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¿Por qué las empresas estadounidenses siguen renuentes a invertir en Cuba?


Un hombre conduce un bicitaxi frente a un cartel alusivo al Partido Comunista de Cuba.

La leve apertura a la iniciativa privada en la isla se ve severamente restringida por la ausencia de una verdadera voluntad de reforma que asfixia a los emprendedores y desalienta la inversión.

El Gobierno de Estados Unidos ha cambiado la política hacia Cuba, pero las empresas estadounidenses se muestran renuentes a invertir en la isla, un mercado pequeño que no conocen, con mucha incertidumbre política y, sobre todo, económica. Súmese a ello el embargo.

El resultado es que el gran capital estadounidense sigue sin llegar a Cuba.

Como explica el analista del Instituto Peterson de Washington para la Economía Internacional, Gary Hufbauer, "las empresas estadounidenses están dándose cuenta de que invertir en Cuba es muy difícil", según publica el diario español El Mundo.

Para Samuel George, analista de la Fundación Bertelsmann, "por ahora, Estados Unidos está dando un voto de confianza a las reformas en el país". Y poco más. Las empresas estadounidenses que han anunciado operaciones en la isla son, en su inmensa mayoría, de tres tipos: empresas de viajes, compañías que operan en internet y operadoras de hoteles.

Los dos primeros grupos no necesitan verdaderamente tener infraestructuras físicas o personal en la isla. Ese es el caso de las aerolíneas JetBlue y American Airlines, la de cruceros Carnival, la de alquiler de viviendas Airbnb y la de sistemas de pagos PayPal.

Los hoteles son diferentes. Pero hay que tener en cuenta que ese sector lleva abierto a la inversión extranjera desde hace un cuarto de siglo y tiene un marco legal y unas reglas del juego consolidadas. Pero las cosas son más difíciles de lo que se pretende.

Una reciente encuesta realizada por una de las más prestigiosas compañías de seguros de viaje en el mundo encontró que, a pesar del aparente interés en Cuba como destino, el 70% de los viajeros estadounidenses no tiene planes de visitar la isla por el momento.

La encuesta, realizada por Allianz Global Assistance durante la visita del presidente Barack Obama a Cuba, muestra que ha habido unas exageradas expectativas creadas con respecto al interés de los estadounidenses en visitar la isla.

Los obstáculos mencionados por el 70% que dijeron que no eran propensos a visitar la isla, son parte también de los obstáculos que ven las empresas estadounidenses para invertir en la isla:

Preocupaciones de seguridad (44%), miedo a un Gobierno comunista (15%), falta de información sobre viajes a Cuba (18%), infraestructura de viaje de calidad muy inferior (12%), pobreza de internet y conectividad móvil (7%) y la falta de instalaciones sanitarias adecuadas (6%).

Las fábricas y centros comerciales tendrán que esperar bastante tiempo.

En primer lugar, el embargo prohíbe fabricar en Cuba, aunque Obama, en lo que su asesor para Seguridad Nacional Ben Rhodes califica como "retorcer de forma agresiva la legislación" –en otras palabras, forzarla al máximo–, permite ensamblar en la isla productos. En segundo lugar, por las dificultades logísticas en un país donde las carreteras son muy malas y hay una escasez enorme de medios de transporte.

Lo más probable es que el deshielo entre Washington y La Habana no provoque una catarata de inversiones del gigante del Norte en la isla. Por lo pronto, una parte de las empresas estadounidenses que quieren entrar en la isla simplemente planean operar en pequeños mercados ya existentes pero que hasta ahora les habían estado vetados.

También conspiraría contra las inversiones de los empresarios estadounidenses en Cuba el hecho de que en la isla el marco regulatorio estatista es inconsistente y falto de transparencia, lo que se ha traducido en la creación de una enorme economía sumergida y en la emergencia de una gigantesca corrupción.

El Gobierno socialista, asegura El Mundo, practica un asfixiante control de precios para contener de manera artificial las tensiones inflacionarias y mantiene un tipo de cambio dual que es una fuente de prácticas corruptas.

El sistema financiero está en su totalidad en manos estatales y el crédito para los nuevos emprendedores es inaccesible sin la ayuda de los burócratas. Además, el control político de la justicia impide a ésta jugar papel alguno en la corrección de las desviaciones del sistema.

De momento, Cuba no ha realizado ninguna transformación significativa que altere su sistema económico ni institucional.

En contraste con lo acaecido en China e incluso en Vietnam, que endorsaron la famosa máxima de Deng Xiaoping "hacerse rico es glorioso", el ganar dinero en Cuba se contempla todavía como un crimen execrable y la prosperidad individual es vista con una indisimulada sospecha. Así lo han experimentado en sus propias carnes muchos de los nuevos emprendedores.

En la práctica, la élite compuesta por los militares, los burócratas y dirigentes del partido controla los sectores claves de la economía y es la única que tiene acceso a la riqueza mediante la utilización de los instrumentos puestos a su alcance por el socialismo.

Cuba continúa siendo una economía reprimida por las ineficiencias sistémicas propias de un régimen comunista. La leve apertura a la iniciativa privada se ve severamente restringida por la ausencia de una verdadera voluntad de reforma que asfixia a los emprendedores en las redes de la burocracia y de una fiscalidad confiscatoria, concluye el artículo de El Mundo.

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