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Periodista se queja de reglas en viajes a Cuba


La periodista dice que nunca pensó que su madre y ella tuvieran tanto en común con la cantante Beyoncé y su esposo Jay-Z.

La reportera del New York Times narra su agotadora experiencia como “embajadora pueblo-pueblo” en la isla mientras turistas canadienses y europeos se regodeaban al sol.

Una estadounidense que recientemente viajó con su madre a Cuba como parte de un grupo para promover los contactos “pueblo-pueblo” se quejó de las restricciones que hay en EE.UU. para visitar la isla en comparación con la libertad con que lo hacen otros turistas, como los canadienses y europeos.

En un comentario publicado esta semana, la reportera Joyce Wadler, del diario The New York Times , dice que nunca pensó que su madre y ella tuvieran tanto en común con la cantante Beyoncé y su marido el rapero Jay-Z, quienes también hicieron hace poco una visita a la isla que originó gran controversia.

Wadler le reprocha al gobierno de EE.UU. que sólo otorgue licencias para ir a la isla integrando grupos “pueblo-pueblo que certifiquen que todos los participantes tendrán una programación a tiempo completo de actividades educacionales que darán como resultado una significativa interacción de los viajeros y el pueblo de Cuba”.

La reportera subraya que su idea, en cambio, de un significativo intercambio con el pueblo de la isla sería: “Entrar a un bar, comprar a la gente un trago, que ésta le compre otro a uno. Entonces escuchar a la gente tocar jazz cubano. Y luego si se tiene suerte, bailar con una persona”.

Aunque Wadler dice haber estado decidida a ser una “buena embajadora pueblo-pueblo”, y llevó a Cuba entre otras cosas tres hermosas pelotas de balompié para un orfanato, como parte de los regalos que el folleto de guía de viajes sugiere llevar cuando se va a la isla, señala en su comentario que de cualquier manera ella quería “ir de vacaciones”.

En virtud de que la gira dejaba a los viajeros la mayor parte de las noches libres pensó que podría aprovecharlas todas. Pero “el problema fue –señala-- que los días estaban tan repletos de actividades educacionales que cuando llegaba la noche me sentía demasiado exhausta para salir y divertirme”.

Hubo visitas, entre otras, precisa, a casas-estudios de artistas; a un espectáculo de danza flamenca de la obra “Carmen”; también una comida con artistas en un centro de arte, y la actuación de una banda de jazz cubano en el salón de un hotel.

El momento cumbre según ella llegó cuando uno de los últimos días en la isla fueron a la playa de Varadero. “Finalmente el sol brillaba--dice--. El moderno hotel, que cuesta el equivalente de unos $45 dólares diarios, estaba lleno de canadienses, británicos y europeos sin una pizca de conciencia social, soleándose como gordas y felices focas”.

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