En medio de un tenso enfrentamiento diplomático entre Estados Unidos y Cuba en la Asamblea General de Naciones Unidas, un exfuncionario de la misión cubana en Nueva York rompió el silencio sobre lo que asegura haber presenciado dentro de una de las representaciones diplomáticas más cuestionadas de La Habana en el exterior.
Joel Suárez, quien se desempeñó como tercer secretario de la misión permanente de Cuba ante la ONU durante el 2020, denunció en entrevista con Martí Noticias la existencia de un sistema de trabajo marcado por el control político, la falta de autonomía de los diplomáticos y la presunta influencia de los servicios de inteligencia cubanos.
Suárez permaneció aproximadamente un año en Nueva York, donde desempeñó funciones relacionadas con asuntos medioambientales. Posteriormente regresó a Cuba, donde asegura haber sufrido hostigamiento debido a su posición política, hasta que finalmente logró abandonar la isla a bordo de una balsa.
Hoy, desde el exilio, describe el funcionamiento interno de la estructura diplomática a la que perteneció y cuestiona los mecanismos utilizados por La Habana para proyectar su influencia internacional.
“Los diplomáticos cubanos, por más que vivan mejor que el pueblo cubano, en realidad tienen una cultura de trabajo mediocre. Tienen incapacidad de asumir liderazgos en temas que son importantes”, afirmó Suárez.
El exfuncionario describió la misión como parte de un sistema en el que las decisiones se encuentran concentradas en las estructuras superiores del poder político cubano.
“Un mecanismo totalmente centralizado. No existen posibilidades de tomar decisión más allá de las élites que controlan el Ministerio de Relaciones Exteriores subordinadas a la Inteligencia”, sostuvo.
Sus declaraciones coinciden con una nueva jornada de confrontación entre Washington y La Habana en Naciones Unidas. Este martes, durante el debate relacionado con el embargo estadounidense, el embajador de Estados Unidos ante la ONU, Mike Waltz, protagonizó un fuerte intercambio con el canciller cubano Bruno Rodríguez, quien interrumpió su intervención en repetidas ocasiones.
En medio del enfrentamiento, Waltz respondió a las interrupciones con una frase dirigida a la delegación cubana: “Esto no es una dictadura comunista”.
La discusión estuvo marcada por acusaciones, protestas y momentos de tensión que obligaron a intervenir a la presidencia de la sesión para mantener el orden.
La Habana ha conseguido durante décadas un respaldo mayoritario de la Asamblea General a esa resolución, aunque sus resultados no son jurídicamente vinculantes.
Este año, la administración estadounidense busca reducir ese apoyo diplomático, mientras denuncia las violaciones de derechos humanos y la represión política dentro de Cuba.
Para Suárez, la votación anual representa mucho más que una discusión sobre las sanciones estadounidenses. Desde su experiencia como integrante de la delegación cubana, considera que el régimen de La Habana utiliza la resolución como un instrumento de propaganda política, tanto en el escenario internacional como dentro de la isla.
“Los cubanos intentan que esa resolución cambie muy poco para que no sea difícil convencer a los países de votar”, explicó.
Según el exdiplomático, conservar prácticamente intacto el texto de la resolución facilita las gestiones de la delegación cubana ante los países que tradicionalmente han respaldado la iniciativa.
“Es un show que ellos utilizan como elemento de legitimación y que le venden a los cubanos y a los grupos afines y que sustenta su narrativa de victimización”, afirmó.
Suárez considera que el respaldo internacional a la resolución es presentado por las autoridades cubanas como una victoria política, mientras las dificultades económicas de la población continúan atribuyéndose fundamentalmente al embargo estadounidense.
Desde Washington, la estrategia diplomática de este año busca desplazar parte del debate hacia la situación de los derechos humanos en Cuba, las detenciones de opositores y las restricciones a las libertades fundamentales.
Denuncias sobre la presencia de funcionarios de inteligencia
Uno de los señalamientos más delicados de Suárez es la presunta participación de personas vinculadas a los servicios de inteligencia cubanos dentro de la misión diplomática en Nueva York.
El exfuncionario aseguró haber identificado a individuos cuyas responsabilidades no correspondían a las tareas habituales de una representación ante Naciones Unidas.
“Entiendo que había personas ajenas a la vida administrativa y eran ajenas a la vida diplomática”, relató.
Según su testimonio, algunas de esas personas ejercían funciones de dirección o administración con un nivel de influencia que describió como cercano al del propio embajador.
Suárez también denunció que el aparato de inteligencia cubano mantiene mecanismos de vigilancia sobre integrantes de la comunidad exiliada, incluidas actividades y manifestaciones realizadas en ciudades como Miami.
De acuerdo con su versión, personas vinculadas a las estructuras del régimen documentan protestas, fotografían a participantes y transmiten esa información a los agentes en La Habana.
Antecedentes de acusaciones de espionaje
Las denuncias de Suárez se producen en medio de un largo historial de tensiones entre Estados Unidos y Cuba por presuntas actividades de inteligencia desarrolladas bajo cobertura diplomática.
Desde la década de 1960, Washington ha señalado en diferentes ocasiones a funcionarios cubanos acreditados en territorio estadounidense por actividades incompatibles con sus responsabilidades diplomáticas.
En 1998, tres diplomáticos cubanos fueron obligados a abandonar Estados Unidos en medio de las investigaciones relacionadas con la denominada Red Avispa, una estructura de espionaje cubana que operaba principalmente en el sur de Florida.
Las autoridades estadounidenses también ordenaron en 2003 la expulsión de siete representantes cubanos acreditados ante Naciones Unidas, en el contexto de nuevas acusaciones de actividades incompatibles con su condición diplomática.
El régimen cubano ha rechazado históricamente las acusaciones estadounidenses de espionaje y ha denunciado estas medidas como decisiones de carácter político. Sin embargo, los antecedentes de expulsiones, junto con testimonios de antiguos funcionarios, han mantenido bajo escrutinio las actividades de la representación cubana ante la ONU.
De representar al régimen a protestar contra Díaz-Canel
La trayectoria de Joel Suárez dio un giro después de su salida de Cuba. En septiembre de 2023, el exdiplomático participó en las manifestaciones organizadas en Nueva York contra la visita de Miguel Díaz-Canel a Naciones Unidas.
Las denuncias públicas del exfuncionario provocaron posteriormente una respuesta del diario oficialista Granma, que publicó un artículo firmado por Michel Torres Corona en el que lo calificó de “traidor”.
Suárez interpretó esos ataques como un intento de desacreditarlo públicamente y enviar un mensaje de advertencia a otros funcionarios cubanos que pudieran considerar romper con el régimen.
Mientras Cuba se prepara para una nueva votación en Naciones Unidas, las declaraciones de Suárez vuelven a poner sobre la mesa el papel de la diplomacia cubana, sus mecanismos internos de control y las acusaciones sobre la influencia de los servicios de inteligencia dentro de sus representaciones en el exterior.
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