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El poeta chileno, quien venía de vuelta, desengañado del estanilismo, se encontró con Fidel Castro y captó de inmediato, la verdadera esencia narcisista del Máximo Líder.

Santiago de Chile - Fidel Castro y Pablo Neruda se conocieron a principios de la Revolución Cubana, en un viaje que los dos hicieron a Venezuela el 23 de enero de 1959, invitados a los festejos por el primer aniversario del derrocamiento de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez.

Ambos instintivamente, recelaron el uno del otro, sin tratar de cambiar esa percepción y por el contrario la exacerbaron en el correr del conocimiento mutuo.

Según narra Edwards -quien enfrentó sus propios encuentros de tercera clase con el Comandante en Jefe- Neruda había viajado a La Habana en los comienzos de la revolución y había escrito el primer libro importante de apoyo a Cuba, "Canción de Gesta".

Pero el poeta chileno, quien venía de vuelta, desengañado del estanilismo, se encontró con Fidel Castro y captó de inmediato, la verdadera esencia narcisista del Máximo Líder.

Un poema, dedicado a Fidel, Neruda le advierte a éste -entre líneas- de su culto a la personalidad, que ya era parte de su persona.

Esta es la copa, tómala, Fidel.

Está llena de tantas esperanzas

que al beberla sabrás que tu victoria

es como el viejo vino de mi patria:

no lo hace un hombre sino muchos hombres

y no una uva sino muchas plantas:

no es una gota sino muchos ríos:

no un capitán sino muchas batallas...

Dice Edwards que a Neruda, en privado, no le gustaba Fidel. Tampoco el Ché Guevara. Él decía que Castro era demasiado izquierdista.

Hay una situación que muestra eso en detalle: Neruda fue a Caracas en 1959, poco tiempo después del triunfo de la revolución cubana y se encontró con Fidel en el hotel, donde tuvieron una larga conversación. Cuando iban saliendo, un fotógrafo empezó a tomarles fotos. Fidel lo agarró, lo zamarreó y lo mandó a la mierda. No quería que lo fotografiaran con Neruda. Y Neruda se dio cuenta.

En ese momento, a Fidel no le convenía que lo acusaran de stalinista o comunista, porque aparecía como un izquierdista que haría una revolución libertaria.

Sin embargo, el golpe definitivo de la caída en desgracia de Neruda con el Comandante fue en 1966 y fueron dos acontecimientos:

Primero por un encuentro que tuvo el poeta con el Presidente Belaúnde en Perú, quien era un enemigo de la revolución y la guerrilla; y segundo, por haber ido a Estados Unidos a una reunión del Pen Club de ese país.

Iracundo, Fidel Castro, hizo que los escritores cubanos, miembros de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba –UNEAC- enviaran una carta abierta a Neruda acusándolo de "aburguesamiento", sumisión y traición, por haberse reunido con el Presidente Belaúnde en Perú y de haber ido a Estados Unidos a formar parte del Congreso del Pen Club.

Edwards recuerda que Neruda se sintió atacado por la izquierda, que es lo peor que le puede pasar a un comunista.

Neruda decía que ningún escritor, como Nicolás Guillén y todos esos "gallos", (sujetos) no se hubieran atrevido a firmar una carta pública contra él, si el jefe no le ha dicho que lo haga.

Y yo, -agrega Edwards- lo primero que supe en Cuba, fue que Fidel había encargado esa carta a tres o cuatro personas que yo conocía: a Lisandro Otero, Edmundo Desnoes, etc.

Después todos la firmaban. Y al que no le pedían la firma se sentía muy nervioso. Era señal de que estaba en desgracia.

Neruda, al referirse a los firmantes de dicha carta y señalar a su promotor principal, Roberto Fernández Retamar, señaló: "…se erigían en profesores de las revoluciones, en dómines de las normas que deben regir a los escritores de izquierda, los que, con arrogancia, insolencia y halago, pretendían enmendar mi actividad poética, social y revolucionaria…".

Neruda nunca perdonó la carta.

En 1967, la UNEAC lo invitó a visitar la isla, quizás empujados por Fidel Castro a quien le convenía hacer las paces con el bardo chileno, que ganaba prestigio y premios, pero nunca aceptó y nunca regresó a Cuba.

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