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Economista desmonta la "bonanza" económica pregonada por el régimen de Ortega

En San Juan de Oriente, Nicaragua, un camión con un cartel del matrimonio Ortega Murillo. REUTERS/Maynor Valenzuela
En San Juan de Oriente, Nicaragua, un camión con un cartel del matrimonio Ortega Murillo. REUTERS/Maynor Valenzuela

El economista Marco Aurelio Peña cuestiona que los indicadores difundidos por el régimen Ortega Murillo no reflejan el verdadero impacto en los hogares, donde los salarios se evaporan ante el alza sostenida de la canasta básica y el desempleo encubierto distorsiona la percepción de bienestar.

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Recientemente, el Banco Central de Nicaragua (BCN) celebró que la agencia calificadora de riesgo Fitch Ratings “ratificó” la calificación de crédito del Gobierno de Nicaragua en ‘B’, con perspectiva estable, lo que proyectó al país centroamericano como uno de los más saludables a nivel macroeconómico de la región.

El BCN presumió en un comunicado que “la agencia calificadora destacó que Nicaragua registró en 2025 un superávit fiscal récord de 3,5 % del producto interior bruto (PIB), impulsado por una sólida recaudación tributaria y una adecuada gestión de las finanzas públicas”.

Sin embargo, hay un “espejismo” en la bonanza económica pregonada por el régimen de los Ortega Murillo, pues según explicó a Martí Noticias el economista Marco Aurelio Peña “no hay ninguna novedad en estos datos porque justamente esa información reflejada por Fitch Ratings la toma del Banco Central de Nicaragua”.

“Fitch Ratings no tiene acceso a otra información que no sean las mismas cifras oficiales, es decir, las mismas cifras alegres que apuntan a una macroeconomía del espejismo que nos hacer ver como Suiza, Noruega o Uruguay y no ofrecen una mirada realista a la economía de las personas de las familias y de las comunidades”, señala Peña.

En parte, algunos datos favorables responden al “efecto rebote tras la recuperación económica de las economías centroamericanas al salir de la pandemia”, la estimación que esta agencia calificadora de riesgo publica “parte de un análisis estático, insuficiente, parcial y de corto plazo porque pasa por alto que según el último informe de Transparencia Internacional Nicaragua está posicionada entre los 8 peores países con percepción de corrupción en el mundo junto a Venezuela en la región de América Latina”, dijo el experto.

Peña recordó que “Nicaragua lleva 12 años estancada según el Índice de progreso social publicado por Social Progress Imperative y de acuerdo con el Índice de Libertad Económica, elaborado por la Fundación Heritage de EE.UU. Nicaragua aparece muy mal calificada en indicadores tales como derechos de propiedad y el sistema legal lo que no la hace atractiva para los inversionistas extranjeros que están prefiriendo otros países en Centroamérica”.

El economista, que recientemente ha publicado un análisis titulado “Economía del malestar: Malestar económico y entorno institucional deficiente en el contexto autocrático en Nicaragua (2023–2025)”, agregó que Nicaragua, junto con Cuba y Venezuela, aparece citado en el índice de calidad institucional elaborado por la Red Liberal de América Latina como uno de los peores países con instituciones políticas y “cuando tú tienes un entorno institucional deficiente no tienes un buen clima para la inversión, pero increíblemente esas cosas no aparecen advertidas por Fitch Ratings”.

La “evaporación” de los salarios

En el informe Economía del malestar, Peña señala la “evaporación” de los salarios ante el incremento sostenido al costo total de la canasta básica. La “trampa” del desempleo encubierto y la baja inversión extranjera directa que no está creando suficientes trabajos.

“Para la dictadura, el desempleo no es un problema y no lo ha sido desde hace muchos años porque según ellos hay pleno empleo. De acuerdo con la cifra oficial, el 97% de las personas de Nicaragua están ocupadas, pero esta cifra es muy cuestionable” apuntó Peña.

El economista, también director ejecutivo de la ONG Iniciativa Puentes por los Estudiantes de Nicaragua (IPEN), explicó que “cuando un encuestador del régimen pasa levantando información y le pregunta a una persona si está trabajando y éste le dice que en los últimos días hizo el jardín durante seis horas entonces lo cuantifican como una persona ocupada y esto en realidad es un empleo precario o un empleo informal”.

“No hay protección social, esa persona nos está cotizando. En ningún otro país el subempleo se suma la estadística de empleo. Por eso yo hablo de una trampa, la del desempleo encubierto por el alto grado de la informalidad y por el subempleo” subraya Peña.

Por otro lado, el economista destacó que “el incremento progresivo del costo total de la canasta básica se evidencia en la evaporación de los ingresos reales” y recordó que “a 2026 la canasta básica está superando los 21.000 córdobas, aproximadamente 575 dólares”, sin embargo, detalló que ninguno de los salarios oficiales de referencia supera los 14.000 córdobas.

En términos cualitativos, Peña se cuestionó que cómo es posible que en un país productor neto lo que más se encarezca sean los alimentos. “El 71% del costo de la canasta básica lo constituye el componente de alimentos y esto obviamente genera disparidades porque no es lo mismo la economía de los centros urbanos que la de las zonas rurales donde los ingresos van disminuyendo y donde los empleos son más precarios”.

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