Una compleja operación de desinformación, orquestada por el grupo de espionaje ruso conocido como “La Compañía”, logró infiltrar al menos 250 artículos, análisis y columnas de opinión en más de 20 medios digitales argentinos.
El objetivo, según una investigación periodística global, era desprestigiar al gobierno de Javier Milei, polarizar a la sociedad y contrarrestar su alineamiento estratégico con Ucrania y Estados Unidos.
“A nadie le gusta que una potencia extranjera, cualquiera sea, haga campañas de desinformación o fake news en Argentina”, afirmó a Martí Noticias el periodista Santiago O’Donnell, director de Filtraleaks, quien encabezó la investigación junto a openDemocracy (Reino Unido), The Continent (Sudáfrica), Forbidden Stories (Francia) y otros medios especializados en filtraciones de inteligencia.
O’Donnell aseveró que, entre las 250 notas mencionadas en la supuesta filtración, muchas contenían firmas de personas inexistentes con perfiles creados por inteligencia artificial. Algunos eran autores que solo publicaron contenidos entre agosto y diciembre de 2024 y que, antes y después de ese período, no dejaron rastro alguno en redes sociales.
Los 76 documentos obtenidos por The Continent —parte de un lote de 1,431 páginas— revelan un presupuesto específico de 283,000 dólares para contenidos periodísticos, además de otros 343,000 dólares destinados a tareas de inteligencia, organización en terreno, encuestas y perfiles políticos.
“Los 283,000 dólares es lo que figura en los documentos rusos como una especie de rendición de cuentas de ‘La Compañía’ al Kremlin. Eso no implica que la cifra sea fidedigna; no tenemos evidencia de que esos pagos se hayan concretado en su totalidad”, aclaró el periodista.
“La Compañía”, sucesora del Grupo Wagner tras la muerte de Yevgueni Prigozhin en 2023 y vinculada al Servicio de Inteligencia Exterior ruso (SVR), habría coordinado la operación desde Argentina bajo la supervisión de Alexey Evgenievich Shilov. Los documentos detallan pagos por artículo que oscilaban entre los 350 y los 3,100 dólares. Muchos textos fueron ofrecidos gratuitamente o a través de intermediarios presentados como “agencias de prensa”.
Según Santiago O’Donnell, los medios en Argentina son vulnerables a la desinformación rusa debido a la crisis del sector: "La necesidad de publicar un alto volumen de notas, sumada a la precarización laboral, impide que muchos medios controlen debidamente la calidad de sus contenidos".
Los contenidos combinaban hechos reales con exageraciones y noticias falsas, revela la investigación. El foco estaba en atacar la política económica oficial, amplificar protestas y fomentar divisiones internas en La Libertad Avanza, el partido político gobernante en Argentina, liderado por el presidente Milei. Un caso emblemático fue una nota falsa publicada en El Destape sobre supuestos saboteadores argentinos detenidos en Chile, la cual generó una alarma diplomática real.
Los artículos aparecieron en portales de diverso espectro ideológico, como Infobae, C5N, Ámbito, Realpolitik, A24 y La Patriada Web, entre otros. Algunos utilizaban firmas ficticias como “Gabriel di Taranto” o “Manuel Godsin”, con fotos robadas de bancos de imágenes.
De los editores consultados, la mayoría negó contactos directos con agentes rusos. Solo dos fuentes admitieron, bajo condición de anonimato, haber recibido pagos menores por parte de terceros, aunque las cifras reportadas fueron muy inferiores a las que figuran en los documentos del Kremlin.
Rusia mantiene una estrategia de influencia en América Latina que inició durante la Guerra Fría con Cuba y Nicaragua, y que se ha reactivado bajo Vladímir Putin mediante alianzas con gobiernos críticos de EEUU. Esta relación incluye cooperación en materia de seguridad, como la presencia de contratistas militares en Venezuela, y el uso de medios estatales y plataformas digitales para difundir su visión geopolítica frente a la narrativa occidental.
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