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Drones ucranianos estremecen simbólico desfile de Putin en Moscú

Putin, asiste a un desfile militar con motivo del Día de la Victoria, en la Plaza Roja, en el centro de Moscú, Rusia, el 9 de mayo de 2026. Sputnik/Vyacheslav Prokofyev/Pool vía REUTERS.
Putin, asiste a un desfile militar con motivo del Día de la Victoria, en la Plaza Roja, en el centro de Moscú, Rusia, el 9 de mayo de 2026. Sputnik/Vyacheslav Prokofyev/Pool vía REUTERS.

Sumario

  • En 2026, la guerra entre Rusia y Ucrania ha evolucionado hacia un frente digital, con Ucrania utilizando drones de largo alcance para atacar infraestructura crítica y forzar apagones de internet móvil en regiones rusas.
  • El Kremlin responde con medidas drásticas como interferencia GPS, restricciones de comunicaciones y cierres de aeropuertos.
  • Durante el Día de la Victoria, mediado por alto el fuego temporal impulsado por Trump, Rusia reforzó la seguridad en Moscú, mientras Zelenskyy ironizó con un decreto simbólico autorizando el desfile.

Inicialmente, los drones eran herramientas tácticas de guerra. Hoy son el núcleo de una estrategia destinada a interrumpir la logística rusa, dañar la infraestructura petrolera, presionar la economía, saturar las defensas aéreas y debilitar la narrativa del Kremlin sobre seguridad y control.

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La guerra entre Rusia y Ucrania ha entrado en una nueva e inesperada fase. Más allá de las trincheras, los misiles y las oleadas de drones, ha surgido silenciosamente otro campo de batalla, no menos decisivo: la infraestructura digital de la propia Federación Rusa.

En este 2026, los ataques ucranianos con drones de largo alcance no solo golpean refinerías de petróleo, instalaciones militares y centros de transporte en el interior de Rusia. También están obligando al Kremlin a desconectar parcialmente a su propia sociedad de Internet.

Regiones enteras de Rusia experimentan apagones de internet móvil..

Lo que hace pocos años parecía impensable en una nación altamente dependiente de la tecnología se ha convertido en algo rutinario. Regiones enteras de Rusia experimentan apagones de Internet móvil, interrupciones del GPS, bloqueos de comunicaciones y restricciones digitales temporales, todo ello justificado por Moscú como medidas defensivas necesarias frente a los drones ucranianos.

La estrategia de drones de Ucrania en 2026 representa una evolución importante respecto a las primeras etapas de la guerra.

Inicialmente, los drones eran herramientas tácticas empleadas cerca del frente para reconocimiento y corrección de artillería. Hoy constituyen el núcleo de una amplia campaña estratégica destinada a interrumpir la logística rusa, dañar la infraestructura petrolera, presionar la economía, saturar las defensas aéreas y, en especial, debilitar la narrativa del Kremlin sobre seguridad y control.

Para ello, Kyiv depende cada vez más de drones de ataque de largo alcance, sistemas FPV, drones marítimos, inteligencia artificial aplicada a la selección de objetivos y ataques masivos de bajo costo capaces de penetrar profundamente en territorio ruso. La lógica es clara: Ucrania no puede competir con Rusia únicamente mediante superioridad convencional. Por ello busca imponer costos desproporcionados mediante tecnología, innovación y guerra asimétrica.

Los drones ucranianos han atacado aeropuertos cercanos a Moscú, depósitos de combustible, instalaciones militares-industriales, estaciones de radar e incluso activos navales situados a miles de kilómetros del frente.

El impacto psicológico dentro de Rusia se ha vuelto casi tan importante como la destrucción física.

El impacto psicológico dentro de Rusia se ha vuelto casi tan importante como la destrucción física. Uno de los acontecimientos más notables del último año es que los drones ucranianos aprovechan cada vez más los mismos sistemas tecnológicos de los cuales depende la sociedad rusa moderna. Muchos drones utilizan navegación satelital, comunicaciones móviles, telemetría y redes celulares para perfeccionar la navegación y la selección de objetivos. Todo esto crea un dilema para Moscú. Mientras más conectada permanezca Rusia, más fácil resulta para los drones ucranianos operar con precisión dentro del territorio ruso. Sin embargo, desconectar el país impone enormes costos económicos y políticos al propio Kremlin.

La respuesta rusa ha sido cada vez más drástica: en Moscú apagan internet móvil, interfieren señales GPS, restringen aplicaciones de mensajería, alteran las telecomunicaciones y activan controles digitales de emergencia durante alertas de drones.

Lo que comenzó como medidas aisladas cerca de la frontera ucraniana se ha expandido hacia restricciones de gran escala que afectan incluso a importantes centros urbanos como Moscú.

El ministro de Defensa de Rusia, Andrei Belousov, en el desfile militar en la Plaza Roja, en el centro de Moscú, Rusia, el 9 de mayo de 2026. Sputnik/Vyacheslav Prokofyev/Pool vía REUTERS
El ministro de Defensa de Rusia, Andrei Belousov, en el desfile militar en la Plaza Roja, en el centro de Moscú, Rusia, el 9 de mayo de 2026. Sputnik/Vyacheslav Prokofyev/Pool vía REUTERS


El Día de la Victoria y la mediación de Trump

El símbolo más claro de esta nueva realidad surgió durante los preparativos del Día de la Victoria, celebrado este 9 de mayo de 2026. Tradicionalmente, esta fecha representa una de las ceremonias políticas más importantes del Kremlin, diseñada para proyectar poderío militar. Sin embargo, este año el ambiente reflejaba más ansiedad que confianza.

El alto al fuego temporal de tres días entre Rusia y Ucrania, promovido con la mediación del presidente Donald Trump, permitió a los rusos desfilar sin tener que mirar constantemente al cielo. La tregua incluyó una suspensión limitada de las operaciones militares y un importante intercambio de prisioneros entre ambas partes, considerado uno de los mayores desde el inicio del conflicto.

A pesar de más de cuatro años de guerra en Ucrania, los ucranianos no han perdido el humor, a pesar de la adversidad. El presidente Volodymyr Zelenskyy volvió a burlarse políticamente del Kremlin al firmar el decreto presidencial Nº 374/2026 , mediante el cual “autorizó” de forma simbólica la realización del desfile del Día de la Victoria en Moscú el 9 de mayo.

El documento incluso excluía el área de la Plaza Roja de posibles operaciones militares ucranianas durante el evento, en una clara ironía dirigida a Rusia, que previamente había solicitado garantías de seguridad y declarado un alto el fuego temporal para las celebraciones.

De todos modos, las autoridades rusas ya habían desconectado parcialmente Internet móvil en Moscú, cerrado aeropuertos, desplegado intensas defensas anti drones y reforzado la seguridad alrededor de la Plaza Roja.

Diversos informes señalaron que francotiradores fueron ubicados en azoteas, se instalaron ametralladoras cerca de edificios gubernamentales y parte del equipamiento militar fue retirado de la exhibición pública por temor a ataques ucranianos.

Por primera vez en décadas, la capital rusa parecía vulnerable no ante una invasión convencional o una confrontación nuclear, sino frente a sistemas no tripulados relativamente baratos, producidos en talleres y fábricas descentralizadas.

Los apagones de Internet revelan una transformación más amplia en la naturaleza de la guerra moderna. Las guerras tradicionales apuntaban a territorios, ejércitos y capacidad industrial. Los conflictos actuales atacan cada vez más los sistemas de información, la infraestructura digital y la conectividad civil.

Estos apagones rusos demuestran cómo las redes de telecomunicaciones, los sistemas GPS, la logística basada en la nube y la infraestructura digital civil se han convertido en espacios militarizados.

El Kremlin enfrenta ahora una paradoja compartida por muchas sociedades tecnológicamente avanzadas: las economías modernas necesitan conectividad constante, pero esa misma conectividad crea vulnerabilidades explotables por enemigos que emplean sistemas autónomos.

Como resultado, Rusia intenta defenderse desconectándose parcialmente de sí misma. Esta estrategia tiene enormes consecuencias para la población. En varias regiones rusas, ciudadanos reportan fallos en sistemas de pago electrónico, interrupciones en servicios de taxis y entregas, bloqueo de aplicaciones de mensajería, navegación inestable, problemas bancarios y constantes retrasos aeroportuarios.

En algunas zonas, los ciudadanos han vuelto temporalmente al uso de efectivo y métodos de navegación offline. Los costos económicos continúan creciendo. Junto a los apagones digitales, Rusia ha expandido una de las mayores campañas de guerra electrónica de la historia moderna. Las fuerzas rusas utilizan intensamente interferencia GPS, falsificación de señales, supresión de radiofrecuencias y sistemas electrónicos antidrones.

Una imagen satelital de la estación de bombeo de petróleo tras un ataque con drones ucranianos, en Perm, Rusia, el 7 de mayo de 2026. UNIÓN EUROPEA/COPERNICUS SENTINEL-2/Material cedido vía REUTERS
Una imagen satelital de la estación de bombeo de petróleo tras un ataque con drones ucranianos, en Perm, Rusia, el 7 de mayo de 2026. UNIÓN EUROPEA/COPERNICUS SENTINEL-2/Material cedido vía REUTERS

Sin embargo, Ucrania continúa adaptándose. Kyiv despliega cada vez más drones de fibra óptica inmunes a interferencias, sistemas de navegación autónoma, inteligencia artificial aplicada a objetivos y perfiles de vuelo adaptativos diseñados para evadir las defensas rusas. El resultado es una acelerada carrera tecnológica en la que los ciclos de innovación ya no tardan años, sino semanas.

Muchos analistas comparan esta transformación con el surgimiento de la guerra blindada durante la Primera Guerra Mundial o el desarrollo del poder aéreo estratégico en la Segunda Guerra Mundial. Pero, a diferencia de aquellas épocas, el campo de batalla actual se extiende directamente hacia la vida digital de los civiles.

En última instancia, el conflicto entre Ucrania y Rusia se está convirtiendo en algo más que una confrontación militar. Es ahora una guerra de drones, una guerra industrial, una guerra cibernética y una competencia por la resiliencia nacional.

Ucrania intenta compensar la superioridad rusa en personal y capacidad industrial mediante precisión tecnológica y presión asimétrica. Rusia, por su parte, busca absorber daños mientras busca la producción masiva y el control estatal.

Los apagones de Internet muestran hasta qué punto esta guerra está transformando la estructura misma de la sociedad rusa. Las medidas defensivas del Kremlin pueden ralentizar temporalmente los drones ucranianos, pero también exponen una verdad incómoda: cuanto más moderna e interconectada es una sociedad, más vulnerable puede volverse en la era de la guerra autónoma.

La guerra en Ucrania no solo está cambiando la doctrina militar. Está redefiniendo la relación entre tecnología, seguridad y libertad en el siglo XXI.

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    Alvaro Alba

    Álvaro Alba. Subdirector de la Oficina de Transmisiones a Cuba (OCB). Historiador y periodista especializado en temas de Europa del Este y la ex Unión Soviética. Máster en Historia por la Universidad Estatal de Odesa, Ucrania. Premio Emmy 2017 (Emmy Award) en la categoría de Documental Histórico y Premio David Burke a la excelencia periodística de USAGM (2020). Desde 1998 trabaja en OCB. Es frecuente panelista en programas de radio y televisión sobre esos temas. 
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