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Las FARC comienzan a dejar las armas


Las FARC son la guerrilla más antigua y numerosa de América, con casi 7.000 integrantes ahora concentrados en 26 puntos del país para dejar las armas.

"Es un día histórico para el país", escribió en Twitter el presidente Juan Manuel Santos.

Las FARC, principal guerrilla comunista de Colombia, comienza este miércoles el proceso de dejación de armas, punto esencial del acuerdo de paz firmado con el gobierno para acabar medio siglo de confrontación.

"Es un día histórico para el país", escribió en Twitter el presidente Juan Manuel Santos, mientras arrancaba el desarme de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC, marxistas) en las zonas donde se preparan para volver a la vida civil.

El jefe máximo de las FARC, Rodrigo Londoño ("Timochenko"), celebró también en la red social que se dé "un paso más hacia la paz".
Alzadas contra el Estado en 1964, las FARC contabilizaron casi 7.000 combatientes al ingresar a los 26 sitios convenidos.

El acuerdo de paz, sellado en noviembre tras cuatro años de negociaciones en Cuba, establece que los subversivos depongan las armas en 180 días a partir del 1 de diciembre, o "Día D", en un proceso supervisado por Naciones Unidas.

Según el cronograma pactado, la recolección de armas se hace "en tres fases": en D+90 se entrega 30%; en D+120, otro 30%; y en D+150, el 40% restante, para terminar "a más tardar" el día D+180.

Pero antes de la primera etapa, debían cumplirse pasos previos: registro de las armas, destrucción del armamento inestable (explosivos, minas) y almacenamiento de las armas de acompañamiento (pesadas).

En la zona de concentración de las FARC en San José de Oriente, a 30 minutos de la ciudad de Valledupar (norte), la guerrillera Adriana Cabarrus dijo a AFP que aún no saben "a qué hora van a llegar los encargados de registrar las armas", pero que dan este paso "con toda la disposición y buen ánimo".

"Nuestra preocupación primera es nuestras necesidades: las construcciones están atrasadas, los baños no terminados, ni el comedor ni la cocina", comentó Cabarrus, con un constante ruido de motosierras de fondo y mientras van y vienen -por el polvoriento camino que une la zona con Valledupar- camiones con material de construcción.

Pese al retraso, Maritza González, de 54 años y guerrillera desde los 14, está esperanzada. "Estoy dejando el fusil por la escoba", dijo esta indígena wayuu.
La ONU, que destinó 450 observadores internacionales para esta misión, saludó el martes en un comunicado "el consenso de las partes de iniciar sin más demora el proceso de dejación de armas".

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