En 1977, un conflicto regional en el Cuerno de África dejó al descubierto una de las contradicciones más agudas de la Guerra Fría: dos Estados que se proclamaban abiertamente socialistas entraron en guerra entre sí, mientras un tercer gobierno socialista —Cuba— intervino militarmente para decidir el desenlace.
La Guerra del Ogadén, entre Etiopía y Somalia, no solo redefinió fronteras, sino que reveló los límites reales de la unidad ideológica dentro del campo socialista.
Marxistas y rivales
A mediados de la década de 1970, tanto Somalia como Etiopía se definían oficialmente como Estados socialistas.
Somalia, bajo el mando de Mohamed Siad Barre desde 1969, había adoptado el llamado socialismo científico. Como muchos somalíes, consideraba que su nación debía abarcar un territorio mucho más amplio que el reconocido por la comunidad internacional.
Ese proyecto, conocido como “Gran Somalia”, incluía el territorio de Yibuti, Somalilandia, parte de la zona norte de Kenia y la región etíope del Ogadén. Tras la proclamación del marxismo, Siad Barre nacionalizó sectores clave y se alineó con Moscú y La Habana, presentando su proyecto expansionista como una causa revolucionaria y nacionalista.
Etiopía, por su parte, emergió como Estado socialista tras la revolución de 1974 que derrocó al emperador Haile Selassie. El poder fue asumido por la junta militar marxista conocida como el Derg, encabezada por el teniente coronel Mengistu Haile Mariam, que proclamó el marxismo-leninismo mientras enfrentaba graves desafíos internos a su autoridad.
En Somalia veían la situación del vecino como propensa para sacar partido e impulsaron la creación del Frente de Liberación del Oeste Somalí (WSLF).
Tropas regulares somalíes, en apoyo a esa milicia, comenzaron ataques contra posiciones etíopes. En 1977, Addis Abeba denunció formalmente que estaba siendo atacada por su vecino oriental.
Hasta 1977, la relación de Somalia con Cuba había sido cercana y cooperativa, con presencia de asesores cubanos en el país. Fidel Castro visitó el país en la primavera de 1977, reuniéndose con el aliado socialista somalí. Inclusive se presentó como mediador entre Etiopía y Somalia durante un encuentro en Adén, Yemen del Sur (entonces otro estado socialista).
En la reunión celebrada en Berlín Oriental el 3 de abril de 1977, Fidel Castro expuso ante Erich Honecker un diagnóstico ya muy definido sobre la crisis entre Somalia y Etiopía, dejando claro que su posterior alineamiento con Addis Abeba no fue una decisión improvisada.
Castro relató sus intentos fallidos de mediación entre dos Estados que se proclamaban socialistas y describió con detalle la evolución interna de Somalia, donde —según su análisis— el nacionalismo chovinista y fuerzas que no comulgaban con el socialismo iban en ascenso y estaban vaciando de contenido, al parecer del dictador cubano, el proyecto socialista de Mohamed Siad Barre.
En contraste, Castro presentó a Etiopía como una revolución auténtica, subrayando las reformas agrarias, la movilización popular y el punto de inflexión del 3 de febrero de 1977, cuando Mengistu Haile Mariam neutralizó a la facción derechista del régimen.
El resumen de la conversación revela también el dilema estratégico al que se enfrentaba el bloque socialista: apoyar a Etiopía significaba perder a Somalia, pero no hacerlo suponía dejar caer una revolución que Castro consideraba central para el equilibrio en África.
En ese marco, el líder cubano justificó su rechazo abierto a las exigencias territoriales somalíes y alegaba en defensa de Mengistu, que la política de Siad Barre no solo amenazaba a Etiopía, sino que favorecía el acercamiento de Somalia a Arabia Saudita y a potencias occidentales.
La transcripción muestra así cómo, antes incluso del estallido abierto de la Guerra del Ogadén, Castro había optado por una lógica de poder y cálculo estratégico por encima de la solidaridad ideológica, sentando las bases políticas de la posterior intervención militar cubana.
La versión taquigráfica de las conversaciones entre los dos cabecillas comunistas se pueden consultar en el Archivo Digital del Wilson Center.
Cuando Somalia invadió el Ogadén en julio de 1977, el conflicto no enfrentó al socialismo con el capitalismo, ni fue parte de las llamadas "guerra por la independencia", sino a dos gobiernos que se proclamaban socialistas y competían por territorio y hegemonía.
URSS y Cuba al mando de la intervención
Una vez que la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) decidió respaldar a Etiopía, Cuba se alineó plenamente con esa decisión.
Cuando las fuerzas somalíes se adentraron en Etiopía, Moscú reaccionó de manera contundente. En septiembre de 1977, la URSS estableció un puente aéreo masivo, enviando cerca de 1.000 millones de dólares en armamento. En el momento álgido de la operación, un avión soviético aterrizaba en Addis Abeba cada 20 minutos.
Cuba, por su parte, envió a más de 11 mil soldados y más de 6.000 asesores militares y técnicos, para un total de cerca de 18 mil efectivos militares. El jefe de las fuerzas cubanas fue el general Arnaldo Ochoa Sánchez, uno de los oficiales más condecorados de Cuba y veterano de campañas previas en África. Ochoa, quien fue fusilado en julio de 1989, ejerció autoridad operativa directa sobre las unidades desplegadas en el frente.
El principal asesor militar soviético fue el general Vasily Ivanovich Petrov, entonces máximo asesor militar de la URSS en Etiopía, quien coordinó la planificación estratégica, el suministro de armamento y la integración operativa entre fuerzas etíopes, cubanas y soviéticas. Posteriormente sería ascendido a Mariscal de la Unión Soviética.
Este esquema de mando reflejó la jerarquía real de la intervención: las tropas cubanas aportaron la mayor parte del poder de combate, mientras los asesores soviéticos definieron la estrategia general y el apoyo logístico.
Somalia rompe relaciones con Cuba
La decisión de Cuba tuvo consecuencias diplomáticas inmediatas pues Somalia rompió relaciones diplomáticas con Cuba, expulsó a los asesores cubanos y soviéticos y acusó públicamente a La Habana de traicionar la solidaridad socialista.
Ambos países habían establecido relaciones diplomáticas en 1972 y tras la ruptura de 1977 no hubo representación hasta el 2023, que a petición de La Habana recibieron en Mogadiscio a un enviado del régimen cubano.
La propaganda oficial obvia la época de confrontación y en junio pasado dijeron celebrar 53 años de relaciones diplomáticas. Ni una palabra sobre las tropas cubanas combatiendo a los somalíes en el Ogadén. La ruptura puso de relieve una realidad incómoda: la ideología socialista no impidió la guerra ni garantizó lealtad entre Estados que se proclamaban revolucionarios.
En marzo de 1978, fuerzas cubanas y etíopes, dirigidas por oficiales cubanos y soviéticos, recuperaron la ciudad clave de Jijiga, sellando la derrota somalí. Aunque el WSLF continuó combatiendo durante años, el intento de anexar el Ogadén había fracasado. La presencia de las tropas cubanos y el apoyo de la URSS fue decisivo y políticamente revelador: la estrategia de la Guerra Fría prevaleció sobre la retórica socialista.
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