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Hay intención, por parte del Kremlin, de detener lo que llaman “agresión económica china” con la dependencia militar de esas naciones centroasiáticas del arsenal ruso.

Mientras los políticos y periodistas occidentales se concentraban en las conversaciones en Ginebra sobre la crisis siria, en el artículo de Putin en The New York Times, la entrevista de Assad a Rossia-24; en Biskek, la capital de Kirguizia, se celebraba, casi desapercibida, la cumbre del Grupo de Shanghai.

La reunión, que finalizó el viernes 13 de septiembre, tuvo como temas la seguridad en Afganistán con la salida de las tropas de la OTAN en el 2014, el programa nuclear de Irán y la crisis siria.

El grupo de Shanghai es un gigante euroasiático y fue creado originalmente en 1996 por Rusia, China, Kazajistán, Tayikistán y Kirguizia. Luego se han ido sumando miembros, asociados y observadores. Sus fronteras van desde la mitad de Europa hasta el Mar de China.

En el 2001 se unió Uzbekistán como miembro pleno y hoy día aparecen Bielorrusia, Turquía y Sri Lanka como socios de diálogo, mientras que India, Irán, Pakistán, Afganistán y Mongolia son observadores.

Diplomáticos rusos pronosticaban una pronta adhesión al Grupo de otros estados, algunos actuales observadores, pero no sucedió en esta cumbre.


Esta edición de la cumbre no fue muy distinta de las anteriores. Para Rusia es importante para agrupar sus fuerzas en el espacio postsoviético.

Los presidentes de Irán y China hicieron su debut en la palestra internacional precisamente en esta reunión cimera.

En Kirguizia, dependiente de la ayuda exterior, la presencia del mandatario chino era seguida con interés y esperanza. Un nuevo aeropuerto internacional, carreteras y hasta una planta energética han tenido el financiamiento de China, con un 2 por ciento de interés y hasta 11 años de gracia.

La unidad de acción entre Moscú y Pekín en la ONU no es similar en la región. La revista The Economist señalaba el incremento de la influencia económica China en el Asia Central. Pekín es el principal acreedor de sus vecinos ex soviéticos, y los préstamos son de miles de millones de dólares para proyectos en desarrollo. Rusia sigue siendo el principal proveedor de gas, petróleo y tecnología militar.

Las posibilidades rusas de inversiones no son como las que tienen los chinos, pero si hay intención, por parte del Kremlin, de detener lo que llaman “agresión económica china” con la dependencia militar de esas naciones centroasiáticas del arsenal ruso.

El Grupo de Shanghai no es una organización militar, ni Moscú necesita de ella, pues ya tienen la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC) donde militan Armenia, Bielorrusia, Kazajistán, Kirguistán, Rusia, Tayikistán y Uzbekistán. El rotativo Rossiaskaya Gazeta, especificaba que no hay objetivos militares dentro de la organización, aunque organizan maniobras militares entre varios de sus miembros. Pero para Rusia es vital demostrar que tiene influencia real (en este caso militar) en el Asia Central.
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