cuba en los últimos años, y sobre todo por la profundización de la crisis económica a un nivel descomunal, ello ha provocado un aumento también muy elevado del nivel de violencia en la misma población. Cuando nos enteramos de estos hechos de asesinato para robar un móvil, una cadena... de ese joven que asesinaron para robarle un triciclo eléctrico, esto son hechos que constituyen una muestra fehaciente del nivel de deshumanización al que hemos llegado”, indicó.
Según Díaz, los robos con violencia han dejado de ser hechos aislados, lo que ha transformado la identidad social y la seguridad ciudadan.
“Ya en Cuba lo mismo te puede robar un desconocido que un vecino drogadicto, como me pasó a mí misma hace un par de años. Ya no podemos asegurar que son hechos aislados, al punto que esa violencia está implicando un cambio de nuestra propia identidad”.
La experta argumentó que la población ha pasado de una cultura de solidaridad y vecindad a una situación de aislamiento y protección extrema.
“Ya no somos ese cubano que te brindaba un buchito de café, de ese cubano solidario que vivía con las puertas abiertas y te recibía con alegría. Ahora hemos pasado a ser cubanos enrejados. Esto es un proceso que hace mucho tiempo, no es de ahora. Esto ya viene hace décadas, viene transformándose esta manera de comportarse porque han cambiado las circunstancias en Cuba. Y esto es un proceso de transformación de valores y de emergencia de antivalores”, comentó.
Díaz apuntó a una falta de eficacia y desinterés de las fuerzas del orden en la prevención del delito común, afirmando que los recursos institucionales se concentran en el control de la libre expresión.
“A ello se une también la inoperancia de la policía, la falta de interés en auxiliar a un pueblo desamparado. La policía sólo actúa con las protestas, con la inconformidad, con el ejercicio de la libertad de expresión. Bueno, el colmo de la corrupción institucional es que utiliza a delincuentes como informantes de la policía y eso les brinda un escudo a este tipo de marginales. Le da mucha más seguridad para cometer estos delitos”.
Asimismo, la especialista señaló que la presencia sostenida de una retórica de confrontación en la educación y los medios estatales ha influido negativamente en la conducta social.ç
“También es significativo que durante décadas se ha inculcado un lenguaje bélico, agresivo. Palabras tales como guerra, enfrentamiento, enemigo, batalla son constantes en las escuelas y en los medios de comunicación. Como escribió José Martí en 1888, un pueblo no es un campo de batalla. En la guerra mandar es echar abajo y en la paz echar arriba. No se sabe de ningún edificio construido sobre bayonetas. Por eso es importante la no militarización de la sociedad, de cualquier sociedad”.
“Se nos han extirpado nuestras costumbres, nuestras tradiciones, nuestras creencias. Hay que rescatar el modo de ser auténticamente cubano. Ese comportamiento que causaba asombro en cualquier visitante. Esa manera de ser y de vivir con afecto, con alegría, con generosidad. Esta será una de las tareas esenciales de este pueblo cuando renazca, volver a restaurar. Y no será una tarea fácil, una tarea de un día para otro. Tendremos que hacer un gran esfuerzo para que Cuba renazca como la nación auténtica que siempre fue”, concluyó.