La crisis alimentaria en Cuba alcanzó en 2025 niveles críticos, según la Encuesta Nacional de Seguridad Alimentaria realizada por Food Monitor Program, que documenta un deterioro generalizado en el acceso, la disponibilidad y el consumo de alimentos en la isla.
El informe, presentado este fin de semana en la Feria del Libro de Bogotá y titulado “En Cuba hay hambre 2025”, advierte que la situación no se limita a la falta de comida en los mercados, sino que combina pérdida de poder adquisitivo, apagones, dificultades para acceder al agua potable, escasez de medicamentos y una creciente dependencia de redes informales para sobrevivir.
La propia investigación caracteriza los resultados de 2025 como un escenario de “inseguridad alimentaria de carácter crítico”.
Uno de los datos más alarmantes es que el 33.9% de los hogares encuestados reportó episodios de hambre en los últimos 30 días, lo que equivale a uno de cada tres hogares consultados. Además, el 94.9% dijo haber perdido capacidad para comprar alimentos durante el último año, mientras que el 99% percibe desabastecimiento de productos esenciales.
La encuesta muestra también el peso devastador de la comida sobre la economía familiar. El 79.4% de los hogares destina el 80% o más de sus ingresos exclusivamente a alimentarse, y el 40.6% agota la totalidad de sus ingresos en comida, sin margen para cubrir medicinas, transporte, ropa, higiene u otros gastos básicos.
El sistema estatal de abastecimiento aparece prácticamente colapsado en la percepción de los encuestados. Apenas el 1.2% considera completo el abastecimiento en los agromercados estatales, mientras que la combinación de mipymes y mercado negro se ha convertido en una de las vías más utilizadas ante las fallas del Estado. Según el resumen del informe, ocho de cada diez hogares dependen de una red privada o informal para garantizar alimentos.
Los ancianos son los más vulnerables
La crisis no golpea a todos por igual. Los adultos mayores aparecen como uno de los grupos más vulnerables: el 89.8% reportó dificultades para conseguir medicamentos, el 53% destina todos sus ingresos a comer, el 83.6% depende de pensiones y el 7.3% come apenas una vez al día.
A la escasez de alimentos se suma el deterioro de los servicios básicos. El 80.4% de los encuestados afirmó que los apagones afectaron su capacidad para cocinar, mientras que el 48.3% reportó comida echada a perder por fallas en la refrigeración. Solo el 18.3% dijo tener acceso diario al agua potable.
El deterioro se profundizó respecto al año anterior. La proporción de hogares que reportó hambre en los últimos 30 días subió de 24.6% en 2024 a 33.9% en 2025. El acceso diario al agua cayó de 34.1% a 18.3%, y el impacto de los apagones en la capacidad de cocinar pasó de 71.2% a 80.4%.
Una encuesta hecha dentro de Cuba
La investigación fue realizada a partir de más de 2,500 respuestas válidas y forma parte de una serie de levantamientos anuales que Food Monitor Program desarrolla desde 2022 para medir las condiciones de inseguridad alimentaria en los hogares cubanos.
El informe incorpora, además de alimentos, variables como agua potable y electricidad, consideradas centrales para entender la policrisis que afecta la disponibilidad, estabilidad, acceso y consumo de alimentos.
Para los autores, la combinación de hambre reciente, reducción del consumo, pérdida de acceso económico, dificultades de abastecimiento y afectación del acceso a medicamentos permite concluir que Cuba atraviesa una crisis alimentaria estructural, con efectos directos sobre la vida cotidiana de la población.
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