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El dopaje como trampa rusa en manos de la KGB


Caricatura de Kisto/RFE/RL

Con la llegada de la Guerra Fría 2.0, en el Kremlin se tomaron a pecho el dominar en los Juegos Olímpicos, campeonatos mundiales, copas europeas y cuanto evento deportivo (profesional o amateur) se realice.

Durante los XXII Juegos Olímicos de Invierno, en Sochi, la trampa funcionaba como un reloj suizo, dijo a la prensa internacional el ex director del Laboratorio Antidopaje de Rusia Gregori Rodshenko. Explicó que mientras se felicitaba a los campeones, en el laboratorio se cambian las muestras de orina de los medallistas, para que no apareciera rastros del dopaje.

Rodchenkov confesó que este fue el plan de dopaje más inteligente y exitoso en la historia deportiva. En Sochi 2014 Rusia estuvo en el primer lugar en el medallero con 13 medallas de oro, 11 de plata y 9 de bronce.

Guerra Fría y Guerra Fría 2.0

Durante la Guerra Fría, los deportistas de Europa del Este, URSS y Cuba usaban el podio (olímpico, mundial, europeo o panamericano) como pedestal ideológico. En Cuba, las medallas (sin importar el color) o el triunfo se lo dedicaban a Fidel Castro.

Durante la Guerra Fría los deportistas de Europa del Este, URSS o Cuba usaban el podio (olímpico, mundial, europeo o panamericano) como pedestal ideológico.

La RDA (República Democrática Alemana) era el laboratorio perfecto del dopaje. Se calcula que unos 10.000 atletas fueron sometidos a un programa de dopaje que les permitió a los germanos comunistas ubicarse en el segundo o tercer lugar tras la URSS y EEUU. Dominaban en natación y les llovían las medallas en atletismo. En 1976, cuando las nadadoras estadounidenses manifestaron que el manantial de medallas de las alemanas era debido a los esteroides, la prensa las calificó de lloronas. Sobre el metal de voz masculino de las campeonas, uno de los funcionarios deportivos de la RDA dijo la famosa frase de “ellas vienen a nadar, no o cantar”. Con el tiempo se supo que Kornelia Ender, la estrella nadadora de Alemania del Este, usaba “inyecciones contra la fatiga”.

Con la llegada de la Guerra Fría 2.0, en el Kremlin se tomaron a pecho el dominar en los Juegos Olímpicos, campeonatos mundiales, copas europeas y cuanto evento deportivo (profesional o amateur) se realice. El mismo Putin viajó a Guatemala en el 2007 para asegurarse la sede de las Olimpíadas de Invierno en Sochi-2014. Lograron la sede del Campeonato Mundial de Natación en el 2015, y el de Hockey sobre hielo en el 2016. Para el 2018 tienen la sede de la Copa Mundial de Fútbol.

Al laboratorio de Moscú llegaron los agentes del FSB (Servicio Federal de Seguridad de Rusia, heredera del KGB) en el otoño del 2013, con meses de antelación a las Olimpiadas de Invierno, contó el funcionario ruso. Durante los juegos, el FSB mandaba cada día la lista de los atletas a los que había que cambiarle el análisis de orina.

uno de los funcionaros deportivos de la RDA dijo la famosa frase de “ellas vienen a nadar, no o cantar”.

Rodchenko, químico de profesión, atleta de campo y pista, trabajó en laboratorios antidopaje de 1985 a 1994 en Moscú, y un año en el de Canadá. Integró la delegación soviética a las olimpíadas de Seúl. Cuando la Agencia Mundial Antidopaje (AMA) declaró las irregularidades del laboratorio moscovita en noviembre del 2015, el funcionario se retiró “por deseo propio”; luego partió a EEUU en enero del 2016. En la prensa germana y americana se ha explicado el truco ruso con la orina de los deportistas. Ahora, el Comité de Investigaciones de Rusia le ha presentado cargos por “abuso de poder” y podría pedir su extradición al país.

A una manera muy soviética, dos colegas de Rodchenkov que quedaron en Rusia fallecieron de manera sorpresiva en febrero pasado, con pocas semanas de diferencia.

La Agencia Mundial Antidopaje estudia la posibilidad de que Rusia sea excluida de los Juegos de Río, si se confirman las acusaciones de dopaje de estado para los Juegos de invierno que tuvieron lugar en Sochi.

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    Álvaro Alba

    Historiador y periodista especializado en temas de Europa del Este y la ex Unión Soviética. Máster en Historia por la Universidad Estatal de Odesa, Ucrania. Premio Emmy 2017 (Emmy Award) en la categoría de Documental Histórico.

    Ha publicado en ABC, Diario de Las Américas, El Nuevo Herald, entre otros. Actualmente trabaja en MartiNoticias.com. Autor de Castro y Stalin, almas gemelas (2002); En la pupila del Kremlin (2011) y Rusia: la herencia del estalinismo (2012). Es Asociado Principal de Investigación (Senior Research Associate) del Centro de Estudios Cubanos (Cuban Studies Institute CSI) de Miami y miembro de la Asociación para Estudios Eslavos y del Este de Europa (ASEEES).

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