Humberto Díaz-Argüelles (14 de septiembre de 1942 – 17 de enero del 2026) fue un veterano de la Brigada 2506, líder del exilio cubano y custodio de la memoria histórica de Bahía de Cochinos.
Era conocido entre sus amigos y en la comunidad como “El Chino”, y falleció este 17 de enero, dejando un legado indeleble como veterano de la Brigada 2506 y como uno de los líderes más visibles y persistentes de la comunidad cubana en el exilio en el sur de la Florida. Su vida fue una travesía que abarcó desde el fervor juvenil por la libertad de Cuba hasta décadas de activismo cívico y comunitario en su país adoptivo.
De La Habana al exilio y a la invasión de Bahía de Cochinos
Humberto Díaz Argüelles nació el 14 de septiembre de 1942 en La Habana, en el seno de una familia de abogados. Desde muy joven fue testigo de los cambios radicales que transformaron a Cuba tras la llegada al poder de Fidel Castro, experiencias que marcarían su destino y su convicción política para toda la vida.
A finales de octubre de 1960, con apenas 18 años, salió de Cuba rumbo a Estados Unidos con su madre, quien había gestionado un pasaporte británico para poder emigrar. Poco después de llegar al sur de la Florida, Díaz Argüelles decidió integrarse a los entrenamientos con el objetivo de combatir el régimen castrista, sumándose a lo que sería la Brigada 2506.
En entrevista para un proyecto de memoria oral de la oposición cubana habló de la urgencia y altruismo de esa decisión: “La razón era bien simple. Liberar a Cuba”, expresó sobre los motivos que impulsaron a él y a sus compañeros a entrenar y, eventualmente, a participar en la invasión de Bahía de Cochinos en abril de 1961.
Durante el desembarco, Argüelles y sus camaradas enfrentaron condiciones extremadamente adversas; tras varios días sin comida ni municiones, fueron rodeados por fuerzas cubanas y capturados. Condenado a treinta años de prisión, pasó casi dos años en la cárcel “El Castillo del Príncipe”, en La Habana, donde sufrió enfermedades derivadas de las duras condiciones del penal.
Tras su regreso a Estados Unidos como parte de un acuerdo de intercambio gestionado por la administración del presidente John F. Kennedy; continuó su formación académica y estudió Administración de Negocios en la Universidad de Miami, construyendo una vida profesional sólida mientras criaba una familia con hijos y nietos.
Liderazgo en la Asociación de Veteranos de la Brigada 2506
Más allá de su experiencia militar, la contribución de Humberto Díaz Argüelles al exilio cubano fue fundamental en su rol como presidente de la Asociación de Veteranos de la Brigada 2506. Su liderazgo se caracterizó por la defensa de los valores históricos de su generación de exiliados y por la promoción de la memoria de la invasión de Bahía de Cochinos como parte esencial del patrimonio político y cultural del exilio.
Al celebrarse actos públicos, eventos conmemorativos y homenajes, Díaz-Argüelles insistió en la importancia de mantener vivo ese legado. En una de las ceremonias en el condado de Miami-Dade, al debatirse el nombramiento de una calle como “Brigade 2506 Boulevard”, afirmó que ese tributo serviría para “mantener el legado de la Brigada 2506 y de la década de los sesenta, que fue una lucha constante y perenne en contra de la dictadura de los Castro”.
Su liderazgo también se extendió al ámbito político del exilio. En numerosas ocasiones defendió la necesidad de apoyar a la oposición interna en Cuba y de mantener presión sobre políticas de Estados Unidos hacia la isla, enfatizando la centralidad de los derechos humanos y la democracia como
A lo largo de los años, describió también aspectos humanos del enfrentamiento y sus consecuencias, subrayando la camaradería con sus compañeros capturados y su resolución ante la adversidad.
Su liderazgo fue testimonio de una transición histórica: de la lucha armada a la preservación activa de la memoria y de un compromiso cívico con la justicia y la democracia. Bajo su guía, la Brigada 2506 no solo honró a los muertos y heridos de 1961, sino que también se consolidó como una organización que acoge a generaciones más jóvenes de cubanos exiliados interesados en la historia y el futuro de Cuba.
Para muchos, su imagen era la de un patriota inquebrantable que comprendió que la memoria de la libertad es una herencia que debe protegerse activamente.
Humberto Díaz-Argüelles vivió con la firme convicción de que la historia no es un relato estático, sino un fundamento para la acción. Su testimonio, tanto en prisiones como en foros públicos, encarnó la esperanza de una Cuba libre y democrática. Con su partida, la comunidad del exilio cubano ha perdido no solo a un veterano y a un organizador, sino también a un custodio de historias que han definido el carácter de generaciones de exiliados y opositores cubanos.
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