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El Diablo bajó en Atlapa


Miembro de la Guardia Nacional Bolivariana ordena objetos en requisa efectuada en Táchira
Miembro de la Guardia Nacional Bolivariana ordena objetos en requisa efectuada en Táchira

El régimen castrista aprovechó para mostrar el rostro de la "familia", incluido el brazo fuerte de las turbas rompe-foros.

"Estaba buscando un alma que robar. Estaba apurado porque se encontraba bien retrasado y estaba dispuesto a hacer un trato". Tal y como sentencia la mítica canción country norteamericana, Raúl Castro llegó a la Cumbre de las Américas a "tocar el violín", frase que en el lenguaje popular cubano significa "rehuir una pelea", frente a los Estados Unidos. Tocó, como dice el clásico de Charlie Daniels, acompañado de una banda de demonios entre los que se contaban su hijo, su nieto, su asesor de "cultura" Abel Prieto, y un escritor venido a menos que obra a gritos, en la persona de Miguel Barnet.

Sin embargo, a muchos no les agradó su tonada y, al igual que en la canción, perdió su duelo de violines con el representante de Norteamérica, en este caso no un muchacho de Georgia sino un Presidente de la raza negra. Barack Obama bajó en Atlapa con su propio carro presidencial, apodado "El Diablo", que se convirtió en el fenómeno más comentado de la Cumbre con su mística de "presidenmóvil". Un fenómeno altamente mediático para una reunión que estuvo como sus predecesoras mayormente orientada hacia los medios de prensa.

Las pruebas saltan a la vista. No se llegó a un consenso ni tan siquiera para emitir una declaración final de cancilleres, los foros de sociedad civil fueron boicoteados de forma grotesca y violenta. Ningún mandatario en funciones hizo mención pública y directa de estos eventos, los más sonados de la Cumbre, puesto que su interés está enfocado allende los mares turbulentos de la reunión en sí. Los encuentros bilaterales Obama-Castro-Maduro no añadieron acuerdos de ninguna clase, y lo más concreto ocurrió fuera del cónclave, con el acuerdo entre Copa Airlines y la Boeing. A volar todo el mundo.

El Régimen castrista aprovechó para mostrar el rostro de la "familia", incluido el brazo fuerte de las turbas rompe-foros. La jugada le salió mal en términos publicitarios a nivel de actores de sociedad civil y pueblo panameño, pero la visión del poder del Raulismo no es la populista y trascendental del Fidelismo. Su mensaje en este caso va dirigido hacia la población dentro de la Isla, en el sentido de que como buenos mafiosos, "pueden golpear dondequiera".

Es iluso pensar que el régimen no calculó el costo-beneficio de estas acciones. Por otra parte hay aquí, además, una reformulación de su chantaje a los Gobiernos de América Latina fundamentalmente. No tengo guerrillas, pero tengo mi sociedad "incivil" con sus aliados locales que pueden causar problemas, si no se me reconoce como la única fuente de representación nacional. La familia reclamando su territorio. En definitiva, con golpizas y todo, el General en Jefe, su hijo el Coronel y su nieto, tuvieron su reunión y su foto, todo lo que esperaban y todo lo que podía dar dicha Cumbre. En la visión elitista del poder, algunas que otras golpizas no son más que "daño colateral", una tortilla que los presidentes comen sin preguntar qué huevos se rompieron para cocerla.

Se ha dicho desde todos los ángulos que habrá un antes y después de esta Cumbre, una frase un poco pueril y desgastada, teniendo en cuenta que para cada acontecimiento, siempre hay un antes y un después, sobre todo en fenómenos políticos y sociales. Cada instante cuenta, pero es la suma de todos la que importa, especialmente en un caso como el de Cuba donde lo que se juega es la aceptación de un status quo que, lejos de representar un paso hacia adelante, intenta retrotraer la historia a la época de las dinastías dictatoriales estilo "Papa Doc" y "Baby Doc" Duvalier.

"Pasó la cumbre y pasó", como diría mi madre parafraseando a Rubén Darío, "un águila sobre el mar". Rauda y veloz en busca de su presa porque si se detiene, cae al mar y se ahoga. Esta metáfora le viene al dedillo al cónclave de Panamá porque en realidad ahí no pasa nada, el objetivo está mucho más lejos de los apretones de manos, las fotos presidenciales de familia y hasta de las agresiones de las turbas castristas y chavistas.

Pero también tuvo su reunión y su foto la sociedad civil cubana, a quien le queda ahora capitalizar su momentum dentro de Cuba con acciones concretas y no contagiarse de la "documentitis" y "eventitis", saltando de foro en foro y proclama en proclama. La clave consiste ahora en no perder de vista el objetivo, que está dentro de Cuba, y no infatuarse con escenarios fuera de la Isla dominados por élites ajenas a los intereses del pueblo cubano.

El reto para la sociedad civil cubana es mantener su ojo avizor porque para ser quien es, el águila no caza moscas, como sentencia la máxima latina. El régimen demostró en Panamá que rehúye la pelea con Estados Unidos, pero mantiene con toda su fuerza la guerra contra el pueblo cubano. La oposición no tiene tiempo ni espacio para tocar el violín.

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