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Libro desgrana supuesta mediación de García Márquez con Clinton por crisis de balseros


Gabriel García Márquez en una de sus apariciones públicas junto a Fidel Castro.

“El canal oculto hacia Cuba" relaciona al escritor colombiano con una serie de reuniones secretas que habrían tenido lugar tanto en La Habana como en territorio norteamericano para hacer llegar mensajes entre Clinton y Fidel Castro.

El fallecido premio Nobel de Literatura Gabriel García Márquez podría haber sido una pieza fundamental en las relaciones diplomáticas entre Estados Unidos y Cuba durante los años 90 bajo el mandato del expresidente Bill Clinton. Así al menos lo aseguran los investigadores William M. Leogrande y Peter Kornbluh en su libro “El canal oculto hacia Cuba" (Back Channel to Cuba) y en el que relacionan al escritor colombiano como el interlocutor entre Fidel Castro y Clinton en la crisis de los balseros de 1994.

Portada de Back Channel to Cuba.
Portada de Back Channel to Cuba.

Tal y como relata el diario El País en un artículo, en ese año miles de cubanos se lanzaron al mar hacia las costas de Florida provocando un importante problema migratorio y diplomático entre ambos países, ante el cual Castro habría pedido la mediación del expresidente Jimy Carter. Pero Washington entonces optó por alguien de otro corte y que tuviera un trato más directo con el gobernante cubano.

Se acudió entonces al presidente de México Carlos Salinas de Gortari, que hizo de enlace para que finalmenete fuera García Márquez el encargado de transmitir los mensajes. Para entonces, “Gabo” era un íntimo de Fidel Castro con el que compartía no sólo amistad, sino tiempo.

En una ocasión García Márquez fue portador de una carta de Castro para el presidente de EEUU, Bill Clinton.
En una ocasión García Márquez fue portador de una carta de Castro para el presidente de EEUU, Bill Clinton.

Según el libro, García Márquez recibió la consigna de que Clinton sólo estaría dispuesto a hablar con la isla en términos migratorios, pero no en relación al embargo, y así se lo transmitió al gobierno cubano.

Días más tarde, de nuevo en Estados Unidos, la respuesta de Castro ya estaba sobre la mesa, durante una cena en la que además del Nobel estaban la esposa de Clinton, Hillary, el escritor William Styron junto a su esposa, el escritor mexicano Carlos Fuentes y el ex ministro de Exteriores de ese país Bernardo Sepúlveda, asegura el diario español.

Una vez allí, y cuando se encontraron a solas, pudo trasladarle la disposición de Clinton a negociar sólo de migración, pero con condiciones mucho más duras que las aplicadas años antes durante la crisis del Mariel en 1980, cuando bajo la presidencia de Jimy Carter miles de cubanos arribaron sin demasiada oposición a territorio estadounidense. Clinton, además, le recordó a García Márquez que este suceso impactó negativamente la posibilidad de ganar la gobernación de Arkansas por aquel entonces. “Castro ya me ha costado unas elecciones. No me va a costar dos”, le hizo saber para que conocieran su postura en La Habana.

“Gabo” y la colaboración antiterrorista EEUU-Cuba

Este libro también cuenta otro de los episodios más importantes en las tensas relaciones de los dos países, la que se refiere a los atentados contra instalaciones turísticas en Cuba que sucedieron entre 1992 y 1997. En ese momento fue Fidel Castro el que habría reclamado la ayuda del escritor para frenar una situación desconocida para él hasta entonces.

Él fue el responsable de hacer llegar a Clinton en 1998 un documento en el que se desvelaba una supuesta trama terrorista para derribar un avión en Cuba

Él fue el responsable de hacer llegar a Clinton en 1998 el documento “Sumario de los asuntos que Gabriel García Márquez puede transmitir confidencialmente al presidente Clinton” en el que se desvelaba una supuesta trama terrorista para derribar un avión con origen o destino La Habana. Castro estaba convencido de que Estados Unidos “tenía información suficiente” para su desmantelamiento, por lo que solicitaba la ayuda de los servicios de espionaje norteamericanos.

Según cuenta El País, García Márquez consiguió su objetivo de transmitir ese mensaje en la Casa Blanca con una pregunta clara: “¿Es posible que el FBI contacte con sus homólogos cubanos para luchar juntos contra el terrorismo”, a lo que uno de los principales consejeros del presidente, Thomas McLarty, respondió antes de irse: “Tu misión era muy importante. Lo has hecho muy bien”.

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